• Cuento: La Guerrera de los Emperadores


         Hace siglos que sobre la Tierra de los Emperadores una niebla espesa y tenebrosa acordonó su entorno, encarcelando a todos sus habitantes. Desde entonces, una hambruna de catástrofes y sufrimientos rodea la vida del reino. Arrodillándoles a la desgracia y suplicando por una vida donde sus deseos sean escuchados, al menos, en algún momento de sus infortunadas existencias. Nadie se atreve a delatar quién puede ser el causante de esa tranquila forastera vestida de traición porque saben que pueden ser horriblemente castigados. Ningún alma moribunda de la Tierra de los Emperadores se ha atrevido jamás a cruzar su manto nevado de incertidumbre. Muchos saben que su mundo está sumido a la miseria y al reflejo del espejo de la realidad… Y ni el embrujo de una llama de esperanza les hace tener fe -de que- en algún rincón de sus tierras maldecidas pueda existir esa alma que se atreva a vencer lo imposible. 

         Un día más en el cielo gris de la Tierra de los Emperadores se podía dibujar la silueta que la imaginación dejaba entrever a la mente de su pintor. Sobre un bonito monte de naturaleza salvaje y con vistas al poco boscaje verde que se podía apreciar, se encontraba recostada, Sizne. Su pelo liso y extremadamente largo fluía acariciado por el viento. Sus ojos estaban inmersos en el infinito, sin ser capaces de ver más allá de la tenebrosa niebla. Incómoda quiso sentarse para contemplar con más atención su lejano entorno. Levantó los brazos y juntó sus dedos, formando un círculo entre ellos. Se acercó para observar, a través de su aureola inerte, la temida tempestad de desdicha. Seguía sin haber ningún cambio… Hasta que algo que nunca antes había avistado atrajo toda su curiosidad. La masa de aire que envolvía el manto níveo formaba un enorme torbellino en su centro, como si el ojo de un revolucionario huracán se estuviese creando. Un escalofrío candente del mal rozó su piel. Un aire ensordecido envuelto en maldad se posó sobre sus oídos, trayendo consigo un grito de angustia. Sizne asustada decidió levantarse e ir corriendo hacia su casa. Cuando llegó a ella, bebió un poco de agua y fue a su habitación. Se acostó sobre su cama moribunda de sábanas limpias y sin abrigo con el que resguardarse. Cerró los ojos y quiso olvidar lo que había sentido. Pensó que, tal vez, lo ocurrido tenía que significar algo. Pero creyó más conveniente olvidarlo todo y hacer como, si nada de lo que sintió, hubiese ocurrido en algún momento de su historia. Se envolvió entre sus rodillas y dejó que el sueño fuese el cómplice de su frustración.
         -¡Sizne, ayúdanos! –gritó una voz en la oscuridad.
         -¡Mamá!
         -¡Ayúdanos! –exclamó otra voz bastante conocida para Sizne.
         -¡Papá!
         -¡Sácanos de aquí, hija!
         -¡Qué está ocurriendo! –la angustia estaba recorriendo su cuerpo.
         -¡Ya vuelve otra vez!
         -¡Quién! –Sizne sentía la desesperación con la que le hablaba sus pensamientos.
         -¡No! ¡No!

         Sizne se despertó bañada en sudor y con lágrimas en los ojos. Otra noche más había soñado con sus padres. Hacía unos cuantos años que decidieron salir en busca de respuestas y al aventurarse en la niebla nunca más volvieron a salir. Sizne miró por la ventana y se preocupó de cuanto había dormido. Era de noche y tenía el alma en un grito. Fue hacia su armario se puso ropa cómoda, atrapó entre sus manos una mochila y en ella guardó una linterna y una daga que le había regalado su padre. Se la colgó en la espalda y decidió salir al exterior. La luna alumbraba con mucha fugacidad y el mundo dormía ante sus ojos. En silencio avanzó, salteando hogares sumidos en la oscuridad y valles envueltos en locura, hasta alcanzar el perímetro donde comenzaba la espumosa niebla. Abrió su mochila y sacó la linterna. Suspiró profundamente antes de dar el paso que no sabía si debía dar. Su mirada se iluminó como dos luceros envueltos en magia y entro en la densa neblina. Frío fue lo primero que sintió y segundos más tarde notó como su cuerpo se acostumbró a él. Sizne presentía que alguien extremadamente cruel tenía que ser el gobernante de ese escalofriante hechizo.

