Sed De Sangre

    La noche había sido muy larga para Damon. A pesar de la tranquilidad con la que se desarrolló la madrugada después del ataque de los licántropos, no pudo pegar ojo. Tumbado en su sillón, contemplaba con inquietud el bosque que se hacia apreciar difuminado por el maquillaje polvoroso que resguardaba por no haber sido cuidado. Se levantó, sosteniendo una nueva lata de cerveza. Bebió un trago y se apoyó con un brazo sobre la ventana, observando pensativo su exterior. Después de unos largos segundos, volvió entre sus pasos, cogió sus armas y puso rumbo a la puerta.

    El cantar de los pájaros acariciaban con su dulce melodía los oídos de Damon. Una breve sonrisa afloró de sus labios al sentir tanta calma y vida en un lugar en el que sólo había visto matanzas. Con pasos firmes se dirigió lo más rápido posible hasta el establo. Cuando llegó a sus puertas, una pequeña corriente de agua se dejó escuchar. Damon fue hacia esa dulce sintonía y se sorprendió al ver allí a la vampira. Estaba lavando su cara con el agua que se vertía desde una pequeña cascada. Sin vacilaciones se acercó a ella y se puso de cuclillas.
   -¿Cómo se encuentran tus licántropos? -preguntó para romper el hielo.
   -Bien. Ahora, están durmiendo -contestó ella, continuando con su tarea.
   -Ya, entiendo... duermen de día y matan de noche.
   -Ellos... No matan, solo se alimentan. Únicamente hacen lo que su instinto le pide -le rectificó ella.
   -Lo siento. Aún me cuesta tener un poco de sensibilidad con esas best... -el suspiro de la vampira hizo que Damon no terminase la palabra-... Esos licántropos -dijo finalmente.
   Un silencio incómodo se formó y Damon no sabía cómo romperlo. Se levantó y miró a su alrededor. Cogió un poco de aire y se atrevió a volver a hablar.
   -He estado pensando y he decidido aceptar tu trato -expuso a la vez que se rascaba la cara por el picor de una barba joven-. Te voy a ayudar a recuperar esa medicación para los hombres lobos y, de paso, tú me entregaras el poder de recuperar mi pasado.
   -Trato hecho, pero primero tengo que descansar -su voz se notaba muy apagada.
   -¿Te pasa algo?
   La vampira no le respondió. Damon se acercó a ella y se arrodilló. La cogió por el brazo y con esfuerzo le obligó a mirarle. Cuando lo consiguió, se asustó de lo que vio. El blanco de sus ojos estaba bañado de un amarillo fuerte y sus pupilas mezclaban un color negro y rojo.
   -¿Qué es lo que te sucede? -preguntó atemorizado.
   -Me estoy desnutriendo... Necesito tomar sangre -dijo con mirada asustadiza.
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