• El Juego Acaba de Empezar

       La noche estremecida por el irritante sonido que emprendía por la vieja flauta, alteraba los aullidos de los licántropos. Un buen grupo de fieras rodeaban en círculo a Damon y Míara. Ambos observaban la escena con miedo porque no estaban en condiciones para enfrentarse a una brutal batalla. La vampira a medida que se acercaban, dejaba mostrar sus afilados colmillos relucientes ante la luna llena. Sería una pena tener que hacerles daño, pero no quedaba otra opción, pensó. Mientras avanzaban lentamente, con la confianza suficiente de que el postre estaba asegurado, la niña dejó de tocar el estropeado instrumento para relajarse en una de las sillas que tenía cerca y ver como transcurría toda la acción. Damon sacó de su interior toda su fuerza y, junto a Míara, iniciaron una dura lucha contra los Licántropos. Uno de ellos se tiró con una furia incontrolada sobre el humano para comérselo de un bocado. En cortas distancias su cuchillo de plata era lo único que le salvaba. Lo sacó de su cintura y su afilada hoja punzante fue a para al cuello del hombre lobo, obteniendo un alarido de dolor, siendo más tarde cuando terminó su sufrimiento. Tanto Míara como Damon se enfrentaban a los licántropos de una forma espectacular. La niña observaba la situación con temor porque, poco a poco, iban cayendo sus guardianes. Cuando vio que en la lucha el humano y la vampira ganaban terreno a los hombres lobos, abandonó su asiento y echó a correr perdiéndose entre la maleza del bosque que había justo detrás del trío de casas. Damon no quería que se le escapase la niña y fue tras ella, dejando a Míara acabar con los pocos licántropos que faltaban por derrotar.

       Las piernas no les funcionaban como antes de que le diera la paliza pero aún así veía con claridad a la niña. Intentaba distraerle, escabulléndose entre ramas y escondiéndose bajo las tenebrosas cuevas que formaban las enormes raíces de los árboles. El cansancio fue abatiendo el cuerpo de la joven hasta que se desvaneció próximo a un charco de agua. Su pelo fue bañado por el barro que se había formado al mezclarse con la lluvia. Y en su último aliento, vio como se mezclaban los colores agrios de la penumbra hasta quedar en una inconsciencia. Lo último que escuchó fue los pasos de alguien acercándose. Damon la miraba con rabia y a la misma vez con ternura. La que intentó matarle estaba indefensa frente a él, pero nunca antes le había costado tanto decidir qué hacer cuando estás tan cerca de quién estuvo a punto de arrebatarte la vida. Con su arco le apuntó y en su cara inocente vio algo que hizo estremecer su corazón.
  • 2 comentarios:

    1. Al final, no lo han dudado un instante. Han matado a los hombres-lobo sin pensarselo. Creí que por lo menos Míara no lo haría. Pero eran unos u otros. Algun grupo debía morir.

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      1. A veces en las decisiones más difíciles eliges lo que es más prioritario para ti. Míara no tuvo otra opción.

        ¡¡Feliz día!!

        Saludos ;)

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