• El Valle Oculto de las Diosas, Final

         Dik se quedó confuso y se extrañó de una respuesta así. Lo menos que esperaba es que fuese un conocido para ella.
         -¿Me conoces? ¿Cómo…? –una queja enfurecida por el colorido Pegaso hizo que el humano no pudiese terminar su nueva pregunta.
         Olleix tranquilizó al animal acariciándole y susurrándole unas palabras que cogieron sintonía.
         Dik cortejó el acontecimiento, plantando una sonrisa en sus labios y engendrando sobre su mirada de bambú el asombroso espectáculo que estaba viviendo. Le dio un vuelco al corazón cuando vio como la voz de la desconocida hacía que su cuerpo –marcado por numerosos símbolos- se iluminase, dejando paso a la teoría de lo mucho que quedaba por descubrir. El animal se fue tranquilizando y, pronto, se venció a la diosa. Olleix le miró y dio unos pasos hacia él.
         -¿Cómo has llegado hasta aquí?
         -Aún no has contestado a mi pregunta. Cuando lo hagas, contestaré a la tuya –le propuso el joven-. ¿Por qué me conoces?
         La Herea aclamó un silencio y se volteó, encogiéndose de hombros, pidiéndole una súplica a los árboles sagrados.
         -No puedo contártelo –dijo finalmente.
         -¿Por qué? –se acercó hasta ella y posó su mano sobre uno de sus hombros.
         Olleix sintió, por un segundo, que ahora sabía mucho más de su vida que él mismo. Miró sus dedos humanos y se volvió para mirarle fijamente. Tuvo la extraña sensación de sentirse presa bajo el control de su magnetismo. Alzó su mano y le acarició el rostro, notando la pureza de la lozanía por cada poro de su piel. Tal vez sus ancestros le enseñaran que nunca debía de confiar en un humano, pero no le explicaron qué debía hacer si le parecía que era lo más hermoso que había visto en su vida.
         -Si te lo confieso, ¿te largarás?
         Dik la miró atónito y aceptó sin más. No quiso pensar mucho la respuesta por si cometía un error y no le mostraba lo que realmente quería encontrar. Olleix le hizo un gesto para que le persiguiese. Fueron hasta el Pegaso y la Herea se acercó a las bellas orejas del animal. Le comentó unas palabras bajo la sombra de sus labios y, sin previo aviso, el Pegaso desplegó sus alas.
         -Ven. Tienes que esconderte en ellas si quieres que entremos en las cuevas de las diosas, sin que nadie sospeche que hay un humano en nuestro hábitat.
         -¿Cómo voy a hacer una cosa así? –preguntó desconcertado.
         -Tienes que confiar en mí.
         Dik tragó saliva y se posicionó entre las alas del animal. El Pegaso frotó sus alas y con la rapidez de un suspiro roto en los labios, su plumaje le atrapó, dejando la apertura necesaria para que pudiese respirar. Olleix se montó sobre su lomo y pusieron rumbo hacia la civilización de las Hereas.

         Tras un corto recorrido del bosque del silencio hasta su acomodada cueva de ensueño, no hubo nadie que presintiese que bajo ese animal -dibujado por la mano de algún Dios- estuviese oculto, uno de esos, a los que ellas llamaban intrusos. Entraron en su próspero hogar y ella le mostró quién le había confesado que le conocería. Dik no podía creer lo que estaba viendo. Sacó de sus bolsillos un papel y lo puso al lado del impresionante tesoro. Sus ojos brillaron como dos luciérnagas al reconocer el espejo. Se volteó y con una angustia abatida emprendió el reclutamiento de unas cuentas telas, que parecían lo que adornaba el lugar de descanso de la Herea. Fue hacia el mágico espejo y lo envolvió entre ellas.

     


         Olleix no entendía lo que el humano estaba haciendo y cuando vio que el joven tenía toda la intención de llevárselo con él, sacó a relucir sus colmillos repletos de audacia.
         -¡No te permitiré que te lo lleves! –exclamó, bloqueándole la salida de su cueva.
         -Oye, tengo que llevármelo de aquí. Vendrán, arrasarán con todo y sólo por conseguir este espejo. Por favor, hazme caso –le suplicó, Dik.
         Olleix le sonó a excusa sus palabras y agrandó su cabreo.
         -¡Es propiedad de los Dioses! Ni siquiera un batallón de humanos pueden arrebatárselo.
         -Te lo ruego… Ayúdame a esconderlo y sacarlo de aquí –en sus ojos se transparentó un universo distinto al que los libros más sabios mencionaban-. Mi raza no es armoniosa como la tuya. Viven cautivos por el poder y su única ambición es conseguir lo que nadie puede llegar a tener nunca. Dejarán un imperio destruido y una civilización esclava a sus deseos como han hecho con los que tienen su misma sangre.
         La Herea quedó atrapada en su historia y perdida en su horror.
         -Pero… Ellos no saben que existe una civilización bajo el suelo en el que caminan. Puede que nunca nos encuentren. ¿Por qué tendría que hacerte caso?
         Dik se acercó más a ella.
         -Si yo las he descubierto, será cuestión de tiempo –que seguramente será poco- en que las encuentre. Mi raza tiene la enorme facilidad para descubrir lo inimaginable y, créeme, no te gustaría saber qué hacen con aquellos que son diferentes a ellos –le confesó dolido ante un recuerdo.
         -Y, entonces… ¿Qué me cohíbe pensar que tú no eres igual que los humanos de los que me hablas?
         -Todos no somos destructivos y nos agrada la idea de ayudar al más indefenso –le miró sonrojado y continuó hablando-. Tienen bajo su poder un mapa, casi indescifrable, que cita las coordenadas de este lugar. Si les llevo el tesoro que tanto desean encontrar, ni se molestarán en localizar este bonito paraje. Si por el contrario esperamos a que lo descubran, no habrá vuelta atrás para una posible salvación.
         Olleix muerta de dolor y lágrimas se apartó para que pasara el humano. Este se paró frente a ella y le acarició una mejilla.
         -No te preocupes. No dejaré que le pase nada malo –fue hacia las alas resplandeciente del Pegaso para ocultarse nuevamente y marchar hacia su destino en el mundo que había creado su raza. Aunque, antes volvió su mirada hacia la Herea-. Algún día te agradeceré que hayas confiado en mí –y sin dejar noción a una respuesta, se envolvió entre las plumas del animal y este se dirigió al mismo lugar por el que vino.


