• Danniel



       Aún recuerdo cuándo fue la última vez que le vi. Entre las tinieblas de mi habitación, a merced de una cortina mecida por el viento, durante el silencio de la oscura noche. Ahí dentro, tras la puerta entre abierta de mi armario. Pude ver como me observaba. No dejaba de mirarme. Empujó con tensión escalofriante la madera que adornaba el lugar donde se acunaba mi ropa. Nadie podía escucharle. Fue un escalofrío lo primero que sentí. Luego... noté como me tocaba la cara. Intentaba no asustarme, pero no podía evitarlo. Mi corazón se disparaba al mismo tiempo que mis oídos chillaban de desesperación. Grité infinidad de veces a las estrellas para que no me hiciera daño. Sin embargo, nunca me escucharon. Era más fuerte su poder. Se sentó a mi lado y me miró fijamente. Su rostro sin esperanza junto a sus ojos de infierno delataba todo lo que había sufrido. Se puso un dedo en la boca, cortando su respiración. Me advirtió que no contase nada a nadie o sufriría las consecuencias. Hace muchos años que no me visita. A medida que he ido creciendo, su espíritu se ha ido desvaneciendo. A mi familia jamás se lo he contado. Nunca han notado nada raro. Suelo tener control sobre mis emociones. Yo sé que ha existido y que durante mi niñez no paró de acosarme, robándome todo lo que tenía. Inundando de miseria a mis pensamientos. Y aquí estoy, dando el paso que tanto me ha costado dar. 

       El psiquiatra Rosberine iba encadenando las palabras escuchadas con mirada hipnótica y semblante nostálgico. Resguardado tras unas gafas de vista plateada, sujetas con un cordón negro que sobresalía con gracia hacia su espalda, quiso inclinarse para contestarle. Primero, carraspeó unos segundos sin moción de romper el clima caótico que se había formado a su alrededor. No era la primera vez que una paciente le llegaba al despacho contándole cuentos para no dormir. Y mucho más común era el hecho de que la fantasía volase por todos los rincones de la mente de su creador. Sin embargo, a Rosberine le inquietaba un insignificante hecho. No se trataba de un simple psiquiatra del tres al cuarto, con insuficiencia carrera experimental. Era el mejor en su categoría y nunca antes había escuchado algo similar. No recaía lo esencial en la historia contada. Donde radicaba el descubrimiento era en una simple frase: “A mi familia nunca se lo he contado”. Si fuese una esquizofrenia paranoide, sus alucinaciones no se basarían únicamente en la aparición de un sujeto que se presenta sólo de noche. Si fuese ese el caso, aparecería constantemente. Además, sufriría ciertos delirios. Sería casi imposible, que sin una debida medicación, una persona con estas características psicológicas pueda autocontrolarse. Era la primera vez que Rosberine se planteaba el hecho de estar ante un caso bastante peliagudo. Nunca antes había visto algo así. Su asombro parecía traspasar ciertas fronteras que no estaban a su alcance. 

         -¿Cuántos años tenías cuando le viste por primera vez, Lina?
         -Puede que unos trece años... -respondió nerviosa.
         -¿Quieres un caramelo? –le acercó un tarro lleno de estos para intentar calmar su

    irritabilidad.

    Lina alzó su mano temblorosa y escogió uno que estaba envuelto en un papel de

    color rojo.

         -Y me podrías decir, si lo recuerdas, ¿cuándo desapareció?
    La joven se quedó pensando, elevando sus ojos, intentando volver al pasado que

    quiso siempre olvidar.

