¿Qué me dices si te invito a la luna? Parte I

   

     Hoy tuve el mismo sueño. El mismo que ha estado despertándome en las madrugadas frías de este caluroso verano. Sigo escuchando la misma melodía… La misma respiración. Escucho su voz de sirena y huelo su aroma de princesa. Siento que floto en el aire sin peso y que brilla una bonita sonrisa. Me agarro como un lobo hambriento a su caramelizada piel y recuerdo que ya nada puedo hacer. Estoy perdido. Estoy atrapado bajo el hechizo de sus labios. Cuando despierto sudoroso, atado entre las sábanas y con los labios muertos de sed, la melancolía de haberla perdido me avisa de que aún no la he encontrado. ¿Por dónde debo empezar si aún no sé ni a quién estoy buscando? Me cuenta… La escucho entre susurros decirme que lo ha perdido todo y que el mundo le ha robado la esperanza. Eso que ni el más ruin puede robar ya no crece en su corazón consumido por la tristeza. Pero la vuelvo a escuchar y siento la caricia de una hermosa carcajada. Parece que eso nadie se la ha podido borrar y es suficiente para que vuelva a creer que el mundo es para todos igual, y lo que se quita se puede volver a recuperar. Entonces, le pregunto ¿A dónde te gustaría huir? Y no me contesta. Se queda pensativa y sonríe mientras cierra con fuerza sus ojos de canela; deja escapar un deseo de sus labios que vuela como pájaro que no recuerda la bonita sensación de sentirse libre. Me mira, suspira y vuelve su mirada al horizonte… Y me dice: “Lejos, muy lejos. Donde sólo existamos nosotros”. Pierdo la mirada en el atardecer y entre las nubes la veo. Hermosa, sincera, mágica, se asoma expectante ante el mundo que ve con sus ojos grises. El sol ilumina las huellas de su corazón y refleja los secretos que muchos creen conocer. Como un loco soñador se me escapa una sonrisa, miro a la princesa de mis sueños y -sin dudarlo ni un sólo segundo- le pregunto: ¿Qué me dices si te invito a la luna?

     Una vez más vuelvo a despertar sin saber qué es lo que me contesta y, una vez más, sigo sin saber dónde se esconde la heredera que ha puesto a funcionar mi corazón. Tras varios minutos, consigo volver a la realidad sin dejar atrás ese sueño tan mágico y real. Miro el reloj y me apresuro en vestirme. Mi clase de Astrología está a punto de empezar y no sería una buena impresión llegar tarde el primer día de trabajo. Así que decido ponerme mis mejores galas y dirigirme a la universidad. Allí un grupo de adolescentes, que juegan a ser mayores, observan con atención mi presentación y el nuevo temario de la asignatura. Entre la inmensa muchedumbre, una chica que intenta pasar desapercibida llama mi atención. No entiendo bien si está escuchando mis explicaciones o, simplemente, se aburre y juguetea en su inmensa imaginación. Las agujas del reloj parecieron correr, apresurándose para hacer sonar el timbre de final de la clase. La multitud de jóvenes se pusieron en pie y ni escucharon como decía lo que había que traer para el siguiente día. Todos se escabulleron entre risas y empujones, menos la misteriosa muchacha. Seria, y sin a penas perturbarse ante el mundo que la rodeaba, abandonó el aula como un pájaro solitario. Le quité toda la importancia que podía tener y recogí mis cosas. Hasta dentro de unas horas no iba volver a tener clases así que decidí ir a dar un paseo por la costa. Hacía un día hermoso. El sol brillaba y las nubes arrastraban un viento fresco. Me atreví a entrar en la playa, llena de gigantes rocas negras, mojadas por un mar cristalino. Respiré profundamente… Y, entonces, lo escuché. Alguien tocaba una dulce melodía. A lo lejos, la silueta de una mujer me acarició el alma y pude verle lo que parecía un violín. De ahí salía ese encantador musical, digno de los dioses. Me atreví a caminar hasta ella y ver de quién se trataba. Fue una gran sorpresa cuando vi que aquella mujer se trataba de la misma chica que en mi clase se veía apagada y triste. La misma que había visitado mis sueños la noche anterior.

http://www.hechosdesuenos.com/2015/07/que-me-dices-si-te-invito-la-luna-parte.html

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