• ¿De qué tienes miedo?

         La humedad bañaba con su aroma las secas hojas del bosque que tenía refugiada a Míara. Escuchaba su respiración tormentosa y no cesaban los latidos de su corazón agotado. Un árbol próximo era el lugar ideal para apoyarse y poder descansar. Sin a penas fuerzas, escaló el grueso tronco gracias a su innata habilidad de trepar. Los vampiros siempre habían sido grandes escaladores y en circunstancias como las de su tenue presente, esa sangre de supervivencia corría por sus venas. Un vez que alcanzó una rama protectora, se desplomó en ella sin poder hacer nada a cambio para no cerrar los ojos y dejarse llevar por el agotamiento.
        
         Los ojos de Míara se abrieron y dejaron paso a la oscuridad. La luna brillaba con elegancia sobre un cielo gobernado por estrellas. Un suspiro fue suficiente para determinar el grado de belleza que suponía tal estampa. La alarmante voz de un búho asustadizo hizo que la vampira se levantara, aunque no del todo. Miró a su alrededor y pudo ver a ese animal que era incapaz de conciliar el sueño en las madrugadas donde muchos yacían en su pletórico mundo donde la fantasía preside. Una mueca de afecto se dibujó en su boca, era la primera vez que veía un animal tan bonito. En su reino, las únicas aves que se dejaban apreciar eran los amenazantes cuervos negros. Y no es que sean animales muy cercanos y amigables, pensó. Después de su escueta reflexión, otro sonido asustadizo le llegó desde el lado contrario. Miara giró su cabeza y contempló una situación realmente curiosa. Un búho de las mismas características que el que se encontraba al otro lado dejaba caer su piar indiferente. Un inaudito escalofrío subió desde sus pies a la cabeza, provocándole un estado de inseguridad ajeno a su conocimiento. Un mechón de su pelo cayó, tapándole uno de sus ojos. Ella quiso quitárselo para estar más atenta a su entorno y vio un movimiento extraño a lo lejos. Asustada, corrió con avivada rapidez hacia el otro extremo de la rama. Entonces, observó como el sujeto que a lo lejos veía, hacía lo mismo que ella. Míara se hizo hacia delante, un poco más, para poder entender qué era lo que pasaba. Y, al fin, se dio cuenta. A ese otro que estaba viendo, era ella misma. Su reflejo parecía atrapado en un lugar donde no se encontraba una explicación razonable. ¿Dónde se había metido? ¿Por qué estaba sucediendo esto? Eran las inconstantes preguntas que formulaba la vampira en su cabeza. Aterrada por el miedo, decidió que la mejor estrategia sería bajar de ese árbol. Y con la misma agilidad con la que escaló su dura coraza de leña, bajó. Cuando sus pies tocaron tierra firme, pudo entender que se encontraba en un auténtico laberinto, gobernado por su propio reflejo. Míara abrió los ojos con atención al ver que su mismo reflejo estaba siendo vigilado por alguien a su espalda. Nerviosa se volteó para ver de quién se trataba y, al hacerlo, una pregunta de aturdimiento afloró de sus labios.
        -¿Qué haces aquí?
        -Tengo mucho más que contarte…
  • 2 comentarios:

    1. ¿Quién será el que ha aparecido? Ya sé que no me lo vas a decir, tocará seguir leyendo...

      Saludos.

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      1. En los próximos capítulos le descubrirás, soñador ;) ¡¡Muchas gracias por tu comentario!!

        ¡¡Que tengas un gran día!!

        Saludos y un abrazo :)

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