• Cuento: La Caverna de los Milagros


         Entre las sombras del silencio roto y los fantasmas agonizantes de la niebla poderosa. Junto al fruto de la voz aullada del lobo cantador de la luna llena y la del oso encandilado por el refugio de su propia sombra. Frente al espejo de las aguas templadas, donde se recoge el goce de un bonito atardecer, absorbida por los pocos rayos del sol saliente que adorna -de un especial colorido- las raíces de los desesperados que intentan escalar desde las entrañas de la vegetación dormida… En la eterna oscuridad de un suspiro inundado de esperanza, espera el secreto mayor guardado de aquel que guía sin saber hacia dónde es preciso ir. A tres palmos de la innata inteligencia y construida entre la penuria oculta de los que no tienen corazón. La caverna de los milagros espera ausente y paciente a que su mayor fruto sea descubierto por aquel que consiga ver el misterio que encierra entre sus paredes de cristal blindado. 

         La brisa fresca que arrastraba las nubes que cabalgaban el cielo vacío se pegó con entusiasta suavidad sobre la piel de Derik. Una vez más se hallaba sobre el filo de la montaña, a punto de saltar al precipicio para adentrarse entre la vegetación descuidada. Al fondo podía destacar un inmenso manto de océano, tan azul como el brillo especial de sus ojos. Sus orejas puntiagudas detectaron el cambio de rumbo del aire que respiraba las montañas verdes. No había tiempo que perder, se había acercado la hora. Con su mano cogió una tabla tremendamente larga y robusta. Se subió en ella y emprendió un venturoso viaje hacia las entrañas del gran bosque. Sin saber a cuánta distancia estaba de su casa, se distrajo observando el piar de los pájaros. Después de tantos años visitando el mismo lugar, era la primera vez que caía en el hecho de que existiese algún tipo de vida diferente a la suya en aquel paraje. Sonriente, quiso deleitarse de su canto, mostrando su admiración silbando su alegre melodía. Paseó persiguiendo el vaivén del colorido pájaro, dibujando círculos y estrellas con las plumas de sus alas. Tras unos pasos que se convirtieron en muchos metros de caminata indecisa, una piedra en el camino interrumpió la alegre cantinela y provocó una caída en picada hacia la húmeda tierra. El cruel sonido del impacto hizo florecer el terror en los ojos alocados del ave, que dibujó entre las hojas de los árboles una huida de espanto. Derik se levantó dolorido y se limpió el cuerpo magullado. Miró a su alrededor abobado por un espantoso descubrimiento. Las historias que citaban que existía un lugar en el que su nombre estaba escrito por falsas leyendas, estaban siendo descubiertas por los ojos de un pequeño elfo plateado. Junto a su mirada de niño asustado, una espeluznante cueva oscura abrazada por las raíces destructoras de los árboles milenarios se descubría dejando al pobre joven elfo con la afonía en los labios. Varias luces rojas se formaron en las tinieblas de la cueva. Las nubes taparon los pocos rayos de luz que el sol irradiaba con fuerza ante el temor de perderse en la oscuridad. Unos aullidos bañados por una saliva escamosa deleitaron el comienzo de una estampida. Derik agarró con fuerza a su corazón desbocado y apresuró a sus piernas para que corriesen lo más lejos que pudiesen. El joven elfo no sabía cómo iba a poder escapar de allí, sólo deseaba que sus enclenques pies no les pasaran factura y le ayudasen a escabullirse de las zarpas de los furiosos guardianes de la penumbra. Tras pasar muchísimos árboles exuberantes de belleza y cientos de rocas afiladas que cundirían al desfiladero de los horrores, un estrecho riachuelo cortaba el paso hacia el lado menos salvaje y más próspero del misterioso bosque. Saltó sobre él para introducirse entre sus frías aguas, libres de demonios, viendo como el paso de los furiosos depredadores era cortado por el miedo a cruzar al otro lado. Con mirada asustada y el aliento en desbocado, Derik se alejó de la furia del bosque para adentrarse en la Ciudad Protegida. El lugar de donde cada día se escapaba para olvidar lo que en ella se ocultaba.