         Mientras avanzaba en su camino al descubrimiento se volteó descubriendo lo que ya esperaba. Su alrededor era una nube de invierno infernal. De repente, su linterna empezó a fallar. Sizne le dio un ligero golpe intentando no quedarse sumida en la oscuridad, pero el destino no escuchó su deseo. Su alrededor se quedó en un oscuro caos. No obstante, la perplejidad se ahogó en un destello ante la grandeza de su valentía. Ella siguió sus pasos sin temor a lo que pudiera encontrar. Poco a poco la niebla se fue fundiendo en el aire y desapareció sin más. Sizne quedó impresionada cuando al fin pudo ver en donde se encontraba. Un precioso bosque apagado era el lugar que estaba transitando. A lo lejos se dibujó la presencia de ese torbellino que vio en lo alto del monte. Sizne fascina emprendió una carrera hacia el misterio. Tres pasos veloces fueron suficientes para sentir que no estaba sola. A su espalda algo revoloteo entre las sombras. Se volvió para ver si podía entender de qué se trataba. Una voz oscura se expandió en el silencio del viento. Sizne asustada caminó hasta chocar sin esperarlo contra el tronco de un árbol.
         -Puedo verte… -dijo aquel que se escondía entre las sombras.
         Sizne miró en todas las direcciones posibles, pero no fue capaz de ver nada. No sabía a quién pertenecía esa voz deshecha por la maldad. Se agachó frustrada y notó como unas manos le cogían los hombros y le escondían tras el árbol. Un niño de ojos grandes y verdes, resguardado bajo una capa azul brillante había sido el responsable de que por un minuto se le parase el corazón.
         -¿Quién eres? –le preguntó desconcertada.
         -No hagas preguntas. No hay tiempo que perder –respondió el joven.
         Tras sus palabras se formó un acontecimiento inesperado para Sizne. Un grupo enorme de personas de diferentes edades se pusieron a su alrededor, ocultándose bajo capas azules.
         -¿Quiénes sois? –estaba bajo el hechizo del desconocimiento.
         -Somos los que hemos querido vencer a la terrorífica niebla y no hemos podido. Si quieres sobrevivir aquí tendrás que llevar una capa como nosotros –explicó el niño cogiendo de las manos de otro encapuchado la prenda de supervivencia.
         -No pienso quedarme aquí. He venido para salvar a mis padres y destruir el encantamiento.
         -Eso es lo que queremos todos, pero el ser oscuro es muy poderoso y no podemos hacer nada contra su magia –le advirtió-. Por favor, tienes que hacernos caso.
         Sizne le miró consternada y decidió obedecer sus palabras. Bajó de sus hombros su mochila y, junto a la furia de una lágrima brotando de su lagrimal, se puso la capa. El grupo de refugiados miraron boquiabiertos a la chica cuando la capa se enredó en su cuerpo. El esperado abrigo cambió su color de azul a dorado. Deslumbró con tanta fugacidad que el cielo se abrió para que la luna no tuviese que perderse nada.
         -Vaya… Eres la guerrera que todos estábamos esperando que llegase –comentó emocionado el niño.
         -¿Qué es lo que ha ocurrido?
         -Eres la guerrera de los Emperadores.
         Todos los que la rodeaban se arrodillaron ante ella, sirviéndola de líder. Sizne no sabía cómo reaccionar. No entendía por qué la capa había cambiado de color. El niño se acercó a ella y le susurró unas palabras.
         -Ahora debes ayudarnos a volver a nuestros hogares. Tienes que vencer al mal.
         Y sin casi poder anunciar una mísera palabra, el entorno se ahogó en un silencio. El grupo se esfumó con la misma facilidad con la que llegaron… Sin avisar. Sizne creyó por un instante que todo había sido fruto de su imaginación. Sin embargo había un pequeño detalle que no se evaporó como de la nada. Su capa dorada seguía escudándola de la oscuridad. Y su mochila seguía intacta en su espalda. Sizne se posicionó en el mismo camino en el que estuvo y caminó lentamente hacia el torbellino de tinieblas que esperaba en el fondo. Cuando llegó a él, el viento alocado que maltrataba el bosque parecía ser inofensivo para ella. La capa mágica la aislaba de todo mal. Se acercó hasta el causante de la tenebrosa niebla. Un pozo oscuro, maldecido por la magia negra, había sido abierto y de él estaba brotando la maldad. Sizne se dirigió hacia la roca que taponaba la boca de la perversidad cuando unos harapos negros se presentaron ante sus ojos. Un increíble ser tragado por la desgracia apareció aboliendo toda esperanza de tapar el agujero del pozo. Su expresión oscura sin rostro y su poderosa energía malévola hicieron que la chica volviese antes sus pasos, muy lentamente. El ser oscuro alzó una de sus manos provocando una caída dolorosa de la joven sobre la fría hierba. Se acercó a ella e hizo aparecer mágicamente una espada bruna. Sizne se apartó lo más rápido posible del monstruo de las tinieblas y sacó con astucia su daga. Una luz cegadora la ciñó convirtiéndola en una increíble espada dorada. Enseguida se dio cuenta que la capa le había otorgado ese poder majestuoso. Así que aprovechando su rebeldía, se puso en pie y emprendió una lucha contra la bestia consumida en desgracia.

