• La Niebla

        El camino hacía la espesa niebla parecía más corta de lo que en realidad estaba siendo. Con tierna suavidad, la humedad se iba posando con tranquilidad sobre los poros de los forasteros. Damon intentaba seguir los pasos firmes que marcaba en su andar la vampira pero no podía ir con tanta rapidez, ya que la sirena parecía que nunca había experimentado el tener un par de piernas con las que moverse por la zona terrestre. Aún le costaba coordinar los pasos en una misma dirección y a Damon le recordó a un indefenso niño que emprendía por primera vez el laborioso trabajo de empezar a caminar. Así que paró un momento y fue hacia la encantadora ser.
         -¿Quieres que te enseñe? -le preguntó cogiéndola de una de sus manos al ver un fugaz tambaleo.
         -No, se cuidarme solita. No necesito ayuda de nadie -respondió con una entonación bastante déspota. Quitó su mano de la de Damon y, al hacerlo con tanta brusquedad, perdió el equilibrio de su cuerpo y calló en la hierba fresca.
         -Te vas a hacer daño. Déjame que te ayude -solicitó él, situándose de cuclillas y estirando el brazo con sus mejores intenciones de auxilio.
         La sirena le miró con sus ojos seductores, inmersos en desconfianza.
         -Venga, sólo quiero lo mismo que tú -dijo Damon intentando ganar su confianza.
         -¿Y qué sabrás tú lo que yo anhelo? -en su mirada cautivada por el rencor escondía un odio escalofriante.
         Damon entendió perfectamente que el ser que tenía delante estaba sumida en la oscuridad porque tal vez no tuvo opción alguna de lograr su felicidad.
         -Te prometo que no te voy hacer ningún daño. Vamos, quiero ayudarte -se levantó y le volvió a ofrecer su mano.
         Míara miraba el acontecimiento desde una pequeña distancia y sentía una difusa situación en sus emociones. Con paso ligero decidió acercarse a ellos.
         -Vamos, no perdamos más el tiempo. Deja tus jueguecitos de muñeca debilucha y encantadora para más tarde -al finalizar, la cogió por uno de sus brazos y la levantó con mucha rapidez-. ¿Ves? Es muy fácil hacer que alguien se ponga en pie -comentó mirando con cierto recelo a Damon. Luego, se dio media vuelta y continuó marcando el camino.
         Damon miró a la sirena y le hizo un gesto para que empezara a caminar. Entonces, se volteó y fue hacia la vampira.
         -Pero ¿Qué es lo que te sucede? -se encontraba confuso ante su comportamiento-. En todo este camino me has dicho que hay que actuar de otro forma. Que hay que ayudar a todos los seres porque no han sido ellos los que han elegido ser quienes son. Defiendes a unos monstruos que arrebatan vidas y no a una chica embrujada por la magia negra -objetó desconcertado.
         -Esa ser es mucho más criminal que un licántropo. Roba corazones sólo para conseguir vivir de ellos. No tiene sentimientos y utiliza a los demás según le convenga -explicó malhumorada.
         -Vaya, entonces todos los vampiros son unos devora vidas, macabros y traicioneros -sugirió él, parándose en seco los pasos de Míara. Ésta se volteó y se puso a su altura.
         -Creo que te he demostrado que no todos somos iguales.
         -Entonces ¿Por qué ella tiene que ser igual a su raza? Tal vez te estés equivocando.
         Míara se acercó más a él, sin perder ni un segundo su mirada de la suya.
         -Cuando lo demuestre, confiaré en ella. Mientras tanto, lo único que he percibido... Es que como encantadora de serpientes se ganaría muy bien la vida -le contestó, dejándole sin palabras. Apartó su mirada y continuó caminando.

         Después de unas cuantas horas más, los pies de los caminantes pisaban la fina línea que separaba la penumbrosa niebla del bonito bosque que decoraba todo su alrededor. El frío que se podía apreciar sin apenas aventurarse en el, era de unas características casi destructivas para la raza humana. Hubo una época que Damon tenía costumbre a todos los tipos de climas pero, de eso. hacía ya mucho tiempo. La sirena se acercó con sigilo y ojos asustados a ellos. Su expresión reflejaba un temor que parecía haber resurgido de pronto.
         -¿Estáis preparados? -lanzó una tenebrosa pregunta la sirena.
         -¿Preparados para qué? -Míara la miró con desconcierto.
         -Cuando entremos en la niebla... Verium intentará apoderarse de nuestras almas.
         -¿Quién es Verium? -solicitó algo de información Damon.
         -El protector de las almas perdidas... -respondió a su pregunta con ojos asustadizos, Míara. 
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