• Un mundo para Pia, Parte II

      



         Mientras abría nuevamente los ojos supo que la eternidad había calado hasta sus huesos. No recordaba la última vez que dormía con tanta placidez. A medida que iba despertando, escuchaba el dulce canto de los pájaros que revoloteaban cerca de un gran ventanal. Intentó racionar qué era lo que le había sucedido. El por qué de lo que estaba viviendo. No era normal un cansancio así, y mucho menos, el hecho de no poder controlarlo. Finalmente, estiró los brazos y se atrevió a levantarse. Se tapó con sus dedos los ojos al entrar con tanta fugacidad la luz del sol por el ventanal. Quiso hacer memoria y resultó que había dormido más de la cuenta. Era la mañana siguiente y no sabía cómo había ocurrido todo. Una alerta envenenó a sus sentidos. El rugido de unos pasos provocó el más temido terror al silencio. Pia bajó de su cama y caminó de puntillas hasta la pared que daba a la puerta de su habitación. Su corazón se aceleró como el motor de un poderoso avión de combate. Se miró sus manos temblorosas, y aún sabiendo que corría peligro, prefirió tentar a la suerte. La libertad era algo que le había costado conseguir y no podía permitir que nadie se la volviese a arrebatar. Cerró los ojos, suspiró, caminó hasta el marco de la puerta pausando su respiración. Asomó uno de sus ojos al pasillo y no vio a nadie. Los pasos se escuchaban en el salón donde los papeles en blanco yacían como su único vestido. Puso rumbo seguro hacia allí, entró y se sorprendió de lo que estaba viendo. La casa había cambiado. Todo estaba recogido, no circulaba libremente ningún papel por el suelo y el polvo se había esfumado. El chasquido de unas botas con el contacto del parquet se desvaneció por el aire y frente a sus ojos la silueta de un joven esbelto, de ojos azules y pelo oscuro apareció por la otra entrada del salón. Pia se quedó atónita, sin respuestas en sus labios esclavizados por el tiempo. Empezó a temblar asustada y se arrodilló, levantando las manos.

