• Cuento 8: El Ladrón de la Sabiduría

     “Existe una leyenda sobre un ladrón que regala sabiduría a quien no es capaz de ver. 
    Un lunático que recorre cada rincón de los reinos de las almas rotas, salvando a los moribundos infelices. 
     Un aprovechado que ha irrumpido en los sueños de quienes hablan de él y que únicamente los chiflados lo han visto alguna vez. 
    Unos creen que es sólo una fábula que inventaron los seres olvidados que quedaron atrapados en el tiempo.
    Otros, se suman al hecho de ser una más de esas leyendas malditas pronunciadas por labios faltos de realidad. 
    Sin embargo, los más pobres de corazones colmados de anhelo y vestidos por fortunas capaces de construir un mundo mejor, son los únicos que tienen ante sí una gran historia que recordar” 

         Tras varios días de furiosas tormentas, el pequeño Reim encontró refugio bajo los enormes brazos de Limpo (un majestuoso árbol añoso, consternado por su elevada sabiduría) que abrazaba con ternura al joven como si quisiera confesarle que nunca decidiera marcharse de ahí. Reim era el príncipe del reino de las almas rotas. Un reino hechizado por la riqueza y gobernado por la incultura. El astuto príncipe suele visitar el templo de las almas rotas siempre que puede. Bajo la atenta mirada de su encantador amigo Limpo puede expresar todo aquello que siente. Todo aquello que le cuesta confesar ante la plebe.
         -Parece que hoy he llegado tarde… - declaró bajo una capucha humedecida por la tempestad-. Pero con tanta lluvia se me va a ser difícil regresar a palacio hasta dentro de unas cuantas horas –expuso sonriente.
         Reim se acercó a Limpo y tocó con una de sus manos la dura corteza con la que se refugiaba. Dibujó con sus dedos un camino inconsolable que parecía no mejorar con el paso del tiempo.
         -¿Qué es lo que te sucede, Limpo? –susurró con mirada pérdida intentando encontrar la respuesta a su incertidumbre-. Estás envejeciendo con mucha rapidez…
         -Normal –dijo una voz a su espalda.
         Reim se volteó asustado. Pudo escuchar cada uno de los latidos de su corazón mientras se arrimaba con sigilo a su gran amigo deteriorado por el paso del tiempo. Frente a él pudo apreciar a un niño -más o menos- de su misma edad. Vestía una camisa desaliñada y unos pantalones sacados de la basura. Sus pies no se abrigaban con ningún calzado y su pelo ennegrecido, tal vez por la suciedad, parecía un pequeño laberinto sin apenas salidas.
         -¿Quién eres?
         -¿No has oído hablar de mí? –siguió con el reto de las preguntas el desconocido.
         Reim no produjo ningún sonido, tan sólo hizo un gesto de desconcierto.
         -Muy bien, me presento… Mi nombre es Alan y por aquí me conocen como el ladrón que regala sabiduría –se mostró sonriente.
         Reim engrandeció de desesperación sus ojos y aprovechó la noticia para pegar un grito de auxilio.
         -¡Por favor, ayuda! ¡El ladrón está aquí!
         -No sé por qué te tomas tantas molestias, nadie puede escucharte –le confesó el desaliñado visitante.
         -¿Vas a matarme?
         -¡Qué va!… ¿No me has escuchado? –se acercó al chico y le intentó tranquilizar poniéndole la mano sobre su hombro-. Estoy aquí para que te armes de algo tan valioso como puede ser la sabiduría.
         -Y eso que llamas sabiduría, ¿qué es? –quiso saber con cierto aura de misterio.
         -Quienes la hemos encontrado, hemos llegado a entender lo que muchos llaman la felicidad eterna.
         -Eso no existe… -proclamó mosqueado el joven príncipe.
         -Sí que existe, yo soy completamente feliz –comentó sonriente y sentándose sobre la yerba protegida por el gran árbol.
         Reim no pudo aguantar una carcajada y, ante la mirada despectiva de su nuevo invitado, se dio una llamada de atención para parar su hilaridad.
         -¿Cómo puedes ser feliz? Vistes como un mendigo y me apuesto a que duermes entre ramas de cartón, buscando el calor de una hoguera maltratada.
         El ladrón de sabiduría le miró fijamente y añadió.
         -¿Y por qué tú no eres feliz? Si duermes bajo un techo iluminado con diamantes y cubres tu cuerpo con las telas más gloriosas del mercado.
         Reim no pudo soltar palabra. Se quedó durante varios segundos hipnotizado por su mirada de lince oportunista. Después de su pequeño trance, decidió que debía ponerse a su lado.
         -Yo sé que me ves como un niño mimado y con poca educación. Un crío que tiene de todo y no valora nada –se definió apenado.
         -No he venido a juzgarte, Reim. Me tomé la libertad de hacerlo porque haz sido tú el primero en ofenderme.
         -Lo… siento –dijo casi asfixiado por un susurro.
         -Eres muy inteligente, Reim. Has dado tu primer paso hacia la sabiduría –le subió el mentón y con una alegre sonrisa prosiguió-. Los sabios reconocen cuando se han equivocado. Jamás maquillan su error.
         -¿Podrías ayudarme a curar a Limpo?
         -Claro que sí –respondió entusiasmado. De sus manos aparecieron por arte de magia una montaña de libros.
         Reim observó fascinado la escena y murmuró el nombre de algunos tomos, ajeno al descubrimiento.
         -¿Qué son?
         -Libros, ¿nunca te has leído uno?
         -Si fuera así no te habría preguntado… -murmuró perdido entre el dulce olor que desprendían sus páginas al pasarlas.
         -Quiero que se los leas a Limpo, todos los días.
         -¿Y estos libros le ayudarán a mejorar?
         -Por supuesto, cada uno de estos libros reviven los recuerdos de aquellos que siempre amó. Cada una de estas páginas es alguien especial para Limpo –hizo una pausa para dirigirse hacia el exterior del refugio protegido por el árbol-. Recuerda, Reim… con esos libros conseguirás ser más sabio, y gracias a tu sabiduría lograrás que Limpo se llene de felicidad. Y a la misma vez, tú también lo serás. He robado este tesoro para que lo puedas disfrutar, aprovéchalo –finalizado su alegato, se marchó sin dejar constancia de que un día estuvo ahí.

