• El Pasadizo de los Magos

        Mientras el caos se apoderaba del gran reino de los magos, Damon y su pequeño grupo de combatientes se dirigían a los misteriosos pasadizos. Tras una pared mágica, que atravesaron sin tener que hacer ningún esfuerzo, se hallaba una enorme puerta de hierro. Esta parecía estar protegida por un poder incapaz de ser inventado por un buen mago. Damon se acercó y con su mano describió la forma del misterioso hechizo. Pudo sentir su energía maligna y como intentaba conquistar el corazón de su mirada. Junto a él se colocó una figura conocida.
        -Es un embrujo del que yo nunca he podido escapar. Esta puerta está maldecida y soy el único que sabe cómo abrirla -le contó el mago.
        -¿Quién lo hizo?
        -Cuando lleguemos al otro lado lo sabrás -respondió.
        El mago le apartó y apuntó con su varita mágica hacia la puerta.
        -¡Atlamuk! -exclamó infalible.
        Una ráfaga de viento salió de la varita arropando sobre neblina de espanto un color morado luminoso. Se lanzó sobre la maléfica magia que había hecho esclava a la puerta y la vistió de un colorido extraño. El revolucionario hechizo creó una agonía casi mortal. Las vibraciones de sus gritos desconsolados fue de tal calibre que nadie del grupo pudo resistirse en taparse los oídos. Una malévola sombra voló desde la puerta encantada y se metió entre las piedras oscuras del pasillo que daba al laberinto, perdiéndose entre las tinieblas. De pronto, la puerta forzada en hierro desapareció dejando entrever un túnel de largas dimensiones y con un pequeño riachuelo partiendo en dos partes la caverna oscura. El primero en dar el paso para entrar en su piel inmerso en maldad fue el mago. Al ver que nada fuera de lo normal sucedió, los demás le siguieron.
        Damon caminaba tras el mago, observando todo su alrededor. Un fresco olor a pútrido intuyó su olfato e hizo que se abanicara con disimulo. No sabía muy bien a dónde estaba yendo y ni quién le esperaba al otro lado. Simplemente, intuía que era el camino correcto a seguir. Cerca de él pudo ver a Míara. Estaba pensativa y, a la misma vez, atenta a su entorno. Últimamente la veía más reflexiva y desde que le dio paso a su mundo interior, tenía la sensación de que le guardaba una información privilegiada y de la cual él desconocía… O no recordaba. Con los ojos clavados sobre su mirada vampiriza, le sonrió siendo correspondido.
        -¿Qué es lo que tanto te preocupa?
        Ella extendió su sonrisa más allá del tiempo y se extraño ante la pregunta.
        -¿Me ves preocupada?
        Damon estiró un poco su ceja y mostró su sonrisa más seductora.
        -Es evidente qué algo rebuscas en tu mente… O tal vez en la mía.
        Míara apagó su mirada y clavó sus pupilas en las de él.
        -Sólo puedo entrar en la mente de alguien, si la otra persona o ser me deja. Tú lo sabes bien -contestó un poco irritada-. Y si quieres saber algo, no intentes sacar la información que tanto te interesa juzgando a alguien que sabes perfectamente como es. Te puedo asegurar que duele más que cuando te acusan sin conocerte de nada…
        -Lo siento. Sólo quería saber qué es lo que te ocurre. Desde que hemos entrado en este túnel, noto que algo en ti ha cambiado. Siento que una revuelta se está formando dentro de tu alma -se explicó, Damon.
        La vampira al escuchar sus palabras sintió como su corazón se encendía después de tantos siglos bajo una triste penuria. Se sorprendió al ver que alguien le decía que tenía alma.
        -Ahora que estamos tan cerca de saber qué sucederá con nuestras vidas… Tengo miedo.
        Damon frunció el ceño. Nunca había escuchado salir de su boca esa palabra. Míara le miró creando en sus ojos oscuros una espiral de estrellas.
        -Cuando lleguemos a la Ciudad Eterna, tú podrás recoger tu recompensa. Volverás para recuperar tu pasado y jamás recordarás lo que ha sucedido -comentó bajando la mirada-. Mientras, yo seguiré luchando para conseguir un mundo donde todos seamos libres.
        Damon acercó su dedo al mentón de la vampira y se lo levantó, obligándole a no discurrirse en su mirada.
        -No te das cuenta de lo equivocadas que estás. Nunca podría olvidarme de ti.
        La vampira escuchó latir con tanta ansia a su corazón que le avergonzó que él pudiese oírle.
        Tras el silencio, el mago paró sus pasos de inmediato. Algo no parecía estar yendo bien. Damon se acercó a él.
        -¿Qué es lo que sucede?
        -¿Escuchas eso? -dijo el mago, señalando hacia la profundidad del túnel.
        Una voz afónica arrastrada por el viento gélido se apreció en la oscuridad.
        -Debemos desviarnos por este pasadizo -señaló el mago-. Porque sino nos descubrirán.
        -¿Quiénes?
        El mago le miró fijamente e inundó sus ojos en un largo misterio.
        -Las almas oscuras.
  • 0 comentarios:

    Publicar un comentario

    Con la tecnología de Blogger.