         La tarde se había despertado con el sol cayendo entre las sábanas enredadas por un aflorado sol violeta. Derik no dejaba de pensar en lo que había sucedido esta mañana y preocupado decidió ir en busca de respuestas. Creyó más conveniente rebuscar entre los pensamientos de lo más sabios. Se dirigió al Templo de los Dioses donde toda la información del pasado se encontraba impreso en libros llenos de polvos. Gracias que su mejor amiga, Seryna, hacía ya unos cuantos años que decidió custodiar la vigilancia de un gran tesoro que todos desprestigiaban. Al fondo de un pasillo lleno de enormes estanterías doradas se la podía ver ojeando los libros más antiguos. Derik se acercó sin levantar sospechas hacia ella.
         -Menos mal que te encuentro -le dijo.
         Seryna pegó un brinco desorbitado. Se llevó la mano al alma y luego la subió a sus labios.
         -¡Derik! -exclamó enfadad-. Me has pegado un susto de muerte.
         El joven elfo miró a su alrededor y se permitió una carcajada.
         -Bueno… Así tendrías algo con lo que parecerte a este lugar que tanto proteges.
         Ella enarcó una ceja y dejó que su expresión soberbia se delatase por sí sola.
         -¿Qué es lo que quieres? ¿No ves que estoy trabajando?
         -Necesito tu ayuda -dijo, Derik.
         -¿Qué ocurre? -preguntó presintiendo en su hilo de voz una trastada de las suyas.
         Derik le explicó con todo flujo de detalles todo el acontecimiento vivido, observando como ante cada palabra salida de su boca a su amiga se le iluminaban más sus ojos oscuros.
         -Ven, quiero enseñarte algo -expuso, Seryna cuando escuchó su aventura.
         Derik recorrió cuatro pasillos hasta llegar a una sala donde miles de libros se alistaban desordenados sobre cientos de mesas. Su buena amiga se acercó a una de ellas, decorada con la silueta de un dragón tallada en madera y adornada con pintura mágica. De una montaña de libros sacó uno que parecía tener más siglos sobre su espalda que la suciedad que decoraba su entorno, malgastado y esclavizado. Seryna formuló un soplo de paciencia y arrastró toda su precariedad. Lo abrió y con su delgado dedo buscó hasta encontrar lo que deseaba formular.

         La Caverna de los Milagros se encuentra en las entrañas profundas del bosque de la Ciudad Protegida. Su entorno de naturaleza salvaje y leyendas que dibujan su piel cautiva espera a su descubridor para que lleve hasta su pueblo lo que el mundo anhela desde hace siglos: La semilla de los milagros. Una cúpula de cristal es el escondrijo de la eterna sabiduría. Sólo el elegido podrá ser capaz de ver lo que en ella se escribe y será el responsable de llevarla ante su pueblo. La llama de la razón será la encargada de avisar a los guardianes de la noche que el nuevo héroe ha llegado para salvar a todos los esperanzados. Tras el comienzo de la nueva era, un nuevo líder se proclamará victorioso y la Ciudad Protegida reinará sin ser esclava de los que quieren abatir al pensamiento. 

        Derik mantenía el asombro bajo sus cejas y miles de dudas entrecortadas en su garganta. No dotaba de ningún sentido lo escuchado. Para él sólo eran palabras escritas sin sentido alguno. Una invención de aquellos que se llamaban dioses de la sabiduría.
        -No has entendido nada de lo que te he citado, ¿verdad? -le preguntó, Seryna.
        Él simplemente levantó un poco sus hombros y meneó su cabeza.
        -Derik… Has descubierto la Caverna de los Milagros. Según lo leído, puede que seas el nuevo líder que de un hálito de esperanza a Ciudad Protegida -Seryna sonrió con alegría-. Tal vez lleves un cambio de mentalidad a aquellos que han creado el poder de callar al pasado.
        -Pero, si nunca he tenido un don especial como lo tienes tú, por ejemplo. Eres increíblemente buena encontrando claves en libros antiguos… En cambio, yo nunca he servido para nada en esta sociedad -con la mirada atada a sus pies, concluyó-. Sería imposible que fuese el líder que esta ciudad quiere tener.
        -¿No te das cuenta, Derik? Si leyeses un poco todos los días sabrías que los grandes descubrimientos lo crean los que se creen unos fracasados -Seryna le levantó la mirada e iluminó sus ojos-. Los mayores héroes viven ocultos hasta que les llega la hora de ser descubiertos.
        Derik le quitó la mirada y se volteó para marcharse. Estaba aterrado y asustado.
        -¡Derik!
        El joven paró sus pasos y giró un poco su cabeza para escuchar las últimas palabras que tenía intenciones de oír por hoy.
        -Esta noche te esperaré en la entrada del bosque y me enseñarás la Caverna de los Milagros. Una vez que se descubre no puedes tardar en visitarlo porque sino la magia desaparecerá hasta que encontremos al siguiente elegido.
        Derik sin pronunciar una sola palabra siguió caminando, arrastrando toda la incertidumbre propia de un temor imposible de sostener.

