El Pueblo Ha Hablado

    Todos los habitantes del pueblo estaban ahí, apuntando con sus armas al licántropo arropado por la vampira. Nadie entendía cómo un humano podía tener compasión por un monstruo asesino de hombres. Miraban a la vampira con pena y, a la misma vez, con rabia. Nadie tenía el derecho de proteger a un hombre lobo.
    -Quítate de en medio -expuso sin dejar de apuntar con su arma un hombre de mediana edad y con barriga apocalíptica.
    -Nadie más tiene que morir -le contestó ella, abrazando con más entusiasmo al licántropo.
    -Esa criatura es una bestia del infierno. Tiene que morir -dijo, apuntando al animal desde una menor distancia.
    Todos los demás lo resguardaban. La expectación no había hecho nada más que empezar.
    -Por favor, no quiero hacerles daño. Déjenme irme con él hacia el bosque. No volverá a pasar esto -sugirió la vampira.
    -¡No! ¡Esa bestia tiene que morir! -exclamó, provocando un revuelo de aprobación en la población.
    -¡No tiene por qué morir! -gritó angustiada.
    -Eres una caprichosa insensata... Las personas como tú deben ir a parar al mismo lugar que este asqueroso ser -se acercó más a ella y le intentó forcejear para levantarla. Entonces, sintió en su sien el frío acero de una flecha plateada.
    -No se te ocurra tocarla y déjala marchar -mandó su orden Damon. No tenía ningún inconveniente en atravesarle con una flecha su sucio cerebro.
    -Vaya amigo, no soy el único que quiere matar a este licántropo y a su necia protectora -alegó con una sonrisa y dejándola libre.
    -¡Si todos ustedes estáis vivos es gracias a ella y a mí! ¡Si no llegamos a venir estaríais siendo el plato de todos los licántropos!-exclamó, mirando a cada uno de los presentes-. Así que, por lo menos, agradézcanselo dejándola ir con su criatura -propuso, provocando un silencio a su alrededor.
    A los pocos segundos, toda la población bajó sus armas.
    La vampira se subió a lomos del hombre lobo y con paso ágil se fue hacia el bosque, perdiendo su rostro en él.
    -Que bien... Ahora, has dejado que una lunática las proteja. Has permitido que nos ataquen. ¿Cuál va a ser lo próximo, cazador? -dijo el hombre que todavía seguía apuntado por el arco de Damon-. Juega bien tus cartas porque puede que te quede poco reinado aquí -amenazó con mirada de lunático y sonrisa demoníaca. Después de todo lo dicho, sin ningún temor, se marchó a su casa como estaba haciendo toda la población. 
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