¿A dónde crees que vas?

   Míara se agachó para poder tener mayor contacto visual con la sirena y formuló su pregunta.
   -Dime ¿Cómo podemos pasar al otro lado del lago?
   La sirena bajó su mirada electrizante y propuso con un ligero movimiento, bastante aclaratorio, que sólo hablaría si le dejaba de apuntar con esa afilada espada. Míara, un tanto desconfiada, aceptó el trato a pesar de saber muy bien lo ruines que eran las sirenas. Pero no tenía otra carta a la que jugar sino la de tener un poco de suerte.
    -¿Queréis llegar a la Ciudad Eterna? -preguntó la sirena con una descarada sonrisa maligna-. Me temo que eso es un poco complicado.
    -Sabes bien que se puede llegar al otro lado. No tengo ganas de seguir perdiendo el tiempo contigo... Dime cómo podemos cruzar esta laguna -volvió a comentar, más cabreada que antes, la vampira.
    -Querida vampira, este estrecho sólo puede ser cruzado bañándote en esta agua. Aunque, también se puede.... -la sirena tapó con preocupación sus labios carnosos e inundó de duda a los aventureros. Sus ojos miraron a su izquierda, hipnotizados de maldad.
    Míara llevó su atención hacia el mismo lugar que ella y se estremeció al ver a lo lejos un increíble manto de niebla húmeda. En su interior, protegía un pasadizo hacia el otro lado custodiado por la locura.
    -¿No existe otra forma que no sea esa? -cuestionó apostando que la sirena no era precisamente la que más esperanza le diese.
    -Ya te lo he dicho. Puedes cruzarla por el agua o por ahí -le contestó señalando con su dedo la otra opción.
    Damon miró a la sirena y se acercó a ella, bajo la atenta mirada de Míara.
    -Mas te vale que estés en lo cierto y no nos engañes porque te aseguro que hace tiempo que en mi corazón no existe la compasión -parecía que su magia ya no le estaba haciendo el efecto deseado y Damon volvía a ser el mismo que era antes.
    -Las chicas buenas nunca mentimos -respondió ella con una sutil sonrisa. Su mirada enamoradiza hizo que él dejase de observarla para no volver a caer en la misma tentación.
    -Bien, marchemos -sugirió Míara.
    En ese mimos instante, la sirena fue a sumergirse para coger su camino y perderse entre las aguas. No obstante, una afilada espada volvió a ser dueña de su delicado cuello. La ser miró con ira a quién le estaba apuntando y vio que, una vez más, la vampira estaba en una posición amenazante.
    -¿Qué es lo que quieres saber ahora? -cuestionó irritada la sirena.
    -¿Te piensas que soy estúpida? -formuló con picardía en su mirada-. Tú, también vendrás con nosotros -Míara la cogió por su larga melena y empezó a sacarla con todas sus fuerzas del agua.
La sirena no dejaba de chillar y revolotear con su cola de un lado a otro. Intentaba escapar de las manos de la vampira pero ésta tenía mucha más fuerza. Interpretó un espantoso chillido que hizo que Damon cayese a la tierra florecida, tapándose con dolor los oídos. Cerró los ojos durante una milésima de segundo ante la presión que ejercía en su cabeza y, cuando los abrió, vio con horror como la flora que estaba a su alrededor se marchitaba. No entendía como un ser con presencia tan hermosa podía ser tan destructiva. Finalmente, de un momento a otro, el silencio se retumbó en el aire. Damon se volteó para ver qué había ocurrido y se llevó una extraña sorpresa. A la encantadora sirena le había desaparecido su preciosa cola escamosa, siendo sustituida por unas elegantes y bellas piernas. Míara cogió unas ramas y se las lanzó.
    -Con esto podrás taparte.
    Damon se levantó y se acercó a la vampira.
    -¿Por qué le has sacado del agua? Ahora, sólo será un estorbo en nuestro camino -especuló desconcertado.
    -Te equivocas. Si algo nos pasará dentro de esa niebla, ella sabrá como salir del terror -le resolvió su duda.
    -¿Y crees que no nos la colará? -preguntó a la vez que miraba a la indefensa sirena, que intentaba ponerse en pie, teniendo penosos resultados.
    -Viniendo con nosotros es menos probable ¿No crees? -respondió con una esperanzada sonrisa.
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