• Especial Noche Vieja: ¿Qué eliges?

    <<Cuando los hijos del universo se ajunten al frente de la mirada de las demás estrellas, 
    La voz de unas campanadas incesantes de orgullo te guiará hacia el naciente de una nueva era, 
    Donde tomarás la decisión de si debes de ser parte de ese sueño - que sin pensarlo- vuela a tu vera>> 

         Una luz de agradable sensación se extendió sobre los labios de Gerchell cuando terminó de leer la última línea de una sospechosa carta. Apareció envuelta por un trozo de tela dorada y un sello muy pegajoso, parecidos al que utilizaban en una época remota. La almohada vacía que le acompaña día tras día fue el lugar idóneo para hacer su aparición. El sobre estaba hecho de un papel muy poco conocido. Cuando sus suaves manos se deslizaban por él, unas raíces doradas se dibujaban en relieve creando una emoción inexistente a aquel que las tocase. El latido de un corazón inquieto delataba la pura desesperación de saber qué era lo que significaba. Un recuerdo en vano atacó su mente y el aroma de un café caliente le hizo volver a su realidad más inminente.
         -Entonces, ¿dices que apareció por arte de magia sobre tu almohada? –se interesó en su historia su amiga Laren al leer el escrito.
        Gerchell la miró y afirmó mientras pegaba un sorbo del afluente de su despertar.
        -No lo entiendo… No tiene ninguna concordancia- se paró pensativa, Laren-. Tal vez… Haya sido esa bruja de las que todos hablan en el vecindario.
        -¿Quién? ¿La señora Darten? –al ver la expresión de acierto de su amiga, Gerchell estalló en una carcajada-. Laren no seas patética. La señora Darten es una mujer solitaria, rodeada de gatos cuya única arma letal son sus delirios mentales.
        Laren acercó más sus labios hacia Gerchell con una timidez cortada por su comentario.
        -He escuchado que desde hace muchos años se dedica a la magia negra –comentó con ojos asustados.
        -¡Por favor, Laren! No asustes a la pobre chiquilla –dijo Dara, otra amiga de ambas que se encontraba junto a ellas en la cafetería-. Yo sí que sé quien te la ha escrito –terminó con una sonrisa coqueta.
        -¡¿Quién?! –quisieron saber ambas amigas.
        La mirada de Dara advirtió la cercanía de una posible y desesperante circunstancia. No entendía por qué tanto revuelo.
        -Gerchell date la vuelta con disimulo y mira en el fondo del pasillo –le sugirió su amiga, Dara.
        Gerchell se volteó y puso toda su atención. Al final del pasillo -decorado por muchísimas vigas de madera y frente a una mesa solitaria- se encontraba tomándose un café un chico de ojos negros, pelo ondulado y sonrisa carismática.
         -¿Quién es? –preguntó abobada Laren.
        Gerchell miró hacia Dara interpretando una posible respuesta.
        -No tienes ni idea, ¿verdad?
        Dara las miró y negó con la cabeza.
        -Lo único que sé es que no ha dejado de mirarnos en todo este tiempo –comentó sorprendida-. Bueno, mejor dicho, no ha parado de mirarte a ti.
        Gerchell que estaba tomando un trago de su café al escuchar tal afirmación casi se atraganta.
        -Sí, a una le gustaría ser siempre el centro de atención… Aunque claro, no vas a hacer la escogida continuamente –dijo con simpatía.
        Las tres se enzarzaron en una carcajada que atrapó las miradas de todos los que allí estaban presentes, resguardados bajo sus abrigos y calentando sus corazones. Gerchell miró su reloj y se sorprendió al ver la hora que era.
        -¡Madre mía! Se me va hacer tarde. Me tengo que ir a trabajar –dijo con expresión asqueada.
        -Tal vez este año que viene sea tu año, Gerchell –Laren quiso entregarle unas palabras de regalo antes de la marcha.
        -Ojala sea así –contestó emocionada-. Me tengo que ir. Nos vemos mañana –se despidió con un beso y caminó frenética hacia la puerta para salir, sin antes no echar la vista atrás para volver a ver por última vez a aquel que según su amiga no dejaba de mirarla. Una extraña sensación sintió en su piel al verificar que ya no se encontraba allí. Había desaparecido. Siendo curioso el hecho de que no le vio marchar. Con expresión inquieta, Gerchell zarandeó la cabeza y se perdió entre sus pasos.

