• El Elegido

         El más próximo a Damon se levantó de su trono para acercarse a él. Le miró con atrevimiento y comenzó a inspeccionarle, haciendo una ronda inmersa en circunstancia. Cuando parecía que todo había cesado, el mago interpretó una búsqueda desesperada por cada rincón de su atuendo mágico hasta sacar una pequeña lupa. Una sonrisa encadenó a cada uno de sus mofletes y la lupa la acercó a su pecho. Un alboroto de alegría se esfumó de su cuerpo profanando estar embrujado.
         -¡Quítate esa camisa! Tengo que enseñarte algo –comentó con una expresión exagerada de regocijo.
         Damon desconcertado no movió ni un solo dedo para llevar a cabo tal orden. El mago le cogió de la camisa e imploró con todas sus fuerzas hasta obtener su premio.
         -Esta bien… Pero como intentes hechizarme, te advierto que volveré para hacerte pagar mi sufrimiento –dijo incómodo. Nada más terminar su frase, sus manos fueron las culpables de descubrir su torso desnudo ante miradas cautivadas por el descubrimiento.
         El mago situó su lupa en su pecho y éste se iluminó. En él se dibujó la silueta de un círculo derrotado por siete espadas. Míara miró impresionada el símbolo y no pudo más que sorprenderse. Sus ojos iluminados delataban un secreto que ni el más airoso corazón podría descubrir. Se puso frente a Damon y le sonrió admirada.
         -¿Sabes qué significa esto? –le preguntó con unas ganas locas de contarle todo lo que guardaba en su interior.
         Damon volvió a mirar el símbolo y luego cayó prendido -una vez más- en su mirada de vampira. No sabía qué contestarle.
         -Eres el elegido para salvar a los sietes reinos de la oscuridad. Eres el gran guerrero de los reinos –expuso emocionada.
         -Pero… ¿Cómo puede ser posible?
         -Eres el único que puede hacer que la guerra que está a punto de comenzar no se cobre más vidas que aquellas que las forman. Los siete reinos de la oscuridad engendran a las criaturas más feroces que te puedes imaginar y seres los suficientemente poderosos para arrancarle a la esperanza su última gota de certidumbre –le explicó el mago.
         Damon cabreado se volvió a poner la camisa. Tenía esa incómoda sensación de que se había metido en un asunto que no le iba a llevar hasta su principal objetivo. Esa meta por la que había aceptado este reto que se estaba transformando en una equivocación.
         -Lo siento… Yo no soy ese héroe que estáis buscando –comentó irritado llevando sus pasos hasta la lejanía de un oscuro pasillo mágico.
         El mago malhumorado por su mala educación hizo aparecer su varita y con ímpetu la sujetó. Le apuntó envolviendo en furia su mirada… Siendo interrumpido por unas manos frías. Míara le suplicó telepáticamente que no lo hiciera. Que le dejara, al menos, hablar con él. El mago le dio una última oportunidad, bajó su mano y chasqueó sus dedos. Entonces, al igual que vino, desapareció su varita mágica. Miró el oscuro pasillo, el cual estaba siendo iluminado por los pasos de una noble vampira.
  • 1 comentario:

    Con la tecnología de Blogger.