         Después de unos cuantos años, el afán por las lecturas prohibidas hizo que el gigantesco árbol Limpo se llenáse de vitalidad como aquel niño desheredado de la fortuna dijo que sería. Pasado un tiempo, en el templo renació un pequeño bosque al que todo vecino del reino visitaba sumidos en la más pura ignorancia. Desde entonces, Reim sonreía en cada lectura a escondidas, deseando terminar el último de sus libros para agradecerle todo lo conseguido a ese niño que una vez le regaló la más sabia lección.

  • 15 comentarios:

    1. Que nunca falten estos fantásticos cuentos. Y siempre hay que seguir soñando. Me encanta este blogg. Gracias. Un saludo Angela

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      1. Como bien dices Angela, nunca hay que dejar de soñar... sin ellos no sería todo nuestro alrededor tan especial :)
        ¡Muchas gracias por tu comentario!
        ¡Saludos soñadora!

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    2. Estupendo me encantan los sueños.....Un saludo
      Concha

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      1. Concha te invito a que disfrutes con cada una de las secciones del blog de los sueños :) ¡Feliz fin de semana soñadora!
        ¡¡Saludos!!

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      1. ¡¡Muchas gracias por tu comentario Yashira!! Me alegro que hayas disfrutado con esta lectura :) ¡¡Feliz noche soñadora!! Saludos y un fuerte abrazo :D

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    4. Maravilloso soñador, te felicito Tómas!

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      1. No estaría mal tener la compañía de un ladrón así :) ¡¡Muchas gracias por tus palabras, soñadora!! Espero que hayas disfrutado con este cuento lleno de magia y sabiduría.

        ¡¡Saludos y feliz día!! :D

        Un abrazo fuerte.

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      2. Gracias a ti soñador por darnos la felicidad de disfrutar de tus cuentos!!!

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    5. Me encanta leerte eres un genio en los sueños de la imaginación un abrazo Tomas Dagna DTB.

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      1. ¡¡Muchas gracias por tus palabras, soñadora!!

        Vosotros/as sois los que me regaláis el bonito vuelo hacia la imaginación :D

        ¡¡Feliz día y a soñar en grande!! Un abrazo enorme :)

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    6. Bello y hermoso cuento soñador , la sabiduría nos permite aprender,entender ,comprender y ser feliz ¡¡Me encanta leerte tus cuentos dan mucha enseñanza

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      1. ¡¡Muchas gracias, soñadora!! :)

        Cada día aprendemos y nos hacemos más sabios, aunque nunca lleguemos a serlo del todo, siemore tendremos a ese ladrón que nos ayudará a no perder la humildad con la que se alimenta la sabiduría ;)

        ¡¡Un abrazo fuerte y a soñar sin parar!!

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    7. Un estupendo cuento; lleno de magia y sabiduria☆
      Gracias Tómas Dagna
      Muy bonito!

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      1. ¡¡Muchas gracias por tu comentario, soñador/a!!

        Que tengas un gran día de sueños y a disfrutar de ellos :)

        ¡¡Un abrazo muy fuerte!! Feliz día :D

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