• Bendita Inocencia...

       Míara observaba toda la situación espantada. Escuchaba los frenéticos alaridos de Damon por la incansable paliza que le estaba sometiendo el anciano. La niña, cada vez apuntaba con más frialdad su frente, y estaba convencida que ningún diálogo iba a ser suficiente para que la joven cambiara de opinión y les ayudasen. Así que con la rapidez natural que padecen los vampiros, Míara levantó su pierna fugazmente, dándole una patada a la niña, haciendo que ésta cayese y su arma se perdiese debajo de un electrodoméstico moribundo que se encontraba detrás de ella. Luego, se echó con todas sus fuerzas hacia atrás, provocándole un duro golpe en las piernas al anciano. Éste, muerto de dolor, se desvaneció en el suelo. Un golpe seco sobre el borde de una barra de metal fue suficiente para que el hombre perdiese el control de su consciencia. Míara astuta, consiguió coger las tijeras que antes había utilizado el anciano, y con firmeza pudo quitarse los amarres que la tenían presa. Se puso en pie y soltó a su compañero que se encontraba malherido.
       -No te preocupes, ya estás a salvo. Saldremos de aquí y buscaremos refugio en cualquier otro lugar -comentó la vampira. Le ayudo a incorporarse y miró a la niña que se situaba en un rincón atemorizada por lo que podría pasarle. Míara se acercó a ella-. Ven con nosotros, aquí corres peligro. No te haremos daño -sentía una pena horrible por la situación de la joven.
       Ella la miró con ojos perdidos.
       -Antes preferiría convertirme en un licántropo que ir al lado de una vampira traidora -le contestó fríamente a su propuesta.
       Míara apenada se hizo hacia atrás y, junto a Damon fue hacia la salida de la casa. En un hueco al lado de la puerta estaban sus armas. Se las colocaron y salieron al exterior. Vieron que los licántropos dormían tranquilamente. Y un rastro de sangre dejaba un camino hacia un subterráneo que estaba abierto, alojado al lado de la segunda casa. Parecía que las bestias ya habían comido y estaban en la fase de digestión.
       -Intentaremos no hacer ruido, cualquier mínimo sonido les podría despertar y no estamos en condiciones para enfrentarnos a ellos -le propuso en bajo a Damon.
       Él asintió. Sabía perfectamente el peligro que corrían.
       Cuando ya habían recorrido la mitad del jardín, decorado con una espesa niebla que aún no había disipado, una extraña melodía espantó al silencio. Míara fijó su vista en dirección a donde provenía la dichosa sinfonía y vio con temor como la niña, maldita por la frialdad, estaba tocando un tema bastante sonoro con una flauta. Los licántropos empezaron a despertarse. Míara y Damon se quedaron quietos sin saber qué hacer. La cría tenía claro que no quería que saliesen con vida.
  • 2 comentarios:

    1. Lo tienen complicado para abandonar la casa sin matar a alguno de sus enemigos.

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