• Cuento: La Noche de las Brujas, Parte II

         Estaba oscureciendo así que tenía muy pocas horas para encontrar al resto del grupo. Corrió desesperada por las laderas y la extensa vegetación hasta que la locura la dejó ciega y chocó contra una durísima roca. Cayó sobre un matojo de plantas marchitas y se tocó la frente para ver si se había hecho mucho daño. Un pequeño rasguño acompañado de algo de sangre fue lo que pudo entender que tenía. Miró al cielo y el manto negro había tapado la claridad. La luna plateada brillaba como un lucero en una tempestad. Leila se puso en pie y observó la extraña roca con precisión. Entonces, se echó las manos a la boca al descubrir que había chocado contra una figura humana. Siguió examinándola y pudo esclarecer que se trataba de un soldado de época, como la historia que había contado. No obstante, esa figura humana no era lo que más le iba a impactar a Leila, pues nada más mirar a su alrededor se dio cuenta de que se había topado con un enorme ejército maldito en piedra. Sobrecogida y asustada quiso retroceder por el camino, pero fue sorprendida por una bandada de pájaros endemoniados que la hicieron marchar encogida en un grito hacia el final del sendero. Y no imaginó nunca lo que iba a ver: un castillo que enfilaba lanzas puntiagudas sobre sus torres hasta alcanzar casi las nubes del cielo oscuro. Leila dio unos pasos hacia atrás hasta que fue frenada por una mano que se posó en su hombro. La persona que la había parado caminó unos pasos y se posicionó frente a ella. Se sorprendió al ver a una bella mujer que adornaba su cuello con un bonito colgante de diamantes y tenía el pelo recogido con una tiara reluciente, dejando al descubierto su rostro. Tenía labios carnosos, ojos de ciervo y manos de bruja. Entonces, Leila entendió que lo que en el pueblo se contaba como una simple leyenda a la que todos temían, si ese temor existía era porque lo que tanto fluye como el despertar de la lava de un volcán -su temblor- te hace despertar a la realidad. Aún no era consciente de lo que estaba viviendo y se preguntó si todo era un sueño.
         -Me alegro de que hayas llegado, Leila. No sabes cuánto tiempo estuvimos buscándote –le dijo la bruja.
         -¿Me conoces? ¿Buscándome? –preguntó pensativa.
         - Ven, entra a palacio. Todas se morirán de emoción al verte –le ofreció la aprobación de adentrarse en el castillo.
         Leila, antes de responder, no pudo sostener un llanto de terror. Empezó a temblar y recordó todo las cosas horribles que hacían las brujas a aquellos que se atrevían adentrarse en sus mediaciones.
         -¡Por favor! ¡Déjame ir! Se lo ruego, no le contaré a nadie nada de esto. Les premiaré con algo importante para vosotras. Pero, tened piedad y no me matéis –le suplicó un poco de empatía.
         La bruja le miró extrañada y arrugó la frente.
         -¿De qué estás hablando, Leila? –se apresuró a preguntar-. No sé qué te habrán contado en la civilización de los prudentes, pero no tienes por qué temer a las brujas. Somos honradas y civilizadas. No procedemos al mal y sólo nos defendemos de quienes nos atacan –explicó en su defensa.
         Leila paró su llantera y se levantó para acercarse a la bruja.
         -Según las leyendas sois malvadas y conjurasteis una maldición que cayó sobre todo el imperio del rey Honrek, aniquilando su honor así como a todo su ejército –explicó la joven.
         -No deberías hacer caso a las leyendas. Leila escucha con atención lo que te voy a contar porque fue la pura realidad –le cogió el mentón e hizo que la mirara a los ojos-. Corría la era de la época antigua cuando un enorme ejército cabalgado por un rey autoritario y déspota quiso arrancar los frutos de la civilización de los antepasados. Ante cada paso de furia, un clan de poder se iba consumiendo y desapareciendo por la avaricia de aquel que se hacía llamar: Honrek, el rey de los prudentes. Sumamente silencioso, guerrero y devastador. Inteligente pero destructivo. Arrasó con todos los clanes sólo para conseguir gobernar el mundo imperial… -la bruja fue cortada por una contestación de Leila.
         -Eso ya lo sé. Es la misma historia que nos han contado –expuso temerosa sospechando el cruel castigo que iba a caer sobre ella al pararle los pies a una bruja. Pero esta siguió con su historia.
