• Piedad, vampira

         Dos hombres de pieles pálidas y con ojos secos de espíritu, abrieron la celda donde Míara estaba recluida. Parecía que habían pasado unos pocos minutos desde que esa misteriosa mujer le hiciese entrega de un afilado cuchillo para que se defendiese, cuando las horas ya se habían apoderado del tiempo. Sin embargo, un pensamiento encarceló a la duda de la hermosa vampira ¡Los vampiros no pueden morir así! Ya estaban muertos. ¿Cómo se iba a defender de ellos con ese simple instrumento? Algo no iba bien, lo podía oler en la quemada brisa que se adentraba en la celda del castigo. Al final, decidió guardarse su especulativa arma en el bolsillo trasero antes de que esos hombres sin almas, le atasen sus manos y la llevasen con frialdad hacia la torre quemada.

         El humo de la gran hoguera avivaba a los presentes. Toda una reunión de hombres y vampiros de muchos de los reinos del planeta habían apurado al tiempo para poder ver el final de una de tantas vidas perdidas. Míara observó con indignación a todos esos que se dejaban guiar por el miedo y preferían seguir a quien provocaba una falsa esperanza de bienestar, para unos pocos. Mientras los flácidos guardas que la arrastraban al altar de la desesperación, ataban su cintura en el gran palo de madera que daría paso a unas llamas más grandiosas y peligrosas, frente a la triste mirada de la vampira, unos ojos rojos se cruzaron con los de ella. Lira mantenía esa sucia sonrisa despiadada en su rostro. Por lo que parecía, este atentado contra la honestidad de la verdad ya lo había preparado de antemano y se alegraba que estuviese saliendo como esperaba. Míara se dio cuenta de que su padre no estaba presente en tal acto de crueldad. Cómo iba a querer ver algo así, era su única hija, pensó. Uno de esos pálidos hombres sacó unos polvos de su bolsillo y los echó en dirección a ella, pronto la gran hoguera comenzó a arder. Míara cogió aire y brindó una oportunidad a la esperanza. Entonces, una imagen le vino a la cabeza. Ahora entendía por qué la princesa del bosque Mirror le había entregado ese cuchillo. Con agilidad y prisa, sumió sus dedos en su bolsillo. El aire se estaba acabando y sus pulmones le estaban solicitando un respiro. Mientras luchaba por conseguir coger aquello que le iba a llevar a su salvación, su vida parecía estar despidiéndose de ella. Al final, sus dedos frágiles tocaron el cuchillo. Lo sacó de su escondrijo y con rapidez cortó las cuerdas que la tenían presa. Saltó sobre la fogata que estaba dejando bajo cenizas la carnosa madera y, de la nada, de lo que parecía un pequeño cuchillo se creó una imperiosa espada semicircular.
         -¡Tiene que morir! ¡Matadla! -gritó Lira a sus guardas. Éstos se echaron en dirección a la vampira con las mismas ganas que su jefa tenía de aniquilarla.
         Comenzó una lucha por la supervivencia. Míara vio caer, uno a uno, a los que se enfrentaban a ella. La rabia y la injusticia estaban inmersas en su sangre. La lucha se extendió hasta que pudo llegar hasta Lira. Míara, agotada y sin aire, fijó la atención en sus ojos rojos. Ella se acercó y la cogió por el cuello, elevándola unos centímetros del suelo.
         -Algún día disfrutaré, siendo yo, quien que te mate. No esperaba menos de ti -al decir esto la dejó caer a la tierra árida-. Huye, pero créeme, la venganza es más poderosa que cualquier arma que un ser pueda crear. Vayas a donde vayas, cuando estés a mi nivel, te encontraré -dijo evaporando una cruel sonrisa y desapareciendo entre cenizas negras.
         Míara sacó todas las fuerzas posibles y se levantó. El bosque que desterraba el reino vampírico parecía el lugar más seguro para esconderse. Un camino emprendía sin saber si iba a poder terminarlo. 
  • 2 comentarios:



    1. Hola Tomás.

      De nuevo vuelvo por aquí, a leer tu historia.

      Parece ser que lo que Lira quiere es una venganza futura con una rival que esté a su nivel, y no la Miara de ahora.

      Saludos.

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      1. Lira tiene mucha confianza en sí misma y parece que no quiere ser juzgada de aprovechada ante los ojos de quienes la ven... Pero cuando dejas escapar una oportunidad, nunca se sabe si podrás volver a recuperarla. ¡¡Muchas gracias por el comentario, Jose Baena!! Un saludo :)

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