• La Batalla de los Ángeles Oscuros

        De la espeluznante niebla bañada por el mal se dejaron apreciar tres seres aparentemente humanos. Se acercaban mostrando en sus ojos el mismo color que les tenían atrapados y abrieron con entusiasmo sus feroces alas negras. De sus manos salieron unas finas pero inquietantes uñas afiladas. Y sus labios negros bañaron sus pieles blancas dejándoles sumidos en la oscuridad.
        -¿Quiénes son estos, Míara?
        -Son los guardianes de la oscuridad. Los ángeles negros de la adversidad –explicó, mostrando pánico en su rostro-. ¡Damon, corramos hacia el otro lado a la misma velocidad que se disparan tus flechas! –ordenó la vampira aterrada.
        Tras sus palabras ambos emprendieron la huída hacia el otro extremo. Los incesantes ángeles negros les siguieron. Resurgieron en un vuelo resultante de ventaja. La niebla les ayudaba a camuflarse y ninguna de sus presas intuía por dónde iban ha empezar a atacar. Damon tenía la sensación de que sus piernas habían elegido el derecho de ser ellas las dueñas de sortear cuánta de larga serían las zancadas entre cada toma de respiración. Su cuerpo había entendido perfectamente que estaba en juego su supervivencia y no tenía ningún interés de perecer en el intento. Nunca antes había luchado tanto por intentar estar a salvo de una terrorífica situación. Sus pensamientos se vieron aturdidos por uno de los ángeles negros al cruzarse en su escapatoria. Gracias a la astucia de Míara pudo seguir avanzando sin perder de entre sus brazos a la frágil sirena que aún yacía inconsciente. No obstante, no pudo dar muchos pasos más. Los otros dos guardianes de la oscuridad le bloquearon el paso aturdiéndole con un fuerte arañazo en la cara ante sus imprevistas apariciones. Damon cayó al suelo esfumándose de sus manos el cuerpo de la sirena. Uno de los ángeles voló hasta posicionarse cerca del cuerpo dormido de ésta. Y el otro fue hacia Damon con cierta actitud de victoria. Se agachó y, a pesar de que él intentara defenderse, una influencia extraña le impidió hacerlo. Con una de sus manos acogidas por el mal le agarró por detrás de la cabeza, dejando paso a la fiel devoción. Abrió sus labios y por su boca comenzó a salir una peligrosa enredadera negra que se acercaba con delicadeza al humano. Damon abrió sus ojos con espanto al sentirse indefenso ya que ninguna parte de su cuerpo respondía a las órdenes de su cerebro.Vió con perfecta claridad como esa cosa tan horrenda se acercaba más a sus labios. Empezó a escuchar los latidos de su corazón con una intensidad tan arrolladora que abordó la duda de si podía existir un palpitar parecido en sus oídos. Y cuando temió ser consumido por la oscuridad, el afilado sonido de una espada se apreció en el aire bañado por la desesperación. El ángel negro distrajo su atención hacia el nuevo acontecimiento y soltó la cabeza de Damon. Éste vio aturdido como Míara había acabado de un plumazo con el guardián oscuro que vigilaba el cuerpo desvalido de la sirena y se involucró en una espectacular batalla con el último de ellos. Damon fue perdiendo la visión y fluyendo en su cuerpo el agotamiento. Por mucho que quisiese levantarse y ayudar en la lucha a Míara, su cuerpo se desplomó. Cuando todo se sumió en la penumbra una dulce voz escuchó.
        -No te preocupes. Todo va a salir bien…
  • 2 comentarios:

    1. me encantan tus historias te va llevando y te sumerge en ese mundo maravilloso lleno de magia .

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      1. ¡Muchas gracias Laura agudo por el comentario! Todavía queda mucho por descubrir. Espero que la novela te siga atrapando en su mundo de fantasía y misterio ¡Que tengas un feliz fin de semana! Saludos :)

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