• La Artimaña de los Lobos

         La noche no podía descansar. El rugir de los feroces licántropos revelaban una hambruna bastante habitual en ellos. Se acercaban con paso lento y rellenaban en su mirada un odio desmedido hacia sus presas. Tenía verdadero sentido pensar que esa niña malcriada les había absorbido sus pensamientos. Ahora, sólo gobernaba ella. Un fina línea de desesperación marcó el comienzo de la batalla por la supervivencia. Uno de los salvajes hombres - lobos se lanzó con ansias sobre la sirena. Damon con su arco apuntó con maestría y lanzó su flecha, dándole al licántropo en una zona muy delicada del cuello. Consiguió tumbarlo y apartarlo de la sirena. Damon corrió hacia ella y se aseguró de que no sufría ningún daño. Pero una respiración le quitó la noción del sentido. El bravo licántropo estaba volviéndose a levantar y la flecha, que rauda había ido a parar al cuello de tal endemoniada bestia, se fue desprendiendo poco a poco. Parecía que estaba retrocediendo en el tiempo. La flecha cayó sobre la hierba fresca y la herida se cicatrizó al instante. El licántropo colérico miró irritado al culpable de su posible muerte. Mostró sus afilados dientes y sobre él se precipitó. La sirena corrió despavorida para esconderse en el bosque. Míara se abalanzó sobre el licántropo para intentar ayudar a su compañero. Aunque, muy poco pudo hacer… El otro licántropo que observaba toda la situación un poco más distante se arrojó sobre la vampira con mucha sed de avidez.

         Mientras ambos luchadores intentaban sobrevivir a la realidad que se les había venido encima, la lunática niña que galopaba a uno de los salvajes licántropos vigilaba el espectáculo con una malévola sonrisa en sus labios. Estaba disfrutando del sufrimiento y la desesperación de los demás. Y era algo que siempre había sentido como especial en su interior. Sabía que tenía un poder de manipulación magistral. Esto le hacía sonreír con muchas más ganas. El hecho de abrigar a la victoria en sus manos le llegaba a apreciar lo importante que era para que el medio natural tuviese su total equilibrio. Desde que Damon y la vampira la habían abandonado a su suerte en ese pueblucho de lunáticos. Ella aprendió a ser más perversa. No fue nada difícil desprenderse de esa vieja chiflada a la que le encargaron la deshonra de torturarla. Pues, el verdadero martirio lo sufrió esa mujer de pelo canosa y arrugado rostro al tenerla bajo su custodia. Tener su cabeza entre sus manos no fue nada arduo. Y más tratándose de una pequeña vampira. Una noche de borrachera incontrolada fue suficiente para obrar su macabro plan de huida. Una vez hecho, no tuvo más que aventurarse en un camino sin dirección pero con un objetivo claro… Aniquilar a quien le había encerrado en una prisión de perturbados.

         Damon y Míara luchaban con todas sus fuerzas para quitarse de encima a los inmortales licántropos. Tenían una resistencia horrorosa y una fuerza incalculable. No eran unos simples hombres – lobo. Se podía intuir de que, incluso, fuesen una nueva especie de licántropos. Míara durante los siglos que llevaba de vida nunca antes había visto a un ser como ese revivir tras su muerte repentina. Ambos luchadores sentían como sus fuerzas se iban aminando. Si la lucha por la supervivencia iba a durar más tiempo, ya se estaban planteando el posible final de sus vidas. Damon miró a Míara a los ojos. A pesar de la corta distancia divisaba como tan sólo con sus miradas ya se estaban diciendo cuánto aprecio se tenían mutuamente… Y cuánto tenían aún que contarse. Entre la suave brisa una sintonía bastante conocida se volvió a escuchar. Los licántropos amainaron sus fuerzas y se voltearon para poder servir a su ama. Damon y Míara se quedaron estupefactos al ver la nueva situación y no entendían el por qué la niña endemoniada por la ira había parado la cacería. Cuando se pusieron en pie para lograr entender algo de lo que pasaba, fue cuando se dieron cuenta de que la situación había dado un pequeño cambio. En el lomo de la bestia donde reposaba tranquila la cría mimada por la supuesta inocencia se hallaba subida la débil sirena. Un cuchillo manchado por el paso del tiempo fue el encargado de que el cuello de la niña tuviese la presión suficiente para que se parase el combate.
  • 5 comentarios:

    1. Respuestas
      1. Aún la aventura continúa María Teresa... Y con mucho más misterio :) ¡¡Muchas gracias por tu comentario!! ¡¡Feliz noche!! Saludos

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    2. Hola, tienes un premio en mi blog, amaria si lo recoges, si ya se que no lei el post, pero me han gustado las entradas anteriores y el buen diseño http://flacacoctelblog.blogspot.com/2014/09/nuevo-diseno-1099-visitas-4-premios.html#comment-form

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      1. ¡¡Muchas gracias Derly Johanna por este premio!! Felicidades al recibirlo, lo mereces completamente :) Lo recojo encantado. ¡¡Es un gran regalo!! ¡¡Feliz noche!! Saludos

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    3. Hola, tienes un premio en mi blog, amaria si lo recoges, si ya se que no lei el post, pero me han gustado las entradas anteriores y el buen diseño http://flacacoctelblog.blogspot.com/2014/09/nuevo-diseno-1099-visitas-4-premios.html#comment-form

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