• La Recolecta, Parte IV

        


        ¿En qué piensas cuando sabes que vas a morir?... Algunos cuentan que una fila de imágenes y rostros conocidos se presentan frente a ti para recordarte todo el proceso de vida que has llevado a cabo hasta llegar a ese insignificante segundo en el que vivir ya no sirve de nada. Otros, creen que simplemente imaginas lo más bonito que aparece por tu mente. En cambio, yo no puedo pensar nada. Mis oídos toman la más mínima inspiración de la naturaleza como advertencia. Mis ojos no saben quién de los que me rodean será el que quiera matarme… O si todo no es más que una sencilla ilusión. 

        -¡Bienvenidos chicos y… chica! A la primera prueba de vida de la Recolecta –dijo una voz conocida.
        A Kelia le parecía imposible olvidar a una mujer tan extravagante. Su timbre de voz traída por la brisa de las nubes hizo que se le pusieran los pelos de punta.
        -Recordad que habéis sido enviados al bosque más peligroso que está más allá de la gran muralla. Estáis vigilados por tantas cámaras invisibles como magos sentados hay en el gran estadio de la Recolecta –una ovación de aplausos y murmullos de personas cortó por un momento la transmisión. Pero pronto volvió la mujer a hablar-. Recuerden que sois quince guerreros que habéis decidido tener una vida mejor… Aunque para algunos no será eso lo que consigáis. En esta prueba de vida existen diez poderes mágicos que debéis encontrar para hacerlos vuestro. Como podéis imaginar sois mayoría, por lo tanto, utilizad la imaginación para hacer que ninguno de los participantes os robe vuestro tesoro –explicó dejando unos segundos a la reflexión, para luego, continuar con las normas de la Recolecta.
        Kelia miró a uno de los alistados que tenía en frente. El chico estaba consumido y no tenía espíritu de luchador. Sus ojos encarcelados entre cercos de angustiosa oscuridad delataban su opresión. Por la abertura donde terminaba el pantalón se le escapaba un líquido bañado en temor.
        -Tranquilo –le susurró, Kelia. Intentó llevarle un suspiro a sus labios temblorosos, pero no parecía escucharle.
        -Recordad que en cada prueba de vida tendréis una pista que detalla a lo que os tenéis que enfrentar o sobre con qué estrategia es más fácil sobrevivir. Rápido os la comento –expuso con exaltación. Mientras buscaba lo que debía decir, el sonido de la muchedumbre se volvió a escuchar.
        -Menudos estúpidos –dijo enfurecido uno de los alistados.
        -¡Aquí lo tengo! –gritó con entusiasmo la mujer al encontrar -al fin- la pista tan necesaria para sobrepasar la primera prueba de vida-. Entre la extensa vegetación aguarda la manada que entre sus afilados colmillos vuestra carne querrá tener –y al finalizar sus palabras, tragó saliva para proseguir con la última objeción-. Y ya sabéis, no hagáis trampas porque lo vemos todo… En la Recolecta no queremos a tramposos sino a personas que muestran su lealtad. Os mando un cálido beso de compasión. Suerte en vuestra primera, y para algunos, única prueba de vida –su voz desapareció como si el viento la hubiese arrastrado.

        La humedad empezó a caer entre el rocío de los árboles como agujas clavándose sobre una piel helada. Y de la nada, un revuelo se formó. Los alistados empezaron a hablar, siendo muchas de sus palabras irreconocibles por la tensión que se respiraba. Kelia se quedó distante. No sabía qué debía hacer. No sabía por dónde empezar a buscar. Y tras su espalda, un aliento sombrío apareció. Se volteó y se dirigió con peso entre sus pasos hacia los demás que discutían la manera de cómo salvarse todos. Hasta que al final chocó contra uno de ellos.
        -¡Pero… Qué es lo que te sucede a ti! –exclamó receloso al ver la actitud de la joven.
        -Hay algo ahí detrás… -señaló, tragando saliva y sin apartar la vista de unos matorrales.
        El chico pegó un grito para silenciar a los demás alistados y caminó en silencio hacia donde había dicho. La mirada de todos quedó bloqueada ante el desconcierto. A pesar de ser larga espera, el joven alcanzó el objetivo y apartó las ramas del arbusto… Sin hallar nada en él. Un suspiro de alivio expulsó de sus labios y se secó la frente al notar las primeras gotas de desesperación.
        -¡Aquí no hay nada! Tranquila, ¿vale? –se volteó para tranquilizarla. Ni el más rápido segundo pudo escapar del bocado de un feroz lobo. De la vegetación salió una manada de lobos hambrientos que parecían no conformarse con la suculenta presa que sin vida tenían entre sus colmillos.
        Una estampida hacia la salvación se inició hacia el corazón del bosque. Kelia huía junto a los demás alistados de las zarpas de los feroces lobos. Sus cuerpos descomunales le producían una irritación que aceleraba aún más sus furiosos latidos. De su pecho querían escapar, impotentes al no poder traspasar su piel de guerrera. Sus piernas iban perdiendo fuerzas y sabía que algún plan tenía que elaborar para poder salir con vida de esa estampida de la muerte. Decidió, entre el caos, desviarse por otro sendero de la aclamada vegetación. Aunque intentó no ser vista, uno de los lobos vio su estrategia y le siguió con furia. Con mucho que Kelia quería quitárselo de encima, el enorme animal era bastante intuitivo. Parecía conocer todas sus jugadas de antemano. Incluso su olor a humana la delataba.
        Después de un largo recorrido, Kelia pudo confundir al lobo y tomar un pequeño respiro tras un árbol. Su respiración entre cortada por la desesperación le podía delatar, así que se tapó la boca e intentó respirar suavemente. Entonces, lo vio. Ahí estaba. Frente a sus ojos una mágica bola morada flotaba sobre un pantano de arenas movedizas. Sólo unos pasos y seis troncos mal colocados le separaban de su poder. Sabía que si se movía, el lobo se iba a dar cuenta de su escondrijo y tendría que ser muy rápida si quería atraparlo. Sino se vería apresada por las zarpas de una hambrienta fiera. No obstante, dos segundos fueron necesarios para darse cuenta que las oportunidades no pasaban dos veces por sus ojos en un lugar como éste. Kelia se armó de valor y corrió con ansias hacia la nebulosa morada. Detrás pudo escuchar la victoria del salivoso lobo. Saltó los obstáculos que se le aparecieron y cuando sus dedos estaban a punto de alcanzar su objetivo -sólo alcanzó rozarlo- iluminando sus ojos llenos de esperanza, pues la ávida bestia la llevó consigo hasta las profundidades del lago pastoso.


    Continuará...
  • 4 comentarios:

    1. Oye¡¡¡ no se vale tanto suspenso e_e... sigue la historia por favor,
      PD: Empieza a encantarme la mujer extravagante :)

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      1. El blog de los sueños es así, Derly Johana. El suspense, misterio y fantasía brilla por su ausencia... No te puedo decir cuándo volverá otra parte de "La Recolecta" así que atenta soñadora ;)
        ¡¡Muchas gracias por tu comentario!! ¡¡Feliz día!! Saludos y un fuerte abrazo :)

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    2. Tómas me estoy comiendo las uñas jaja ya me quedan tres haci que las dejaré para las siguientes parte que faltan,
      el suspenso me está matando es más hasta sentí que a mi era la que corrían los lobos ,muy emocionante soñador

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      1. ¡¡Me alegra que disfrutes de este relato con tanta emoción, soñadora!!

        Espero que lo sigas viviendo así :)

        ¡¡Feliz día y un fortísimo abrazo, soñadora!!

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