         -Creo... creo que... cuando cumplí los dieciséis años fue cuando dejó de

    visitarme –simularon un tartamudeo efímero sus labios. -¿Cuántos años tienes ahora?
    Lina se recogió una parte de su pelo, enganchándolo entre una de sus orejas. -Treinta...
        -¿Y por qué has decidido venir después de tanto tiempo? Si se ha eclipsado en el olvido, ¿por qué razón hay que despertarlo? 
        Un suspiro resurgió de su alma y tragó saliva antes de contestarle.
        -No existen noches en las que no tenga pesadillas. Sé que no he logrado vencer todo esto y necesito que alguien me ayude –explicó derramando una lágrima.
       -Te voy a ser sincero, Lina. Un caso como el tuyo se suele escuchar bastante por aquí pero no como tú lo has contado. Eres consciente en todo momento de lo que te pasa y puedes separar la realidad de lo imaginario. Una esquizofrenia si no es tratada es totalmente incontrolable –arrugó un poco los labios y se los humedeció con la punta de la lengua-. Y jamás desaparece... Se puede vivir con ella, pero no se diluye como si nunca hubiese existido. Es algo extraordinario, y la misma vez, escalofriante.
        Ante un insólito silencio, Lina encendió un pequeño llanto alzando un hilo de voz.
        -Usted le conoce...
        Rosberine le miró extrañado. Enarcó una ceja y se tocó los ojos separando levemente sus gafas de la cara.
        -¿A qué te refieres?
        Lina levantó su mano y señaló con su dedo hacia una fotografía que se resguardaba dentro de un marco de madera.
        Rosberine la cogió entre sus manos y le miró aún más atónico.
        -Lina, esta es una foto de mi familia.
        -¿Cuántos años tenía cuándo le mataste? ¿Cómo pudiste hacerle algo así? –

    preguntó destrozada.
        -¿De qué me estás hablando, Lina?
    Le miró soltando una última lágrima de sufrimiento.
        -Danniel...
        -¿Cómo sabes el nombre de mi hijo? Lleva muerto más de treinta años... ¡Lina!

    ¡Quién te ha dicho su nombre!
        -Ya te lo dije antes. No has querido escuchar... Él era el que cada noche me

    atormentaba. Me contó como le asesinaste. Y ahora te está esperando –comentó mirando el techo de escayola del despacho.
       Rosberine se puso en pie y fue hacia ella para levantarla de la silla, sujetándole con mucha fuerza sus brazos.
       -¿Cómo puedes saber eso? –dijo muerto en un llanto-. Fue un accidente. -Y si sólo fue un terrible accidente, ¿por qué se lo ocultaste a tu mujer? Rosberine se inundó de furia y empezó a zarandearla. 

       Entre sus pelos de desenfreno se ocultó el rostro de la joven. Cuando decidió parar, quiso quitárselos de la cara para advertirle que no fuese por ese camino amenazante de malos recuerdos. A media que destapa al abismo, su corazón pegó un sobresalto que le dejó paralizado por completo. Lina se había convertido en su hijo fallecido. Rosberine no podía creer lo que estaba viendo. Comenzó a asfixiarse y por sus ojos brotaron lágrimas de sangre. Poco a poco fue perdiendo el conocimiento hasta que la muerte le cogió de la mano. Lina cayó al suelo frío, inconsciente de todo lo sucedido. Enseguida fue al auxilio del psiquiatra llamando a una ambulancia. Mientras en la lejanía unas sirenas estremecían a la noche, Lina se sintió bastante aliviada. Por fin habían desaparecido todos sus miedos. Danniel ya no iba a molestarla.
  • 13 comentarios:

    1. ¡Magnífico y espeuznante relato para ambientar esta tenebrosa noche! :D
      ¡Saludos amigo!

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      1. ¡¡Muchas gracias por tu comentario Hammer!! :) ¡¡Feliz halloween!!
        Saludos y un fuerte abrazo.

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      1. ¡¡Muchas gracias Betty Chenlo!! Ten un feliz día de ensueño :)
        ¡¡Saludos y un fuerte abrazo!!

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    3. Buen relato. Muy bien construido. Enhorabuena

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      1. ¡¡Muchas gracias Beatriz!! Espero que disfrutes mucho con el blog de los sueños y no dejes de soñar :)
        ¡¡Saludos soñadora!!

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    5. ¿Tienes ya tiempo escribiendo cuentos o relatos?

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      1. Hola Alexander,
        Sí desde hace mucho tiempo que escribo. Si te pasas por la sección en la que hablo sobre mi trayectoria conoceras más sobre mi literatura.
        ¡¡Saludos!! y ¡¡Feliz día!!

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    6. Fascinante soñador, yo no lo había leído!!!!! Guauuuu es lo mío, mi obsesión preferida, el terror

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    7. ¡cielos! Pobre doctor, sí que se murió de miedo.Muy curiosa la forma en que Danniel se venga, fue como una posesión o algo así ¿que no? Aterrador.
      No me gustan mucho los cuentos de terror, pero tenía que leer uno tuyo =D

      Ale

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    8. Buenas tardes...Me ha encantado,,,La protagonista era la reencarnación del hijo viene muy bien para estos días felicidades soñador.

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    9. Un relato temeroso !! pero me he compenetrado tanto ,que sentí todas esas sensaciones ,pero has echo que me olvide del miedo por un momento .

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