• No estamos solos...

        El suave machete hacia pedazos la húmeda vegetación. Damon se adentraba en la profunda selva, intentando buscar un refugio donde poder refugiarse de la abrumadora tormenta que se expandía más allá de sus ojos de lince. Míara le seguía, mostrando un gesto de preocupación en su cara. Damon supuso lo que estaría pensando.
       -¿Vas a estar así todo el tiempo? Ya te lo he dicho. Conozco esa aldea y ahí esa malcriada estará bien acogida. Le hace falta madurar -comentó haciendo una pausa en su camino.
       -Sea lo que sea, es una niña. No debimos abandonarla allí -expuso con cierta inquietud.
       Damon se acercó a ella y le cogió con suavidad la barbilla.
       -No le va a pasar nada. Llegué a un acuerdo con quién hice el intercambio -la miró fijamente a los ojos-. ¿Ahora, te sientes mejor?
       Míara movió la cabeza y continuó su camino.
       -¡Eh! ¡A qué hemos venido! -exclamó sintiendo una pequeña cantidad de rabia en su garganta-. Estamos aquí para conseguir lo que hemos acordado por ambas partes. Quién se meta en mi camino, allá él como acabe. Yo no estoy jugando -terminó con una entonación tan furiosa que hizo que la vampira se voltease.
       -¿Sólo es tu camino el que se está haciendo? Porque, que yo sepa, también estoy en él -dijo, poniéndose frente a él-. Así que, a partir de ahora, me vas a escuchar y participaré en tus decisiones. ¿Te ha quedado claro? -le exigió un ultimátum.
       Damon no respondió, su mirada seria ya le delatada.
       -Ya me temía. Sigamos -expuso mirando hacia el cielo-. La tormenta tardará en cesar y debemos buscar un lugar alto donde refugiarnos. Este lugar no es el más adecuado para transitar durante mucho tiempo -finalizó la orden Míara, avanzando en el camino.
       Damon la siguió disgustado. Era la primera vez que alguien se enfrentaba a él y, la primera de muchas veces, que dejaba que se saliese de rositas.

       La lluvia descargaba su furia con mucha más fuerza. Riachuelos se estaban formando y mezclado con la tierra húmeda, el barro espeso frenaba las andadas de los caminantes. Damon tenía que ejercer mucha presión para no desviarse de los pasos de la vampira. A pesar de su indudable fortaleza, en ocasiones, la desesperante corriente de agua le hacía que volviese ante sus pasos. Después de haber recorrido tantos kilómetros y no encontrar nada, decidió respirar un momento para ubicarse. Míara se volteó para regañarle por haber parado.
       -No es momento de ponerse a pensar -dijo muy seria.
       -No estoy pensando. Mira a tu alrededor, los árboles son tan altos que no podemos escalarlos -aseguró observador él.
       -No debemos pararnos, es muy peligroso -en sus ojos se olía la desesperación.
       De repente, una pequeña aguja primitiva se clavó produciendo un sonido sordo en la dura corteza de uno de los árboles que se encontraba más cerca de Damon. Él la miró con atención y luego fijó su mirada en la vampira.
       -Nos han descubierto... -expuso expectante al entorno.
  • 3 comentarios:

    1. Hizo bien Damon dejando a la pequeña malcriada con alguien de caracter fuerte,que corrija y demande obediencia.Menuda sorpresa se habrá llevado a la firmeza de Míara despues de creerle tan sensible.

      ResponderEliminar
      Respuestas
      1. Míara se delata con una sensibilidad pero está dotada de una gran inteligencia. Mucho misterio queda por descubrir... ¡¡Saludos y muy buenas noches!! :)

        Eliminar

    Con la tecnología de Blogger.