• ¡Nemenfis!

       La voz de su interior le susurraba una melodía que provenía de lo más profundo de su corazón. Al no tener alma, le era incapaz de distinguir que quería comentarle. Entre tormentos de angustia y un sudor frío, estaba siendo la primera vez que interrumpía al supremo de los vampiros para dar a explicar su desafiante pensamiento. Míara miró con incertidumbre a todos los presentes de los diferentes reinos que gobernaban un planeta creado por dioses. Agarró las manos frías de su padre y su penetrante atisbo fue el precursor que promovió el ánimo de hacer escuchar su voz. Incluso las atenuadas palabras del silencio decidieron quedarse para intervenir en su dicha. El altar le mostró lo difícil que era mostrarse ante los ojos del mundo que lo observaba. Con un movimiento de cabeza pudo extender su mirada hacia todos los oyentes. Y sus ojos pararon frente a los rojos de Lira. Un sonido de su garganta se dejó escuchar, sirviendo de puente para comenzar a hablar.
        -Como acabo de decir... Nada de lo que ha contado Lira tiene por qué pasar. En el mundo en el que vivimos, si hemos sido capaces de evolucionar ha sido gracias al ingenio y a la inteligencia. Tenemos a nuestra disposición un gran abanico de posibilidades para que tanto hombres lobos, vampiros y humanos vivamos en armonía. Sin la necesidad de destruirnos -Míara observó como los jefes de los diferentes reinos hablaban sobre lo que estaba citando. Sonrió al ver que algunos ponían un delicado gesto de optimismo en sus rostros.
        -¿Y quién ha dicho que nos estamos destruyendo? -interrumpió nuevamente Lira-. Hace siglos que el tratado de poder se firmó en honor a la protección de humanos y vampiros ¿Qué importancia tienen unas bestias que para lo único que han servido es para traer la desgracia a muchas civilizaciones? -al comentar su angustiosa pregunta, muchos de los presentes empezaron a alborotarse-. ¡La vida la decide el más fuerte! Para que muchos podamos vivir en armonía, otros tienen que pagar con sus lamentables vidas.
        -¡Eso no tiene por qué ser así! ¡Señores, señoras de los reinos! Yo misma he hecho experimentos de conducta con licántropos que se han ofrecido voluntarios y he llegado a la conclusión de por qué atacan. Puedo comprobar, que si lo hacen, es porque durante siglos se han visto amenazados y se mueven bajo una intuición impuesta.
        Tanto vampiros como humanos aumentaron más su alboroto al escuchar sus palabras.
        -Siempre has sido una niña mimada. ¡Te has saltado varios puntos del tratado de poder! ¡Una vampira jamás podrá tener contacto con un licántropo! ¡Reinantes de los tiempos, estamos ante una intrusa! -exclamó con una célebre sonrisa Lira. La multitud se levantó de sus asientos y emprendió contra Míara un sinfín de abucheos.
        Míara se quedó sorprendida ante tal falta de educación. Intentó defenderse pero nadie quería escucharla. Las manos de su padre le ordenaron que se hiciera hacia un lado y reinó él en el altar.
        -¡Señores, señoras, calma por favor!
        Un hombre de mediana edad, que vestía una gran túnica azul clara, con piel nívea y ojos grises se alzó en desconfianza.
        -Montry, esa chica ha violado el tratado de poder al involucrarse con los Licántropos. ¡Eso no se puede permitir! ¡Ha puesto en peligro a muchos seres!
        Una nueva revuelta de insultos y gritos hacia la vampira volvieron a formarse en la sala. Míara observaba asustada como una causa justa podía ser vista de una manera diferente por aquel que sabe manipular la mente. Con interminable rabia dirigió su mirada a Lira.
        -¡Silencio! -exclamó Montry, encubriendo en pocos segundos a todos-. Puede que mi hija no sea la más adecuada para hablar de ciertos temas, pero ante la declaración de los pueblos libres, todos tenemos la protestad de nuestra palabra y con ella podemos dar nuestro punto de vista ante lo que nos importa. Míara siempre ha sido una vampira de sangre leal, empática con los más débiles y que guarda un corazón que alberga tantas emociones como reinos que se extienden en el planeta. Estamos aquí porque queremos un cambio. Ella ha explicado cómo puede darse ese cambio.
        -¡No! -gritó Lira, interrumpiéndole nuevamente.- Ha dicho que se ha visto con hombres lobos y, por lo tanto, ha deshonrado el tratado que todos nos hemos comprometido a llevar a cabo. Tu querida hijita tiene que pagar su error como bien se cita en las páginas del tratado. -dejó una suave constancia, a todos, de lo que se debería hacer.
        La multitud se volvió a revelar en un alboroto, proclamando justicia. Lira se viró hacia ellos y les siguió en sus gritos, nombrando la pena que tendría que serle puesta.
        -¡Nemenfis! ¡Nemenfis!
        Los ojos de Míara quedaron en un grito incapaz de poder ser escuchado por nadie.
  • 2 comentarios:

    1. Hola Tomás. De nuevo por tu blog. Una vez te dejé el mío, por si quieres pasarte es jbaenac.blogspot.com.es Como el tuyo está lleno de fantasía. También escribo.
      En cuanto al capítulo, parece que nadie comprende a los hombres-lobo como Miara. Para los demás son bestias que están por debajo de su nivel. Y ahora que Miara ha roto el tratado por el que tan estrictamente se rigen lo va a sufrir mediante el Nemenfis. Tendré que esperar al siguiente capítulo para ver de qué se trata.
      Saludos y abrazos.
      ¡Nos leemos!

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      1. Hola Jose Baena. Sí, me lo diste hace tiempo y cuando el tiempo me da un respiro entro para leer tus historias. Es verdad que últimamente ando muy liado y no me ha dado tiempo para mucho. Pero pasaré sin lugar a dudas ;).
        En cuanto a la novela, aún quedan muchos misterios por descubrir. Nemenfis es el principio de muchos otros.
        Saludos y feliz noche :)

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