• La Laguna Maldita

        El viento acariciaba con dulzura las hojas coloridas. La mañana estaba siendo un buen lugar donde respirar con tranquilidad. Después de todo el terror que supuso la emboscada de los feroces hombres lobos, la civilización indígena dejó que se marcharan ya que sus almas estaban condenadas a sembrar la agonía de quienes se acercasen. Míara suspiraba al sentir el bramido de un rayo de sol que atacaba con nostalgia su piel blanquecina. Mientras tanto, Damon intentaba orientarse a través de las frondosas raíces de los árboles, sobre si podía existir algún lugar seguro a donde ir. Cerca de uno, que se conservaba bastante bien a pesar de su longevidad, un aire fresco le incitó a avanzar por un pequeño sendero. Dejó atrás a la despistada Míara y se embarcó en el camino. A sólo unos pasos de la caminata, un olor seductor llegó hasta su olfato. Damon se sintió confuso. Miró a su alrededor pero no apreciaba nada fuera de lo normal. Alguien andaba cerca pero sus ojos le estaban impidiendo poder ver, más allá, de aquello que se percibía en un primer momento. Totalmente desconfiado, se decidió a avanzar siguiendo el rastro de tal elegante aroma. Al final del camino, unas hojas atrapaban el reflejo de algo oculto. Apretando con inminente fuerza su arco, adelantó la mano que le quedaba libre para romper con toda la curiosidad. Al otro lado, no había ningún hecho que estuviese fuera de la normalidad. Una pequeña laguna adornada de frondosa vegetación se dejaba ver en todo su esplendor. A Damon algo no le olía bien, aún seguía perciviendo ese acaparador olor envuelto en sensualidad. Se sentía embrujado, aunque se resistía a caer en la tentación del placer. ¿Qué es lo que está sucediendo? se preguntó, sumido en una profundo vacío de sentimientos extraños. Un pequeño mareo hizo que se quedase de cuclillas. Tocó su frente y sintió como sudaba sin compasión. Todo estaba sucediendo de una forma tan rápida que ni sus pensamientos parecían hacerle caso a la razón. Hizo el esfuerzo de levantar la mirada y dirigirla hacia un punto fijo. Entonces, la sorpresa llegó de pronto. Dentro de la laguna, una chica radiante de juventud, capturó la atención de Damon. Éste pudo erguirse para caminar los pocos metros que quedaban para llegar a la muchacha. Cuando la alcanzó, quedó por un instante, armonizado por su espléndida belleza. Su cabello rojizo, su tez blanca adornada con unas diminutas pecas y sus labios carnosos decidieron que su corazón latiese a una velocidad casi incalculable. Su frondoso pelo, cuyas ondas tapaban sus pechos, desprendía un perfume que acompañaba, a cualquiera, a naufragar todo un océano para poder olerlo una vez más. Damon dejó a un lado su arco y se acercó más a ella.
         -Hola -dijeron los sensuales labios de la chica-. ¿Te has perdido?
         -No... -estaba tan aturdido que no sabía bien si estaba contestando con exactitud a su pregunta-. En realidad sí... Hace... Hace un momento, tú no estabas aquí ¿Estoy en una especie de sueño maldito?
         -Tal vez no te fijaras bien -contestó sonriente. Alzó la mano posicionando un lugar en el paisaje-. He visto que venías de aquella dirección. ¿Puedo preguntarte a dónde vas?
         -Ya lo estás haciendo... -respondió -. No creo que puedas ayudarme.
         -¿Estás seguro, Damon?
         Damon se quedó estupefacto ¿Cómo sabía su nombre?
         -¿Quién eres? ¿Me conoces?
         La chica apartó un poco su pelo y en su cuello apareció un cordón bañado en oro con un pequeño corazón rojo encerrado entre sus cadenas de riquezas. Ella abrió su colgante y se podía apreciar una foto difuminada.
         -¿Quieres saber por qué se quién eres? -preguntó provocando al misterio en sus palabras.
         Damon se puso de rodillas y colocó su cara a pocos centímetros de la de ella.
         -¿A qué estás jugando?
         Ella selló sus labios con uno de sus dedos. Luego le cogió la barbilla y con mirada electrizante fue acercando sus labios a los de él.
         Damon se sentía hipnotizado por su belleza. Existía una fuerza mayor en su entorno que hacía que fuese incapaz de parar cualquier situación. Estaba experimentando una magia que pensaba que no existía.
         De pronto, una espada se colocó en el cuello de la chica y una patada hizo que Damon no diese el paso que tal vez encadenaría su ruina. Cuando Damon alzó la vista para saber quién había roto su indeseable momento, se sorprendió al ver a Míara amenazando con una muerte rápida a la muchacha.
         -¡Míara qué es lo que estás haciendo! -exclamó malhumorado y yendo hacia ella.
         -Damon, estás bajo un hechizo. Sólo volverás a ser el mismo si acabo con ella -le contestó.
         -¡Pero! ¡De qué estás hablando! ¿Te has vuelto loca? -Damon no entendía la actitud de la vampira. ¿Por qué había que matarla?
         -Damon... Has ido a parar a la Laguna Maldita. Menos mal que te he encontrado a tiempo -le explicó Míara.
         De su boca no podía salirle ni una sola palabra. La confusión era lo único que él sentía que le estaba consumiendo.
         -¿De qué hablas?
         -Damon, estás maldito bajo el hechizo de una sirena -le explicó mientras dotaba de presión su espada contra la chica.
         Damon miró a la sirena totalmente aturdido ante el descubrimiento. Apreció con horror como la maldad se disfrazaba de una supuesta sencillez. 
        
  • 2 comentarios:

    1. Me ha encantado. Un cuento interesante cuya continuación espero. No había venido antes pero iré regresando en la medida de mis posibilidades.
      Besos de Pecado.

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      Respuestas
      1. ¡¡Muchas gracias por tomar tu tiempo en la lectura de mi novela!! No te preocupes porque no tendrás perdida, a medida que voy sacando capítulos los voy colgando en orden de entrada en un apartado del blog llamado "Los 7 Reinos de la Oscuridad" a la derecha de la página principal. Ahí podrás aventurarte en todos los capítulos de esta novela corta. Aún queda más aventura y misterio que descubrir ¡¡Un placer leer tu comentario!! Un saludo ;)

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