• Especial Navidad: El Ilusionista

         Cuanta una leyenda que sobre las tierras heladas de Algort, magos y druidas provocaron unas de las mayores batallas de la historia de los reinos nevados. Todos los territorios en los que se componía Algort quedaron arrasados tras el paso de sus devastadores poderes. Cuando las cenizas cayeron sobre el abismo de fuego y la luz del sol pudo trasmitir su claridad, un alarido de felicidad voló hasta las almas de sus ciudadanos para conmemorar ese día mágico como el más especial de todos. El día donde sus reinos vivirían en completa paz el resto de una larga existencia. Muchos creyeron que por primera vez la magia había desaparecido ante el adiós del último mago. Éste alzó en una nube de polvo mágico sus palabras al viento antes de partir. Reveló que la magia seguiría existiendo expectante a ser descubierta. Nadie creyó que sus palabras fuesen ciertas. Pasó el tiempo y jamás se apreció el poder de la magia sobre algún territorio de Algort. Toda la población alejó de sus corazones aquello que después sólo se llegó a llamar leyenda… Sin recordar que nunca un mago habla en vano.

         Los copos de nieve caían como gotas de agua sobre la cara pensativa de Erdyn. Erdyn –un joven ilusionista- miraba con esplendor las nubes interpretando en sus siluetas algún truco de magia con la que sorprender en su próxima función. Chasqueó un poco sus grandes ojos azules sin poder aclamar fortuna a la sabia inspiración. Su magia parecía haberse truncado más allá de su baraja de cartas. Ya no conseguía convencer a sus espectadores y muchos otros que elaboraban grandes espectáculos le estaban haciendo mucha competencia. Mientras intentaba alcanzar la clave de su colindante descubrimiento sintió una espesa bola de nieve chocar contra su cabellera.
         -¡Ay! ¡Quién ha sido! –exclamó molesto.
         Detrás de un corpulento muñeco de nieve una chica de ojos rasgados y pelo rubio salió de su escondite tapándose la boca, intentando no formular una sonora carcajada.
         -Te vi tan pensativo que no esperé a tener otra oportunidad –le comentó tímida.
         Erdyn la miró pícaro.
         -¿Y qué es lo que te trae por aquí, Shela?
         -Vengo a recordarte que la función empieza dentro de trece horas y quería saber si ya la tenías preparada. Erdyn puso mirada triste y sentó desvalido sobre la fría nieve.
         Shela se acercó a él para consolarle.
         -Aún no tienes nada, ¿verdad?
         -No… -le confesó.
         -Seguro que al final lo consigues… -dijo risueña-… Como haces siempre.
         Él la miró sonriente.
         -Aunque, tengo algo que puede servir.
         Shela no sabía que era a lo que estaba haciendo referencia y puso una expresión de circunstancia.
         -Mira, ¿puedes ver eso que está sobre la nieve? –le preguntó.
         La chica acercó tanto la cara a la nieve que pudo oler su suave fragancia a humedad.
         -No entiendo… Yo no veo nada –dijo extrañada.
         Entonces, Erdyn le empujó su cabeza hasta casi tapar la nevada su pelo claro. Y se echó a correr seguido de su buena amiga que intentó en todo momento responderle de la misma forma.

