• ¡Traidora!

        -¿Dónde estabas? –preguntó desconcertado, acercándose a la sirena.
        -Debo explicarte una cosa. Tengo un secreto que debes saber… -comentó, manifestando pena en sus ojos.
        -¿Qué ocurre? –Damon miró a su alrededor buscando con la mirada el paradero de la vampira-. ¿Míara no estaba contigo?
        -Es sobre ella, Damon. No es quién tu piensas –confesó en voz baja la sirena.
        -¿De qué me estás hablando? -Míara sólo quiere utilizarte. A ella no le importas –expuso con síntoma indefensa.
        -¡Damon no le hagas caso! ¡No la escuches! –gritó a su espalda la vampira.
        Damon se dio media vuelta y caminó unos pasos hacia la vampira.
        -¿Qué está sucediendo?
        La sirena se posicionó con mágica rapidez cerca de él. Persuadiendo su atención con unas palabras.
        -Ella no quiere tu felicidad, Damon. Sólo se está aprovechando de ti.
        Damon la miró y se sintió hechizado por sus ojos.
        -Damon ¡Verium ha utilizado la imagen de la sirena para encerrarte en su locura! ¡No hagas caso a nada de lo que te está diciendo! –exclamó con dolor en su corazón-. Únicamente intenta destruirte y arrasar con todo tu alrededor para que no consigas cruzar hacia el otro lado –comentó preocupada.
        Damon fue a mirar a Míara pero la sirena frenó su mirada y la acercó a la de ella.
        -Yo no quiero hacerte daño, Damon. Ella es tu trampa. Es todo un engaño, sólo quiere confundirte. Vivirás atrapado en la oscuridad si te dejas convencer por su voz –en ese preciso instante, la sirena cogió entre sus manos su colgante de oro y se lo quitó, dejándoselo en las suyas-. Sabes que no te miento. Esto que te ofrezco, es la prueba de que digo la verdad.
        Damon tocó con sus dedos el bonito colgante y lo abrió. Su forma de corazón escondía en su interior una fotografía, que cuando la vio por primera vez, sus ojos difuminaron la imagen. En esta ocasión, no podía creer lo que estaba viendo.
        -Te lo he dicho. Ella es sólo una traidora. Te quiere confundir y utilizar –le aseguró la sirena, acercando sus labios carnosos hasta sus oídos.
        Él agarró con fuerza su arco y apuntó con ira a Míara.
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