• ¡Mahamuth!

        Mientras la insaciable fiera caía sobre él, los ojos de Damon se quedaron paralizados, estremecidos por la pérdida. La tierra húmeda fue la culpable de que resbalase y cayese sobre ella. Su cuerpo sudoroso se llenó de un barro espeso que envolvió su piel en un tono oscuro, repleto de tinieblas. La espada se sumergió entre la babosa arenisca y las fieras bocas del increíble licántropo de dos cabezas se acercaban con desesperación. Damon escuchó su débil aliento perdiéndose levemente entre sus labios. Entonces, el trueno de un cruel látigo se aferró sobre una de las cabezas, provocando que el hombre lobo retrocediese hacia atrás. La vampira estaba reteniendo la ferocidad de la bestia. Pronto ésta se dirigió furiosa hacia ella.

        En las gradas abarrotadas, gritaban entusiasmados aquellos que con gran devoción alababan la impresionante batalla que se emergía ante sus ojos. El jefe de la tribu, echó una caricia a su cicatriz mientras sonreía. En su mirada de maniaco se podía apreciar el recuerdo de lo que una vez esa misma fiera le hizo a él. Una de sus manos agarró con mucha energía la butaca imperial en el que estaba sentado, sus ojos presenciaron como casi el animal aniquila de un zarpazo al humano. Trincó los dientes ante la desesperación que le imponía el duro juego. Tenía mucha hambre, su estómago refunfuñaba alertado por las pocas calorías. Le gustaría ser él mismo el que los matase pero los dioses tenían que divertirse también. Miró al cielo y agradeció con una nueva sonrisa el hecho de que por fin le trajesen comida.

        Damon se había colocado en la cabeza izquierda de la bestia. Sujetó con fuerza la espada y la clavó sin piedad. Como si en una inmensa atracción estuviese, calló de ella a una velocidad incalculable. El barro frío  simpatizó su bienvenida con un apresurado cachetón. Damon se quejó del dolor. Entre todo el caos abrió sus ojos para ver qué estaba haciendo su compañera y la vio inmersa en un claro debate de humanidad.
        -¿A qué esperas? ¡Acaba con esa bestia! -gritó Damon tan cansado que no podía levantarse.
        Míara le miró con tristeza, luego agarró con fuerza su látigo y un aire de silencio se escuchó.
        El jefe de la tribu se levantó de su asiento, histérico por lo que había ocurrido. No podía ser cierto lo que estaban viendo sus ojos. Tal vez se había equivocado y los dioses le estaban poniendo a prueba.
        -¡Mahamuth! -exclamó a uno de sus lacayos-. Átalos... Sólo nos queda probar con la magia -ordenó, viendo el temor en los ojos de su ayudante.
  • 2 comentarios:

    1. QUÉ SORPRESA SE HAN LLEVADO LOS INDÍGENAS. JAJAJA.

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      1. Y muchas más que van llegando ;) ¡¡Saludos!! ¡¡Feliz noche!!

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