• Los Guardianes de Verium

        -¡No la escuches! No es realmente ella ¡Es Verium! –gritó con desesperación Míara, abriendo con eterna intensidad sus ojos.
        -¡Vamos Damon! ¡Acaba con ella o será ella quien te destruya! –exclamó con furor la sirena.
        Damon empezó a estirar con auténtica voracidad la cuerda de su arco. Sus dedos sintieron esa elasticidad tensa que se endureció por completo al llegar a su fin. Abrió con mucho entusiasmo los ojos y un escalofrío recorrió su cuerpo al sentir los labios secos de la hermosa sirena. Se detuvieron nuevamente en sus oídos para aclararle un último detalle.
        -Arranca su corazón maldito para que podamos seguir adelante.
        Damon alzó en menos de un segundo sus cejas, guardó su arco y cogió su cuchillo. Su hoja afilada paró en el cuello de la sirena, que con cierta suspicacia arrojó en una mirada de espanto todo el revuelo de la temible confusión.
        -¿Qué estás haciendo? –le preguntó al ver su actitud.
        -Estás maldita –respondió sin apartar su cuchillo del bello cuello-. Y Verium es el protector de las almas. Por lo tanto, se apodera de las malditas para poder acoger en su niebla a las almas nobles –comentó intuyendo una victoria en su reflexión.
        La sirena abrió sutilmente sus labios y añadió una sonrisa.
        -Vaya, pensé que serías más fácil de persuadir –entonces bajó la mirada y, en pocos segundos, se la devolvió-. Pero, querido humano, un arco y, menos aún, un cuchillo del tres al cuarto pueden derrotarme –tras decir estas palabras, un humo violeta envolvió a la sirena dejándola inconsciente en el frío suelo.
        Damon con mucho cuidado la cogió entre sus manos y sintió la amigable ayuda de la vampira. De pronto, lo que antes se apreciaba como una temerosa niebla blanquecina. Ahora su color había cambiado a un rojo que denotaba terror. Una espeluznante carcajada se diluyó entre las sombras.
        -¿Qué está sucediendo, Míara?
        -Verium prepara su trampa. Al descubrirle, se intentará apoderar de nuestras almas, sea de la forma que sea –al finalizar su explicación sacó su espada y promulgó con su mirada una fiel protección-. Tenemos que estar muy atentos. No sabemos qué es lo que puede estar planeando. Juntemos nuestras espaldas y avancemos lo más rápido posible hasta la salida –sugirió como la mejor defensa.
        Al hacerlo, avanzaron veloces sin ningún tipo de orientación entre la neblina rojiza. Multitud de voces atrapadas entre la inquietante traición parecían gritar pidiendo auxilio. A Damon le chirriaban los oídos ante cada bramido. No sabía qué era lo que estaba sucediendo. En lo único que pensaba era en lo mucho que deseaba salir de ese espantoso lugar. Se sentía atrapado en una pesadilla y no encontraba una posible salida de ella. Únicamente le quedaba la esperanza de que, por lo menos, avanzar hacia lo inesperado podía resultar la mejor opción. De pronto, Míara le agarró el abdomen y frenó sus pasos. Damon se volteó para tener constancia de aquello que le sucedía.
        -¡Míara, qué te ocurre! ¡No podemos detenernos ahora! –increpó cabreado porque no entendía la acción de la vampira. Y ésta no le contestaba. Así que se puso frente a ella y observó el horror reflejado en sus ojos. Míara parecía petrificada con la mirada perdida hacia una dirección. Asentó la suya en su mismo camino y vio unas sombras que poco a poco iban cobrando sentido-. ¿Qué diablos…?
  • 2 comentarios:

    1. Respuestas
      1. ¡Muchas gracias Ikaros Alpha! Espero que sigas disfrutando de la novela y que su historia te envuelva con más fantasía. ¡¡Saludos!! :)

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