         Las horas se consumían ante cada segundo que avanzaba las agujas del reloj y Erdyn seguía sin una eficaz inspiración así que decidió ir a dar una vuelta al bosque de los druidas. Se adentró en su vegetación y respiró el aire fresco que expulsaba sus árboles milenarios. Mientras caminaba tarareando una antigua canción escuchó un ruido providente de una arboleda. Erdyn avanzó hasta la zona donde se escuchó ese extraño sonido y pudo ver que venía de la tierra. Se puso de rodillas, cavó un profundo hoyo hasta tocar un material bastante rudo. Cuando lo cogió entre sus manos se dio cuenta que era una especie de diamante mágico. Un color púrpura bañaba su encanto. A su espalda alguien le había descubierto.
         -¿Tienes idea de qué vas a hacer con eso?
         Un hombre de piel pálida con una barba blanca enorme se hallaba apoyado sobre un vasto palo de madera, simulando un bastón. Vestía harapos antiguos y se notaba que tenía más de un siglo sobre sus hombros.
         -¿Quién eres? –quiso saber él.
         -Soy un druida. Llevo viviendo en este bosque muchos años, protegiendo lo que tienes en tus manos –le contó.
         Erdyn muerto de miedo por todo lo que había escuchado acerca de los druidas abrió sus dedos para dejar caer el tesoro encontrado. En cuanto tocó la tierra húmeda estalló nuevamente en un llanto.
         -¿Puedes escucharlo? –le preguntó el druida acercándose a él muy despacio.
         El joven movió la cabeza afirmándolo.
         -Eres el elegido… -dijo con entusiasmo el hombre.
         -¿El… elegido?
         -Aquel que escuche el sonido del diamante oculto de los magos es aquel que de magia llenará las vidas de toda Algort –explicó emocionado. Se agachó y cogió la piedra, poniéndosela en sus manos-. Llévatela y convence a todos esos corazones que creen que la magia es sólo un poder destructivo. Recuérdales que si la atrapa aquel que alberga ilusión en su alma, jamás destruirá la de los demás.
         Erdyn volvió la vista hacia el diamante.
         -¿Y cómo voy a hacer eso? Nadie en estas tierras cree en la magia –expuso confuso.
         -Sólo tú sabrás como conseguirlo –contestó el druida picándole un ojo-. Ahora vete o llegarás tarde a tu función.
         -¿Cómo sabes eso…? –no pudo terminar su pregunta porque la figura del druida se desvaneció como el humo que expulsa una chimenea.

         Todo Algort estaba esperando ansioso el nuevo espectáculo de todos los ilusionistas. Uno a uno fue pasando para impresionar a su público. Algunos fueron aclamados y correspondidos con aplausos mientras que otros no tuvieron tantos elogios. Hasta que llegó el turno de Erdyn. Salió al escenario observando todas las miradas que en él se estaban clavando como dagas fantasmagóricas, incapaces de ser detectadas. Un poco nervioso decidió carraspear en bajo antes de empezar. Acto seguido, comenzó su función enseñando su nuevo descubrimiento. Los asistentes parecían -en un primer momento- atrapados bajo su encanto, pero no era suficiente para impresionarles. Erdyn emprendió su popular juego de palabras acompañado de movimientos con las manos para dar emoción al espectáculo. Hasta que de pronto expulsó su veredicto… Sin conseguir ningún cambio. El joven creyó por un momento que el druida le había engañado y que la piedra, realmente, no era mágica. Volvió a intentarlo, pero nada apareció. El público empezó a incomodarse y ya se escuchaba los primero reproches de disgusto. Desesperado, Erdyn intentó tranquilizar a la muchedumbre. Mientras todos se quejaban, a lo lejos y cerca de una ventana, una niña de pelo negro con mirada extraordinaria hizo silenciar la frustrante situación.
         -¡Miren! –gritó señalando el exterior de la ventana.
         Las personas que estaban viendo el espectáculo se abalanzaron hacia las ventanas, ardientes de curiosidad. Y sus miradas se iluminaron por completo. Erdyn avanzó hasta la más próxima y lo entendió todo. Algort se llenó de color. Ya no vestía únicamente de blanco sino que sus calles se iluminaron de luces de colores, el bosque se pinto de color y parecía que la ilusión había vuelto a todos aquellos que una vez la perdieron. En el cielo una gigante estrella fugaz iluminó impactante.

         Desde entonces Algort vivió una nueva era de sueños y Erdyn se convirtió en el mayor ilusionista de todo el territorio, llegando a convencer a sus ciudadanos de que a veces lo que no esperas es todo aquello que siempre habías esperado.

  • 4 comentarios:

    1. Muy bonito el cuento y feliz navidad para todos los amigos

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    2. ¡¡Muy bello cuento Tómas!! una enseñanza con magia ,es verdad uno lo que nunca espera aparece frente a ti y tu esperas sin darte cuenta que era lo que siempre esperabas,solo la fe logra eso ¡¡Feliz Navidad soñador!! y que la fuerza de la magia traiga todo lo que esperas

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    3. Feliz Natal meus amigos. Maravilhoso conto

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