• El Tratado

       Damon despierta desorientado y bastante aturdido. Sólo es capaz de recordar el ruido de una puerta cerrándose a sus espaldas y cuando fue a mirar si era cierto lo que había escuchado, alguien le propinó un golpe seco en la cabeza. En pocos segundos perdió el conocimiento. Y ahora, se encuentra atado con pesadas cadenas, dando la espalda a Míara que se encontraba en la misma situación que él. Frente suya, miraba con seriedad el anciano del parche, iluminado por una suave luz de una lámpara a punto de caer del desquebrajado techo. En el alrededor, marcas de sangre bañaban las paredes y Damon podía escuchar las voces atrapadas de los que ya estuvieron ahí. A medida que pasaban los minutos, iba recuperando más la consciencia. El anciano se acercó a él y le miró, de tal forma, que sabía perfectamente qué era lo próximo que iba a hacer.
       -Como ven, aquí soy yo el que manda -emprendió aquellas normas que querían que quedasen claras-. Nadie puede cuestionarme y mucho menos no decirme la verdad. ¿Qué estáis tramando? -preguntó, colocando sus manos sobre la cintura.
       Damon elevó la mirada para contestarle.
       -Ya se lo dije antes, únicamente queremos descansar y en la amanecida nos marcharemos.
       -¿A dónde?
       -¿Quién se cree que es? -dijo con rabia, Damon.
       El anciano se acercó más a él y le pegó un puñetazo.
       Un poco de sangre, apareció tímida en la nariz del cazador.
       -¿No me has escuchado bien? Yo soy quien mando, quien hace las preguntas y no se te ocurra cuestionarme -le comentó al oído, recordándole lo que ya antes había citado-. ¿A dónde? -volvió como si no hubiese pasado nada al momento antes del puñetazo.
       -Vamos a la ciudad eterna para coger el elixir de la vida pasada y la cura... -respondió Míara sin terminar la frase. No quería revelar toda la verdad.
       -Y la cura ¿de qué?
       Un silencio se extendió y la niña que estaba cerca de la vampira agarró el arma y se la puso en la cabeza.
       -Contesta -dijo la pequeña, con labios de ira.
       -La cura que devolverá a su naturaleza humana a los licántropos -soltó la verdad al final.
       -Pues me temo que esa misión no voy a poder permitírselas amigos -comentó el anciano, tendiendo una pausa.
       Damon le observaba con muy malas intenciones. Tenía unas ganas enormes de desatarse y echar a ese miserable de la casa.
       -Por favor, sólo queremos seguir nuestro camino... Nada más -expuso la vampira, apuntada aún por el arma de la niña.
       El anciano caminó hasta donde estaba ella y se encorvó para mirarla.
       -Dime, preciosa vampira, ¿nadie te ha comentado el tratado que se llevó a cabo entre vampiros y humanos? -preguntó, dejando entrever en su sonrisa unos espeluznantes colmillos.

  • 7 comentarios:

    1. ¡Más vampiros! ¿Pero por que estos se openen a la cura de hombre-lobos?
      ¿Que tratado es ese que tienen con los humanos? ¿Por los obedecen los licántropos?
      Ummm....esto se pone mejor.

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      1. Sí, hay mucho misterio en esta novela... Pero, lo mejor aún está por venir :)

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    2. Tratado... ¿cuál tratado? Y mas vampiros, por algo no me inspiraba confianza aquel viejo, y que horrible lugar. ¿Por qué los licántropos lo obedecen?

      Besos

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      1. Todavía queda mucho por descubrir...

        ¡¡Feliz día!!

        ¡¡Saludos!! :)

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    3. Apasionante. Deseoso de leer más...

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      1. ¡¡Muchas gracias por el comentario!!

        ¡¡Feliz día!!

        Saludos ;)

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    4. El anciano que apareció con la niña ,se opone a la cura ¿porque sera ? pero se que no me darás ninguna pista jaja. seguire conpenetrada en esta historia

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