• Bienvenidos, amigos...

        Un hombre anciano con un bastón de madera, bastante deteriorado y que decoraba uno de sus ojos con un parche negro, era el responsable de los turbulentos golpes en el suelo de la primera casa que se apreciaba entre la niebla. Junto a él, una niña con una edad comprendida entre los once o trece años, apuntaba con frialdad, no a los licántropos sino a Damon y compañía. Él ante la mirada seria de la joven, bajó su arco y subió un brazo presenciando estado de paz. El hombre mayor que propinaba con fuerza su bastón, dejó de hacerlo cuando vio que los hombres lobos habían acatado su orden y terminaron por recostarse sobre la hierba fría. Bajó las escaleras con cuidado y se acercó a los desconocidos visitantes.  Cuando se posicionó cerca de Damon, le observó con atención, con su único ojo visible. Luego se acercó a la vampira y también la inspeccionó. Al ver que no parecían asesinos, se confió y les dio la espalda -siendo resguardada por la niña- que no sentía ningún temor si tuviese que utilizar su arma. Una vez que el hombre se puso a su altura, quiso hacerles unas preguntas a los forasteros.
        -¿Quiénes sois? ¿Y por qué estáis aquí?
        Damon se adelantó a la vampira.
        -Sólo buscábamos un lugar donde pasar la noche. A la amanecida nos largaremos y no volveréis a saber nada más de nosotros -explicó sus intenciones haciendo un gesto con la cabeza.
        -Te has saltado una pregunta -contestó el anciano, bastante serio-. Aún no me has dicho quiénes sois.
        Damon echó una mirada a Míara. En pocos segundos, volvió a mirar al hombre.
        -Somos personas... Como ustedes, que lo único que queremos es tener un lugar donde descansar. Ya lo he dicho antes, a la amanecida nos marcharemos.
        El anciano le miró con seriedad. Mantuvo el silencio un instante y después le dijo algo al oído a la niña. Ésta con mirada de ira, bajó el arma y se la colocó en el pantalón.
        -Está bien, podéis pasar... Pero, sólo por esta noche.
        Damon afirmó con la cabeza y se adelantó en subir la escalera. Míara le siguió y sintió un tenebroso escalofrío cuando pasó al lado de la niña. Ambas se miraron, pero la joven lo hizo con una expresión escalofriante. Cuando el hombre mayor abrió la puerta de entrada de la casa, un ardor horrible salió de ella. Míara se echó hacia atrás, tapándose la nariz y chocó con alguien. La niña estaba a su espalda y la miró fijamente.
        -Perdón... -se disculpó Míara.
        Ella no contestó.
        Cuando le tocó entrar, después de Damon, su intuición de vampira le hizo escoger la observación por un momento. Nada más pasar la puerta de madera, unas manchas de color rojo -formando las huellas de unas manos- se apreciaban en ella. Damon y Míara se miraron, presintiendo una mala sensación en sus cuerpos.
        -Bienvenidos a mi humilde morada -presentó su hogar el anciano, volviéndose hacia ellos, mostrando en su cara una sonrisa maligna.
        Atrás, el ruido de una puerta al cerrarse se escuchó.
  • 7 comentarios:

    1. ¿Y este anciano? ¿Y esta niña? ¡Conviven con los licántropos y hasta los comandan!

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    2. Buff, estos tienen mucho misterio oculto tras sus rostros. ¡¡Ya verás!! No te quiero desverlar nada. ¡¡Saludos!! ;)

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    3. Cielos, pero que niña... Y que tenebroso lugar. El viejo no me inspira confianza.

      Besos

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      1. Mucho misterio ronda este capítulo. En el siguiente sabrás más cosillas :)

        ¡¡Saludos!!

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    4. Que interesante. Estoy deseando ya saber que esconde esa casa y sus dueños.

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      1. Espero que todo este misterio sobre sus dueños te haga sorprenderte cuando descubras de quiénes se trata ;)

        ¡¡Saludos!!

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    5. Mmm si Míara intuyo algo malo es porque ,esas personas no traen nada bueno

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