         -Entonces, llegaron a nuestras tierras. Quemaron el bosque para poder adentrarse en nuestra vegetación, burlando el cordón mágico que nos protegía. Nadie podía pararles y estábamos realmente asustadas. Esa noche había nacido la heredera que iba a conseguir cambiar el mundo. Que iba a conseguir que esos criminales dejasen de arrebatar la alegría a muchos pueblos, clanes, seres que crecíamos juntos sin maltratarnos. La elegida.
         >>Llegaron hasta el castillo y no tuvimos otra opción que defendernos con la última arma que poseíamos: la locura. Al contrario que ellos, no éramos seres que mantenemos un orden, una estrategia. No somos prudentes. Las brujas lo damos todo o nada. No vacilamos en tácticas. Así que me acerqué al que dirigía a los demás soldados e intenté llegar a un acuerdo… Pero no quisieron y además exigían no sólo que nos marchásemos sino que le diésemos a la elegida. Nos negamos y atacaron como nos advirtieron. Habían conseguido burlar nuestra magia y nos arrebataron a nuestra más preciada recién nacida, a la que llamamos Leila –contó sonriente, envuelta en magia.
         A Leila se le llenaron los ojos de estrellas y de lágrimas.
         -¿Y se supone que tengo que creer lo que me cuentas cuando hay un grupo de soldados hechizados en piedra delante de tu castillo? –cuestionó ofendida, dolida por querer engañarla.
         -Aún no he terminado… Al día siguiente, cuando el manto negro pintó el cielo y lo sumió en la oscuridad, me emergí en una tela que tapó todo mi cuerpo y fui en tu busca, llevando conmigo los últimos polvos mágicos que quedaban en el reinado de las brujas. Logré alcanzar las casas del pueblo y comencé la búsqueda. Una de las casas tenía la ventana abierta y vi a una niña hermosa acurrucada en una cuna… Leila escuché decir a la mujer que te acunaba. Ni lo pensé, esperé a que se durmieran y entré para llevarte conmigo. Cuando ya te tenía en mis brazos, la mujer se despertó y empezó a gritar, avisando a los guardias. Me escabullí y el ejército de Honrek me siguió hasta el castillo. Así que al verme sin salida, expulsé los polvos mágicos, dejándolos convertidos en estatuas de piedras. Cuando me di la vuelta y me alegré de mi victoria, recibí un duro golpe en la cabeza. Me desplomé y, desde la ventana de palacio, una de nuestras brujas vio como uno de los muchos que quedaron tallados en piedra sobrevivió, arrancándome de los brazos a nuestra elegida. Desde ahí nos respetaron, pero jamás nos devolvieron a nuestra niña.
         Leila lloró al escuchar la emocionante historia y se abrazó a la bruja.
         -Ahora, tú decides. Si quedarte y ser lo que en realidad eres o volver y vivir la vida que desde pequeña te han impuesto.
         La joven le sonrió y no dudó ni un segundo en responder.
         -Llevo toda la vida sintiéndome diferente. Soy torpe, descuidada, algo maléfica pero honrada –se rió al describirse-. Nunca he sido lo que en la civilización de los prudentes exigen. Siempre he creído que soy diferente y ahora me estoy dando cuenta de que no lo soy. Soy una bruja y, aunque me han criado para huir de todas vosotras, sé que aquí está el lugar que tanto tiempo llevo buscando –añadió una sonrisa al final de su alegato.
         Esa noche fue para Leila algo más que una noche de brujas, fue el momento en que descubrió que una vida inventada le hizo tropezar con lo que sería una deliciosa vida soñada.


  • 5 comentarios:

    1. ¡que bonito mensaje! Todo depende de lo que creemos. De pequeños deberían criarnos con mensajes de "todo es posible" y no imponernos falsedades ni limitarnos.
      Gracias por recordarme esto con tus bellos cuentos.

      ¿que pasó con los niños?

      Ale

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      1. Lo cierto es que sí, Ale. A medida que avanzamos deberían avanzar en todos los sectores y enseñarnos los valores que nos hacen sentirnos más felices, así como enseñarnos que todo es posible según la ventana por la que mires :)

        En la historia los niños supuestamente volvieron a sus hogares, pero Leila que es tan impulsiva creyó que el bosque se los había tragado entre su penumbra mágica.

        ¡¡Que tengas un gran día lleno de sueños, soñadora!!

        Saludos y abrazos :D

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    2. Respuestas
      1. Me alegra que hayas soñado con esta emocionante historia, Patricia :) ¡¡Muchas gracias por el comentario, soñadora!! Saludos y feliz noche :D

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    3. Precioso cuento tómas , has creado un cuento para las lectoras �� como yo , es muy lindo sentir todas las emociones en cada relato. Monica beatriz salinas

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