        Ya era de noche y la luna absorbía la luz de las estrellas. El aire estaba siendo más frío que el de la mañana y en el paseo de entrada del bosque no había nadie. Derik no sabía si había hecho bien en ir a ese lugar, pero algo dentro de su consciencia le decía que su amiga tenía razón. Por lo menos, tenía que intentarlo. A pesar de que los segundos se consumían en la eterna noche, el joven elfo tenía la sensación de que ninguno de ellos pasaba a su lado. Después de una espera interminable, Seryna se dejó ver por fin. Se colocó a su lado y movió un poco sus orejas sensibles al destino.
        -Parece que no existe ningún peligro en estos momentos -dijo con manos temblorosas.
        -No es aquí donde aguarda el peligro… -comentó trasladando su mirada a la profundidad del bosque.
        Se adentraron en el frondoso bosque iluminado por las luciérnagas y caminaron por el camino idóneo hasta llegar al pequeño riachuelo. La otra parte del bosque se mantenía oscura y expectante. Su sumida oscuridad declaraba la guerra a la tranquilidad del alma y llenaba de misterio el corazón del viajero.
        -No podemos entrar sin algo con lo que alumbrar el camino -comentó, Seryna.
        Derik observó su alrededor y vio en la lejanía unos troncos de madera. Se acercó a ellos, sin hacer ruido, y tomó prestado dos de ellos. Volvió junto a su amiga y le ofreció el que tenía un grosor menos exagerado, para que pudiese agarrarlo bien con sus delicadas manos.
        -Ahora necesitamos encenderlo con fuego…
        El joven elfo le levantó el brazo e hizo lo mismo con el suyo. Ambos troncos fueron acariciados por la luz brillante de la luna y, por arte de magia, la madera se enfundó en una llama.
        -¿Cómo sabías esto? -preguntó impresionada.
        -No es la primera vez que vengo al bosque… Es mi refugio preferido -se explicó mostrando una bella sonrisa.
        La magia del bosque les otorgó lo necesario para seguir su recorrido. Avanzaron iluminando el camino hasta llegar a la que decían que se llamaba la Caverna de los Milagros. Su entrada estaba custodiada por sus fieras criaturas. Bajaron con rapidez hasta donde estaban ellos y les rodearon en círculos. Seryna se agarró con mucha fuerza a Derik. Tenía el corazón en un puño y el puño estrujando la valentía de sus palabras. El joven elfo, esta vez, no sintió ningún miedo. No sabía qué le ocurría, pero no tenía ni la más mínima inquietud. Miró a los lobos sedientos de un poder oscuro y estos bajaron sus lomos en reverencia. Seryna quedó conmovida con el acontecimiento y siguió sus pasos hasta la entrada la caverna. Las tinieblas parecían dibujar su boca espectral, aunque no tuvieron cavidad a la magia del fuego que las iluminaba. Avanzaron lentamente acogidos por las miradas de las rocas, pulidas de miseria. Llegaron hasta una mesa fundada en piedra donde espera una extraordinaria bola de cristal. Su luz se mezcló con la de sus antorchas y llenó de esperanza la caverna. Derik se acercó a ella, boquiabierto y con una mezcla de entusiasmo y sorpresa cosquilleando su estómago. Alzó sus manos y las colocó en ambos lados de la cúpula cristalina. Esta se iluminó, mostrando el nuevo reto a realizar. Una casa creada por los dioses y una mesa con las almas de los dragones era el hogar donde debía descansar la bola luminosa. Unos segundos duró la revelación y fueron suficientes para que Derik supiese qué debía hacer. Abandonó, junto a su amiga, el lugar donde la oscuridad se adentró teñido de advertencia para que nadie pudiese robar su prodigioso tesoro.