         Fueron muchos años los que pasaron desde que Olleix se aventuró, por primera vez, en romper la promesa de nunca ayudar a un humano. Desde el momento que le vio, se le esfumó de las manos y, a pesar de todo, sintió que fue la mejor sensación que había podido experimentar a lo largo de su existencia. Todos los días visitaba el bosque del silencio porque le recordaba al momento en que algo cambio en ella. Un día como hoy, lúcido y lleno de armonía, Olleix acariciaba las bonitas flores que crecían desde las entrañas de las tierras de las princesas de los Dioses. Con una de sus manos acariciaba el frondoso pelaje de su Pegaso azulado y, con la otra, notaba como el aire se deslizaba por sus dedos. Un chasquido resurgió a su espalda, despertando al silencio dormido. La Herea se volteó mostrando sus enormes colmillos níveos en señal de defensa para ver a su agresor. Un resurgir de emociones le revoloteó en el estómago al reconocer un rostro que pensó que nunca iba a volver a ver.
         -¿Eres real? –preguntó acercándose al mismo joven que una vez el destino evaporó. Tocó su pelo y se asustó cuando desprendió un dulce aroma a un mundo totalmente desconocido.
         -He venido para explicarte todo lo que ha sucedido desde el momento en que me fui de aquí… Y también, he venido porque no existe noche que no sueñe que vivo feliz aquí.
         Olleix sonrió al escuchar las palabras que volaban como papel al viento por sus labios.
         -Entonces, me dije –Dik quiso seguir explicándose-. Si he encontrado el hogar donde habita todos mis sueños ¿Por qué no arriesgarme a vivir en él?
       
         Desde ese momento Dik se dio cuenta que su vida dependía más de sus ilusiones y de su felicidad que de lo que estaba marcado dentro de las leyes que gobernaban su mundo. Eligió vivir una vida en un lugar en el que florecían sueños y no batallas, al lado de la diosa que le bastó unas horas para atrapar su memoria.

     

  • 8 comentarios:

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      1. ¡¡Muchas gracias por tu comentario Patricia Delgado!! Un final lleno de magia :) ¡¡Me alegra ver que te ha gustado y lo has disfrutado!! ¡¡Feliz día!! Saludos y un fuerte abrazo :D

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    2. ¡Hola! El final ha sido encantador. Despertó en mí ilusiones dormidas y sueños frustrados XD y me llenó de inspiración.

      Amo el blog de los sueños!!!

      Ale

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      1. ¡¡Muchas gracias por tu comentario, Ale!! ¡¡Que no cesen esas ilusiones y te sigan llevando a un mundo de sueños!!

        ¡¡Feliz día soñadora!!

        Saludos y un fuerte abrazo :)

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    3. Hola!! Te encontré por casualidad y aquí me quedo, jsjaja me ha gustado muchisimo tu blog, así que me verás por aquí.
      Un saludo y feliz tarde!!
      Si quieres puedes pasar también a ojear el mío, ;)

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      1. ¡¡Hola soñadora Cristina!! Me alegra ver que has encontrado en el blog un lugar donde quedarte a soñar :) ¡¡Bienvenida al lugar donde todos los sueños descansan!!

        Me he pasado por tu blog y me parece muy bonito lo que escribes en él. Te deseo mucha suerte en tu camino literario :) ¡¡Nos leemos!!

        Un saludo y abrazos

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    4. hermoso !!! como siempre me dejas toda la inspiración en seguir soñando y compenetrada en las sorprendentes historias he sentido cada palabra cada sensación ,cada aroma al bosque y el gran amor sobre todo . monica beatriz salinas

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      1. Me alegra ver que lo has disfrutado así, con todo su esplendor y magia :)

        ¡¡Muchas gracias por tus palabras gran soñadora!!

        Un abrazo muy fuerte y nunca dejes de soñar :D

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