¿Qué ves?




     -Mírate... Se sincera -un pequeño soplo fue suficiente para sentir que estaba suspirando-. ¿Qué ves?
     Un extraño espejo plateado decorado con pequeños rubíes dorados era el ingenuo cómplice de todo lo que tras él se podía observar. Aunque Leana... No veía nada.
     -No sé a qué te refieres. Sólo puedo ver mi reflejo -dijo atónita al contemplar lo que día tras día era habitual. Una cara próxima a la semejanza de un balón con mofletes sonrojados y ojos asustados delataban a esa alma que tanto le costaba apreciar.
      El joven que sujetaba el estrafalario espejo se puso detrás de ella siendo partícipe de todo lo que estaba sucediendo. Alzó su mano despreocupada sobre el cristal y con uno de sus dedos lo tocó. Una onda expansiva afloró en su reflejo convirtiéndolo en una imagen en movimiento. Su sondeo parecía la de un mar en calma. Después, todo el espejo se llenó de estrellas y entre ellas una gigante voló apagando un nuevo suspiro.
     -¿Por qué me enseñas esto, Zet? -preguntó confusa.
     El chico se apoyó en su hombro e hizo aparecer otra vez sus rostros. Con una elegante sonrisa creyó contestarle. Sin embargo, Leana seguía sin entender qué ocurría.
     -Sé sincera... ¿Qué es lo que ves? -volvió a preguntarle a Leana.
     El calor se apoderó de todo su cuerpo y una lágrima brotó de sus ojos tiernos.
     -Veo a.. Una chica insegura, miedosa y no muy agraciada -al finalizar su espejismo emocional se apartó de Zet y se sentó en su cama. Sus lágrimas comenzaron a desbordarse, acariciando sus mejillas.
     El chico se acercó a ella y le cogió sus manos. Leana le miró y con la mirada inundada en un llanto quiso saber qué es lo que se tenía entre manos.
     -Venga, pregúntame tú a mí... -dejó suspense en sus labios, Zet.
     Casi hipeando se atrevió a lanzar la esperada cuestión.
     -Mírame, Zet... Se sincero -tragó saliva y expulsó todo el aire que guardaba en su estómago-. ¿Qué ves?
      Zet levantó una de sus manos y le acarició los mofletes. Sintió como lograba atrapar al universo más infinito.
      -Veo todo aquello que tú no eres capaz de ver -ambas miradas se quedaron en la misma trayectoria, siendo imposible no crear la mejor de las magias: El amor de dos corazones-. La primera vez que te vi, creí que el mundo no era tan grande como todos piensan. Porque gracias a ti he descubierto que cerca puedes vivir una gran aventura, únicamente acompañado de la imaginación. Entendí que el universo es infinito porque no tienes sueños que rocen el límite y que la belleza va más allá de una bonita sonrisa -el chico se sentó a su lado-. ¿No te das cuenta, Leana? Eres tan importante... Que ni tú misma has sabido reconocer lo que se ha reflejado en ese espejo.
      Un dedo sujeto en sus labios fue suficiente para parar sus palabras.
      -Gracias por hacerme sentir tan importante -dijo con mirada hechizada.
      -Gracias por serlo... -comentó acercando sus labios a los de ella-.... recuerda que siempre serás importante para alguien. Nunca estarás sola -y sus palabras fueron absorbidas por un cálido beso.       

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