         Después de una batalla donde no hubo tiempo de huir del horror. La espada del ser oscuro aniquiló el poder de la espada de Sizne. Llevándola a la desesperación y viendo como se abalanzaba sobre ella para terminar la partida. Se encerró en su capucha y ésta hizo que desapareciese. El ser endemoniado por la ira miró perplejo a todas las direcciones posibles…. Y parecía que a la joven se la había tragado la tierra. Una luz próxima a la enorme piedra que tapaba la majestuosa garganta del pozo reveló que la chica había ido a parar ahí. Con las fuerzas propias de un fuerte guerrero cogió la pesada piedra y tapó el túnel libertino en maldad. Un grito desolador fue expulsado por el maleante ser oscuro y la neblina empezó a consumirse en angustia. Finalmente se evaporó junto a su ejército de las tinieblas y Sizne cayó rendida sobre la tierra húmeda, absorbida por el poder. Su mirada se fue apagando hasta que la intensa oscuridad se hizo dueña de sus pensamientos.
       
         -¿Sizne? ¿Hija? ¿Estás bien?
         Una luz brillante entró en sus pupilas creando una tormenta dañina. Sizne levantó su mano e intentó frenar tanta claridad. Cuando consiguió tener conocimiento pudo ver que se encontraba en su cama. Y quienes le hablaban eran sus padres. Pegó un brinco y les abrazó. Un llanto de felicidad inundó sus ojos.
         -¡Estáis vivos! ¡Estáis a salvo! –gritó emocionada.
         -Claro que sí, hija –contestó la madre, mirando confusa al padre-. ¿Cómo íbamos a estar?
         Sizne les miró y sonrió. No se podía cuestionar si todo se había solucionado. Miró entusiasmada por la ventana y saltó de alegría al ver que la niebla había desaparecido.
         -Bien, hija. Vístete que hoy tenemos que ir a comprar eso que tanto querías –mencionó el padre-. Te esperamos fuera.
         -Sí, enseguida voy.
         Sizne abrió el armario y se puso a buscar entre su ropa aquello que le podía sentar bien para festejar un día tan especial. Mientras revoloteaba entre tantas chaquetas de abrigo, una captó toda su atención. Una capucha dorada, brillante como las estrellas, estaba tirada junto a sus zapatos. Se agachó para cogerla y se la puso orgullosa. Salió de su casa y no pudo quedarse más sorprendida. Su alrededor era el mismo que hacía unos cuantos años… Los mismos que cuando desaparecieron sus padres. A lo lejos una pequeña neblina empezó a ocultar el bosque. Y tenían que atravesarla para poder llegar al lugar que quería visitar su padre.
         -Cariño ¿Qué haces con esa capucha? –preguntó extrañada la madre.
         Sizne le miró y le cogió la mano.
         -Me siento cómoda con ella. Me recuerda lo importante que es no repetir tus errores porque nunca se sabe si tendrás de nuevo la oportunidad de volver a solucionarlos.
         La joven junto a sus padres se despidió de su hogar para marchar hacia una aventura de la que ahora sabía cómo enfrentarla.


  • 6 comentarios:

    1. Niebla, armarios, espadas, emperadores en la trastienda del cuento que no puede pasar inadvertido. Me gustó y por culpa de Zisne y compañía me retrasé en las invitaciones que estoy haciendo en el día de los escritores. Bien Tomás Dagna. Regia ilustración.

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      1. ¡¡Muchas gracias por tus palabras, Egle!! Me alegra saber que lo has disfrutado, soñadora :) ¡¡Saludos y feliz fin de semana!! :D

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    2. Feliz día del escritor Tómas, lamento lo tarde del saludo querido amigo. Deseo que nunca cambies, eres un ser excepcional.
      Tu cuento es maravilloso

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      1. ¡¡Muchas gracias por la felicitación, Patricia!! ¡¡A seguir soñando y no dejes nunca de hacerlo, soñadora!! Saludos y feliz noche :) ¡¡Un fuerte abrazo!! :D

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    3. Precioso cuento! Ideal para una noche de cuentos con mis nietas!!

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      1. Espero que tus nietas y tú la hayaís disfrutado, soñadora :)

        ¡¡Un fuerte abrazo y a seguir soñando!!

        Nunca dejes de soñar :D

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