• El Reflejo de los Visitantes

         El mago cambió su ruta y probó suerte por el enorme pasadizo que tenía a su izquierda. De su interior salía un aire bendito en gloria, reluciente de una maldad incómoda. Míara caminó hasta colocarse junto a Damon y supuso que –tal vez- sus miradas se contasen lo que estaban pensando. El temor que estaban presintiendo.
         -¡Eh! –Damon hizo que los pies del mago parasen por un segundo-. ¿Y si éste no es el pasadizo correcto? ¿Conoces hacia dónde nos lleva?
         El hechicero se acercó a él, pintando en sus labios marcados por el tiempo la furia de la ignorancia.
         -¿Crees que sería lo bastante insensato para arrastrar bajo la sombra de mi mandato la muerte del grupo?
         Damon se quedó sin palabras y le hirió que una pregunta fuese la lanza que le bloqueara el paso de lo que verdaderamente creía. Fijó sus ojos en la humedad que calaba hasta el alma de las piedras y no formuló ni tan siquiera un sonido.
         -Mejor que sigamos caminando por este sendero –concluyó el mago.
         El grupo volvió en su movilización, pasando por ambas partes de Damon y Míara. Ambos parecían bloqueados e indecisos. A lo lejos, entre la infinita oscuridad, se seguía escuchando las voces del misterio. La suave mano de porcelana de la vampira se posó sobre su hombro y él no pudo resistirse en mirarla. Siempre tenía buenos consejos con los que abanicar el silencio de sus palabras.
         -Puede que tenga razón… Hay que creer en nuestros impulsos, pero a veces, también tenemos que creer en los de los demás –apartó su mano y le mostró una sonrisa cálida. Avanzó por el camino para reunirse con el grupo.
         Damon suspiró profundamente y volvió su mirada hacia el túnel. Arrugó la frente creyendo que algo se movía entre las sombras. Luego, con unas de sus manos se apretó con algo de fuerza sus ojos, como si de visiones se tratase. Los abrió y no visualizó a nadie entre la eterna oscuridad. Una vez más, su instinto de cazador le estaba jugando una mala pasada. Sin darle más vueltas a su cabeza, se dispuso a abandonar a sus pensamientos y se adentró en el pasadizo donde le esperaba sus compañeros.

         Desde lo alto del pasadizo. Unas rocas puntiagudas enfilaban al caos. Por sus gruesos dientes hechos de rocas húmedas, se deslizaban unas gotas de maldad que caían sobre los nuevos aventureros. A medida que avanzaban, el frío iba entrando en los pulmones cálidos de los visitantes con más esmero. Damon respiró el aire y lo expulsó creando una sutil niebla. Notó que a medida que iban avanzando, la temperatura se resistía en superarse. El aire se estaba condensando y los ojos lloraban agua cristaliza. La escarcha parecía apoderarse de su piel con la misma rapidez con la que se enfurece al volcán más temido. No sabía cuánto le quedaba de camino hasta llegar al otro lado, desconocido, pero se estaba empezando a preguntar si lo harían en algún momento. Parecía que estaba envuelto en un aura de misterio imposible, incapaz de saber si podría salir de él. De pronto, todo el grupo se paró. Parecía que un nuevo peligro acechaba en la lejanía. Damon se acercó al mago para ver qué era lo que estaba sucediendo y sus ojos se llenaron de una escalofriante sorpresa.
         -¿Cómo vamos a seguir avanzando?
         El pasadizo se hallaba hundido por unas aguas de las que no se veía la profundidad. Sólo se reconocía de él, el reflejo de los visitantes.
         -Tendré que utilizar la magia para congelarlo –citó el mago. Se aproximó hasta la orilla y sumergió unos centímetros su hechizado bastón. Cerró los ojos y formuló un conjuro bastante peculiar. El eco de su maldición se escuchó revuelto entre la profundidad del pasadizo. Sin embargo, el agua no se congeló. Seguía teniendo ese color inexplicable donde dejaba cabida al rostro del grupo. Parecía el espejo que hacia mucho tiempo que nunca veían.
         -¿Por qué no ha funcionado mi magia? –se preguntó atónito.
         La sirena dio un paso adelante y se puso muy cerca de ellos.
         -Estas aguas están malditas –comentó sin dejar de mirar a aquello que hacía referencia sus palabras-. Podría atravesarlas y decirles a qué distancia estamos del otro lado –finalizó propagando una solución.
         -¡No! Nada de eso. No voy a permitir que se ponga en peligro la vida de ninguno de nosotros –dijo, Damon.
         -Si podemos cruzar hasta el otro lado gracias a su ayuda ¿Por qué no intentarlo? –comentó la niña maldecida por la ira-. Además, qué importa si se muere ahí abajo… Si nos quedamos aquí, moriremos todos igual –cerró sus palabras mostrando una cruel sonrisa.
         Damon fue hacia ella y la cogió con fuerza por los brazos. Sus dientes rechinaban de un odio insoportable.
         -Da suerte que sigues con vida… Cuando llegue el momento que tanto deseo, me suplicarás que te mate –sus manos podían sentir cómo estrujaba sus huesos.
         -Me estás haciendo daño –soltó ella, sin añadir ningún gesto de dolor.
         Míara fue hacia Damon dispuesta a tranquilizarle.
         -Por favor, suéltala. Sabes que no vale la pena esclavizar tu alma por alguien que no la tiene –le intentó calmar.
         Damon fue desvaneciendo sus fuerzas y la soltó al fin. Se volteó y fue en dirección a la sirena.
         -¿Crees que puedes hacerlo?
         -Sí. No he nadado en aguas tan oscuras como estas, pero puedo conseguirlo –expuso sonriente.
         -Bien, vamos a intentarlo –confió en su poder.
         La sirena arrastró sus pies hasta las proximidades de donde partía el agua. Los sumergió y esta esclavizó con mucha rapidez su piel humana, convirtiéndola en escamas brillantes. Damon fue hacia ella, se agachó y le acarició el moflete.
         -Cualquier peligro que encuentres, vuelve y no te arriesgues.
         Ella le facilitó la afirmación con una dulce sonrisa.
         -Mucha suerte.
         Y tras un pequeño aleteo, todos quedaron a la espera de que volviera con buenas noticias.




  • 4 comentarios:

    1. Respuestas
      1. ¡¡Muchas gracias por tus bonitas palabras, Beatriz!! Me alegra saber que la has disfrutado :) ¡¡Feliz y genial día de ensueño, soñadora!! Saludos y un fuerte abrazo :D

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    2. Gracias por compartir tus sueños para permitirnos a los demás seguir con los nuestros... Eres pura magia!! :)

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      1. ¡¡Muchas gracias por regalarme un comentario tan bonito!! Espero que el blog donde los sueños descansan sea un lugar donde puedas llenarte de sueños y superación :) ¡¡Feliz día!! Un saludo soñador/a :D

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