        Antes que la luz del alba calentase el nuevo día, Derik se vistió y apuró el paso hasta llegar al Templo de los Dioses. Corrió hasta el fondo del pasillo para encontrarse con Seryna. Ambos suspiraron y fueron con paso ligero hasta la sala donde una mesa de madera, llena de polvo y de emoción, encerraba las almas de los dragones de los antepasados. Quitaron todos los libros que había encima de ella y pusieron la bola de cristal encima de ella. Esperaron a que pasara un acontecimiento único y mágico, pero nada sucedió. Derik extrañado intentó cogerla para colocarla en otra posición. Entonces, sus manos se quedaron pegadas a su cúpula de fantasía y de ella salió un fulgor propio del destino. Ciudad protegida quedó atrapada por un manto blanquecino durante unos minutos. El joven elfo vio como sus ojos se iluminaron y escuchó el silbar de un pájaro cantarín. Luego, todo volvió a la normalidad. Seryna se quedó prendida en los ojos de Derik, sin explicarse qué era lo había sucedido. Sobre la puerta cerrada del Templo de los Dioses unos golpecitos llamaron. Derik y Seryna caminaron curiosos hacia la puerta. Él extendió su brazo y con su mano la abrió. Una luz cegadora apareció, ocultándole la realidad a su visión. Después de unos segundos, Derik salió al exterior para ver aquello que nunca pensó que ocurriría. La extensa población de Ciudad Protegida se había trasladado hasta los muros de piedra antigua del Templo de los Dioses para arrodillarse ante él.
        -¿Qué es lo que está sucediendo? -preguntó desconcertado a su amiga.
        -Lo que antes te dije, gran amigo… Los mayores héroes viven ocultos hasta que les llega la hora de ser descubiertos -dijo con lágrimas mojando sus ojos, envueltos en ilusión-. Eres el líder que todos deseábamos tener.
        Derik observó emocionado como el mundo le había regalado el mayor de los regalos posibles… Ser la imagen de una nueva era de sueños.

  • 18 comentarios:

    1. Excelente relato, mezclando el mundo de lo onírico y lo real. Me ha encantado, sin duda.

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      1. ¡¡Muchas gracias por el comentario, Alex Palahniuk! Me alegra que hayas disfrutado con este cuento :) ¡¡Feliz miércoles!! ¡¡Y a seguir soñando, soñador!! Saludos y un fuerte abrazo :D

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    2. Precioso, como la magia, los sueños y la realidad, se pueden unir de una forma tan magnífica. Una vez más, nos haces creer en el poder de los sueños!!!

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    3. Precioso, como la magia, los sueños y la realidad, se pueden unir de una forma tan magnífica. Una vez más, nos haces creer en el poder de los sueños!!!

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      1. ¡¡Muchas gracias por tus palabras!! Me encanta leer cosas así porque vosotros -los soñadores/as- me demostráis que hay personas estupendas que no dejan de luchar por sus sueños :) ¡¡Feliz día!! Saludos y un fuerte abrazo :D

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    4. Hola. un gran cuento entre realidad y ficción. Escribes super bien. Seguimos en contacto

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      1. ¡¡Muchas gracias por tu comentario, Marta!! Me alegra que te haya gustado y hayas disfrutado con él. Claro, estamos en contacto ;) ¡¡Feliz día!! ¡¡Saludos soñadora!!

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    5. Es increíble como nos llevas de la mano o por la inspiración a través de las letras con esa mezcla de magia irreal, me encanta!!
      Saludos

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      1. ¡¡Muchas gracias por tu comentario Rosa B.G!! Me alegra leer tus bonitas palabras hacia mi literatura :) ¡¡Feliz día soñadora!! Saludos y un fuerte abrazo :D

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    6. Un relato cautivador, los cuentos de duendes y hadas siempre seran de primera linea y con el maestro de los sueños, nada más que pedir.
      Un saludo con abrazo incluido gran soñador!!!

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      1. ¡¡Muchas gracias por tu bonito comentaio Pavel Gaitan!! Me alegra que lo hayas disfrutado :) ¡¡Que tengas una gran tarde soñador!! Un saludo y abrazos :D

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    7. Una fantástica manera de soñar un nuevo mundo. Bella narrativa.

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      1. ¡¡Muchas gracias, Jenny!! Todo lo que sea soñar está permitido :) ¡¡Saludos y feliz comienzo de semana, soñadora!! :D

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    8. Hola Tomás.
      Es una muy buena historia. Una gran imaginación muy bien plasmada en la misma.
      Me gustó mucho.

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      1. ¡¡Muchas gracias por tus palabras, Ricardo!! Me alegra mucho que la hayas disfrutado :)

        ¡¡Feliz lunes lleno de muchos sueños, soñador!!

        Saludos :D

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      1. ¡¡Muchas gracias, soñadora!! Ahora, ¿crees en los milagros? :)

        Feliz día y un fortísimo abrazo :D

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    10. Cuando una persona se siente insignificante ,no se da cuenta que dentro de su espíritu existe ese héroe que puede cambiar la vida ,creer en sí mismo te lleva a que se cumplan los milagros .¡¡La fé mueve montañas soñador !! Un hermoso cuento que da una ilusión a los milagros

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