• La Recolecta, Parte III



        Parecía que los segundos avanzaban asustados. Se intuía que no querían adentrarse en el minuto definitivo que decía la apertura de las grandes puertas del estadio. Kelia observó –muerta de frío- su alrededor. Pocas eran las almas que vagaban por las calles de la gigantesca ciudad. Y las que sí lo hacían le miraban atónitas, sin apenas parpadear. Por lo bajo, muchos murmullos hablaban sobre ella. En el ambiente se respiraba una enorme tensión. Un grupo de mujeres, que podían albergar la mitad de un siglo en sus rostros y la niñez en sus corazones, cuchicheaban nerviosas sobre la loca decisión que había tomado. Un estruendo parecido al de un rayo se formuló al abrirse las puertas que daba paso a la Recolecta. Del oscuro pasillo salió la misma mujer que fue a visitarla. Su distinguida manera de caminar y sus monstruosas uñas de colores hacían que fuese fácil diferenciarla. Se acercó hasta ella y antes de pronunciar palabras se rascó con delicadeza su cabellera. Un increíble moño rubio decorado con perlas deslumbraba todo a su alrededor. Gracias a toda esa presentación de lujo se podía restar oscuridad al largo pasillo.
         -¡Ay! Me pica mucho el pelo cuando estoy nerviosa –dijo sin escatimar en romper el hielo con los característicos saludos cotidianos-. ¿Tú no lo estás?
         Kelia la miró quitándole importancia a su irritación.
        -¿Y por qué iba a estarlo?
        La mujer alzó la mirada con expresión asustadiza y se agachó un poco para alcanzar su altura.
        -Querida… Aún no sabes dónde te has metido –le contestó casi a susurros. Acto seguido chasqueó los dedos y dos hombres corpulentos que vestían de esmoquin cerraron las puertas de entrada.

        La mujer envuelta en diamantes fue marcando el camino. Sus perlas ayudaban a distinguir por dónde debían caminar. Mientras avanzaban le iba explicando a Kelia algunas normas sobre la Recolecta, sin percatarse de que ella no le estaba prestando atención. Por su mente revoloteaban miles de pensamientos diferentes que por momentos le asustaban. Intentaba que sus miedos no fueran cogiendo espacio en su corazón, pero muy lentamente se iban adentrando sin tener las fuerzas necesarias para frenarles. Una luz incandescente llegó a los ojos de Kelia. De un momento a otro había pasado una línea extrema entre la profunda oscuridad y la esperanzadora claridad. Una habitación blanca quiso hacer acto de presencia cegándola por completo. Puso sus manos frente a sus ojos como señal de defensa. Los dos hombres que les acompañaron en todo momento cogieron por cada brazo a Kelia y la subieron a una tarima circular que había en el centro del habitáculo. Ella intentó defenderse, siendo casi incuestionable poder hacerlo.
        -No te preocupes, no te vamos hacer daño –comentó la mujer-. Todo esto es parte de la Efigie. Créeme, éste no es lugar al que tienes que tenerle miedo –expuso con una sonrisa fugaz.
        -¿Por qué estamos aquí? –preguntó desconcertada.
        La mujer carraspeó levemente y ordenó que entrasen un grupo bastante singular de personas. En total eran seis, dividiéndose el grupo entre mujeres y hombres. Vestían con atuendos de colores parpadeantes bastante llamativos para el gusto de Kelia.
        -Te presento a la célula de la Efigie. Ellos te van a preparar para la primera prueba de vida –le notificó.
        -¿A qué te refieres con que me van a preparar? ¿Qué me van hacer?
        La mujer se acercó a ella y agarró con repugnancia su ropa.
        -En la Recolecta cuidamos la imagen de nuestros participantes… ¿Creías que te íbamos a dejar vestir de esta forma? –se tapó la boca al querer soltar un alarido de saciedad-. ¡Ni hablar! Me echarían de la célula si te viesen entrar así.
        Kelia fue a quejarse ante lo que estaba escuchando pero no tuvo tiempo. Los nuevos asistentes se involucraron para comenzar la nueva transformación. La mujer se marchó con los dos hombres de esmoquin fuera del habitáculo para dejarla en intimidad.

        Esta vez el tiempo parecía haberse detenido. Mientras su rostro estaba siendo maquillado, su pelo cortado y peinado así como todo el cambio de ropa, Kelia se hallaba inmersa en un profundo pensamiento: ¿A dónde la iban a llevar?. Cuando pudo olvidar por un instante todo aquello que la enloquecía, vio en lo que la habían convertido.
         -Vaya… Eres muy hermosa –dijo una voz familiar a su espalda. La mujer extravagante había vuelto a aparecer para ver a la nueva protagonista.
        Kelia observó su nuevo rostro en el espejo y no podía creer su transformación. No parecía la misma. En sus mofletes resaltaron una sonrojes incapaz de ser reconocida. Sus ojos marrones habían cambiado a un color grisáceo y su vestimenta se basaba en una malla negra que marcaba sus bonitas curvas. De repente, el impresionante espejo se transparentó pudiéndose ver su exterior. Kelia lo examinó extrañada y se bajó de la tarima, acercándose con misterio a él.
        -¿Qué es esto? –preguntó con asombro.
        -Es donde se va a llevar a cabo tu primera prueba –le respondió mordiéndose sutilmente los labios.
        Kelia le miró suplicándole una explicación.
        -¿Esto significa que tengo muchas probabilidades de morir? –tragó saliva identificando miedo en su interior.

    http://www.hechosdesuenos.com/2015/01/la-recolecta-parte-iv.html

  • 2 comentarios:

    1. Mucha intriga el relato soñador ¡¡ me encanta !! cuanto más estoy leyendo más me adentro a la realidad de los sueños

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      1. ¡¡Muchas gracias por comentar, soñadora!!

        Aún quedan muchas cosas por descubrir... Los sueños guardan un misterio que sólo la imaginación es capaz de llegar :)

        Feliz día y a soñar en grande :D

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