• La Piedra Mágica

        Una habitación luminosa se dejaba apreciar tras las puertas oscuras que decidían el paso. La mujer se dirigió hacia una estantería y, con gesto amable, quiso que Míara se acercara. La vampira, conquistada por la curiosidad, caminó por donde antes se habían dibujado los pasos de la dueña de la casa. Ésta abrió una bonita puerta corredera de cristal. Míara se extrañó al ver que lo único que guardaba esa especie de armario personal eran simplemente unas cuantas prendas de vestir. La casera observó como su cara se estaba tomando la sorpresa y una carcajada dulce mostró, acariciándole con ternura su tez blanquecina.
        -Mira esto -le dijo, virándose nuevamente hacia el armario y sacando de él un pañuelo oscuro.
        Míara podía sentir una extraña energía del interior del pañuelo. Presintió que no le iba a gustar aquello que pronto iban a ver sus ojos.
        La mujer abrió con extremada delicadeza los nudos que acogían a la extrañeza y cuando terminó de desatarlos, una piedra negra con zafiros rojizos incrustados en todo su contorno, se descubría al fin.
        -Vaya... Que hermosa -comentó la vampira absorbida por la belleza del misterio.
        -Y bastante peligrosa -expuso la mujer-. ¿Por qué crees que la guardo?
        -¿Qué relación existe entre un Verdugo de la magia negra y esta piedra mágica? -preguntó desconcertada Míara.
        -No es una piedra mágica cualquiera. Esta piedra concentra toda la oscuridad de los reinos -quiso que supiese la enorme responsabilidad que conllevaba poseerla, así que le cogió su barbilla con un dedo y llevó sus ojos a los de ella-. Hace siglos, los humanos crearon una gran guerra contra los Verdugos de la magia negra. Ignorantes de su gran poder, muchos cayeron ante su majestuoso poder mágico. Un pequeño grupo de campesinos ingeniosos, estudiamos la magia blanca para elaborar aquello que pueda gobernar sobre esos seres que querían conquistar el mundo y sumirlo en la eterna oscuridad. Gracias a los Megians conseguimos crear esta poderosa piedra...
        La vampira la interrumpió por un momento.
        -¿Los Megians? ¿Los Magos de la magia blanca?
        -Así es.
        -Pensaba que nunca se involucraban en nada -se acogió a la duda por un instante.
        -Nadie se involucra hasta que sus propias vidas son parte del juego -respondió con una sabia reflexión. Añadió una sonrisa y continúo la historia-. Entonces, gracias a esta poderosa piedra, pudimos frenar el odio por la vida de los Verdugos de la magia negra. Su energía es tan destructiva como salvadora. Si llegasen a sus manos... Los reinos caerían en la suma penumbra. Aunque, siempre han existido los héroes -terminó con un bonito gesto de esperanza.
        -¿Por qué me cuenta todo esto? -algo no le olía bien a la vampira.
        La mujer estiró su brazo hacia ella y le mostró una pequeña cicatriz. Míara la observó con atención y se dio cuenta de que no era una cicatriz corriente, en ella un símbolo bastante conocido agrietaba la piel tersa de su dueña. Una de sus manos fue a parar a su boca atónita y su mirada se sostuvo en la de ella.
        -Eres una adivina... -miles de preguntas rondaban su mente. Si era una adivina podía predecir el futuro cercano-. Me has contado todo esto por algo ¿Verdad? -irguió las cejas con cierta preocupación.
        La mujer le cogió la mano y le puso la piedra mágica en ella.
        -Llévatela, algún día te hará falta y, aunque por lo que te he contado creas que todo estará perdido, te darás cuenta de que no es así -objetó sonriente.
        -Pero si me la llevo conmigo, usted estará sin ninguna protección. Ahí fuera están en continua vigila. Los Verdugos de la magia negra son seres rencorosos -explicó con cierta culpabilidad en su corazón si cogiese un tesoro que guardaba tanta responsabilidad-. No puedo aceptarlo -dijo, devolviéndosela.
        -¡Quédatela! ¡Hazme caso! -gritó con autoridad y nerviosismo la mujer. Entonces, un dolor repentino acogió su vientre. Sus manos fueron a parar a el.
        Míara miró a su alrededor y vio un sillón cerca. Fue hacia él y se lo trajo con poco esfuerzo para que se sentara.
        -Parece que ha sido sólo un susto -suspiró al estar más descansada y al notar que simplemente había sido una incómoda presión sin importancia-. Ahora, tienes que irte.
        -Tengo muchas preguntas que hacerte aún... -sus labios fueron interrumpidos por uno de los largos dedos de la mujer.
        -No necesitas más respuestas que aquellas que, por sí sola, la vida te dará. A veces no es necesario saber qué va a ocurrir porque aunque no lo veas con claridad hoy, mañana es un buen momento para reflexionarlo -propuso reflexiva-. Así que vete... Tú destino está ahí fuera, no aquí. Guarda con suma protección esa piedra y no olvides que todo puede cambiar.
        Míara se levantó, enrolló la piedra en el pañuelo y se lo escondió en su bolsillo. Luego, fue hacia la ventana y salió por ella. En pocos segundos, sus pasos se perdieron en el vivo bosque. 
  • 2 comentarios:

    1. Siempre me gusto este estilo de escritura, hubo un tiempo donde lo leía asiduamente, y he de reconocer que tienes tu arte haciéndolo.

      Saludos

      ResponderEliminar
      Respuestas
      1. Muchas gracias, Nel Morán :) Espero que la historia te atrape de la misma forma que me atrapa a mí cuando la escribo. ¡¡Saludos y un abrazo!!

        Eliminar

    Con la tecnología de Blogger.