        La noche había caído y el día parecía no querer irse a dormir. Una cena solitaria en el salón de su pequeño estudio le hizo recordar de cuánto de importante es dejarse llevar por una vez. A pesar de las continuas invitaciones a las fiestas más importantes del lugar, ella se negaba vestirse de gala para asistir a un cuchitril con personajes elegantes. Pero estaba empezando a hartarse de la monotonía y de las mismas entradas al año nuevo. Así que recogió su plato y su vaso, lo puso junto a la demás loza sucia y puso rumbo a su habitación. En él abrió su armario y sacó un traje plateado, decorado con pequeños diamantes. Sonrió al recordar el momento cuando su madre se lo regaló. Hacía tantos años de eso. Sin pensarlo ni un minuto más, lo sacó de la percha y se desnudó para ponérselo. Una vez puesto, se dio cuenta de que casi no había cambiado y le asustó el hecho de ver pasar el tiempo sin nada que engendrar. A lo lejos escuchó unas campanadas. Gerchell se asomó a su ventana y vio lo que parecía un increíble eclipse lunar. Tras la siguiente campanada recordó la carta. Lo que decía en ella tenía una relación parecida a lo que estaba sucediendo. Gerchell fue corriendo hacia la salida de su estudio. Bajó las escaleras con rapidez y dejó atrás su edificio.
        Ante cada campanada, sus pies parecían saber a dónde dirigirse. Muerta de frío pero no de miedo, dobló la esquina y vio en el final del pasillo la figura de un hombre con una gabardina y un sombrero antiguo. Estaba dándole la espalda así que se acercó para hablarle.
        -Puede que me tome como una lunática… Pero no tengo ni la más remota idea de por qué estoy aquí –le dijo con temblorosa voz.
        -Tal vez porque has decidido que en esta nueva era dejarás atrás lo que no te hace importante e intentarás lograr aquello que nunca pensaste que podrías conseguir –contestó el hombre sin dejarse aún descubrir-. Un cambio es la decisión más acertada de aquellos que quieren vivir de verdad –finalizó dándose la vuelta.
        A Gerchell el corazón le dio un vuelco al presenciar que ese hombre no era otro que el chico de la cafetería.
        -¿Qué…? –estaba totalmente impresionada-. Sé quien eres, hoy te vi en…
        -Sí, yo también sé quien eres. No he dejado de buscarte –le notificó sonriente. Gerchell se extrañó al escuchar sus palabras.
        -¿Buscarme? ¿Por qué?
        El chico se acercó a ella aún más sonriente.
        -Porque eres la persona que vas a cambiar mi vida. Una pequeña hada me contó una vez que existen personas que no se atreven a dar el paso que tanto desean porque necesitan de otra para lograrlo –contó emocionado-. Me dijo que si encontraba a esa persona, le escribiese una carta y se la hiciera llegar de alguna forma.
        -Espera… ¿Cómo sabes que yo soy esa persona?
        El joven caminó unos pasos más hasta estar a muy pocos centímetros de Gerchell. Se inclinó y susurró en su oído.
        -Estás aquí, ¿no?
        Gerchell conmovida le miró con ojos soñadores. Una última campanada se escuchó y el chico besó sus labios. Ella quedó sorprendida aunque no sintió necesidad de romper ese momento.
        De pronto, un agujero mágico apareció en el suelo rocoso y ambos de asustaron.
        -Y según el hada, si en el primer beso aparece el camino de tu destino que mejor que ir acompañado por quién va a cambiarlo para siempre –contó él, mostrándole una nueva sonrisa-. ¿Nos adentramos en él?
        Gerchell dudó un segundo. Sin embargo, enseguida se decidió.
        -Puede que esté loca… Pero es mejor vivir en una continua locura que presa en un mismo sendero.
        Y junto a ese desconocido del que sólo sabía de sus palabras se embarcó en una aventura donde los deseos se eligen y no se esperan.

  • 2 comentarios:

    1. ¡Qué cuento más bonito Tomás!
      Me ha encantado. Cómo por fin toma las riendas de su vida y se deja llevar por el corazón. Yo también creo que es mejor vivir en una locura permanente que vivir en la monotonía de una vida que no te llena. Menudo aburrimiento, ¿no? jejeje Además, los cambios siempre son buenos. Si te sale mal, aprende de ellos, y si salen bien, pues eso que ganas ;)
      ¡Un abrazo muy fuerte y feliz año nuevo! (Aunque sea con un poco de retraso) ^^

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      1. ¡¡Muchas gracias por tu comentario Carmen De Loma!! Me alegra mucho que te haya gustado tanto este relato de Noche Vieja. Sí, el tiempo no espera y pasa sin darnos cuenta así que mejor vivir arrastrado por su locura que esperar a que pase sin hacer nada :) ¡¡Feliz 2015 soñadora!! Que tengas un nuevo año lleno de sueños que cumplir y grandes metas que alcanzar.

        ¡¡Saludos y un fuerte abrazo!!

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