         –Por favor, no me hagas daño. Puedes llevarte lo que quieras, pero déjame vivir –le dijo con lágrimas en los ojos.
         El joven la miró desconcertado y sonrió.
         –¿Qué estás diciendo, Pia?
         Pia sorprendida hizo el esfuerzo por entablar una conversación con el muchacho.
         –¿Me conoces? ¿De qué… de qué me conoces?
         El chico se acercó a ella y le dio su mano para ayudarla a levantarse. Volvió a sonreírle, mirándola con dulzura.
         –¿No te acuerdas de mí? –le preguntó extrañado.
        Pia tragó saliva y se empezó a sentir incómoda. Se separó unos metros de él, frunciendo el entrecejo confusa.
         –No, no sé quién eres. Por favor, coge lo que quieras y vete de mi casa –comentó nerviosa.
         –Pero, Pia… –el joven se acercó más a ella y al ver que le rehuía prefirió marcar distancias, totalmente aturdido.
         –No des ni un paso más… –volvió a repetir, Pia–. Y lárgate, por favor.
         El muchacho meneó con suavidad la cabeza, interpretándose una negativa. Se volteó y caminó con prisa por el pasillo. Pia le siguió promiscua hacia lo que podía tener entre manos. Vio que subía las escaleras, y entre gritos de desesperación pidiéndole que se largara, le siguió. Llegó a la planta alta, aterrorizada por la oscuridad que habitaba en el ambiente. Escuchó los pasos del chico perderse entre la penumbra y ella se quedó paralizada, sin poder avanzar. El miedo recorrió la calidez de su piel y erizó todos sus sentidos. Ante sus ojos un rayo de luz emprendió desde la tempestad de las sombras, hasta que se hizo el dueño de todo el espacio que había frente a ella. Observó su alrededor emocionada. No recordaba que la planta alta de su hogar era una hermosa y gigantesca habitación de revelado de fotos. Caminó unos pasos hasta una de las fotos –que en cuerdas marrones claras colgaban– para ver quiénes salían en ellas. Engrandeció los ojos cuando se vio en esa fotografía al lado de un joven que le daba la espalda. Cogió la imagen y la volteó.
         –Vin... –dijo en voz baja.
         –Hola, Pia –contestó el joven que se colocó a su lado, sonriente. Cogió su mano y la llevó hasta una nueva fotografía en la que se veían con más claridad a ambos juntos–. No sabes cuánto tiempo llevo esperando a que volviese a producirse este reencuentro.
         Pia se sumergió en el océano de sus ojos claros y, de pronto, unos cuantos recuerdos asaltaron a su memoria.
         –Vin… Eres tú –expuso abriendo sus labios secos– ¿Eres… eres real? –alzó sus manos y tocó su rostro. Olió el aroma de su pelo, junto al paso de sus dedos.
         –Has vuelto, Pia. Pensé que no volvería a verte nunca más –contestó derramando lágrimas que brillaban con el roce de la luz del sol.
         Pia se acercó hasta donde pudo palpar el calor de su corazón y hasta donde su respiración se enlazaba junto a la suya. Se acercó a su boca sin dudar que rompería la promesa de no besar sus labios. Cerró los ojos dejándose llevar por la emoción de sus sentimientos, la pasión de tantos años rotos por el silencio. Un profundo dolor la torturó desde su interior, siendo el causante de que se alejase de sus besos. Se apartó de Vin, tocándose los labios. Muerta de miedo.
         –Qué estoy haciendo… Esto no es real –se volteó para salir huyendo entre sudores fríos y frustración. –¡Mis pastillas! ¡Dónde están mis pastillas! –gritó mientras intentaba bajar las escaleras que la vieron subir.
         –¡Pia! ¡A dónde vas! ¡Pia este es tu lugar! –exclamó, Vin. Pia se volvió despacio y con lágrimas en los ojos.
         –No eres real…
         El joven se acercó a ella y sacó de su bolsillo un frasco de pastillas.
         –¿Y esto si te muestra la realidad?
         –¿Cómo…?
         Vin bajó la mirada y volvió a ponerse frente a ella. Acarició sus cejas como únicamente pueden hacerlo las nubes.
         –Pia, esto te lleva a la realidad que otros quieren implantarte, no la que deseas tú. Gracias a esto has olvidado que una vez existí en tu vida… Y te has olvidado de seguir viviendo eso que se llama vida –tocó con su otra mano uno de sus mofletes–. Dime, ¿prefieres vivir la vida olvidándolo todo por temor a romperte ,que junto a lo que nunca perderás, a pesar de no seguir a la vera de tu camino?
         –Te echo de menos, Vin –se secó el roce de una lágrima.
         –No tienes por qué, Pia. Siempre voy a estar aquí –llevó su mano hasta el pecho, donde le latía de emoción el corazón– Y también aquí –su otra mano la dejó caer sobre su sien.
         –He estado encerrada en un psiquiátrico más de seis años por hacerle caso a lo que me aconsejas.
         –Pues, entonces, este será nuestro pequeño secreto –comentó con los labios envueltos en felicidad, Vin. La cogió por las manos y la llevó emocionado hasta las demás fotos para explicarles todos los recuerdos que un bote de infelicidad le había hecho olvidar.
        Pia cogió la medicación, lo que parecía la cura de su locura, se acercó hasta la ventana más cercana y la arrojó al vació.
        –He vuelto a perder la cabeza –comentó atrapa por la libre sensación de un suspiro.
        –¿Y eso qué significa? –le preguntó, Vin.
        Pia le miró y se acogió al calor de su hombro.
        –He vuelto a mi mundo. Ahora… Vuelvo a ser, Pia.
         El viento dibujó una dulce brisa con los colores de una de esas sonrisas que alteran al alma y cortan las peores sensaciones. El mundo volvía a sonreírle a Pia.
  • 12 comentarios:

    1. Respuestas
      1. Me alegra que lo hayas disfrutado, Patricia :)
        ¡¡Feliz jueves, soñadora!! Y aún quedan más sorpresas... ¡¡Así que atenta al blog!!
        Saludos y un fuerte abrazo :D

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      2. Excelente me gusta

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      3. Me alegra mucho que este mundo que relata Pia te haya trasladado a un lugar donde reina los sueños :)

        ¡¡Muchas gracias por tu comentario, soñador/a!! :D

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    2. Es buenísimo, Tomás. Tan hecho de sueño que nos has hecho soñar a todos. Enhorabuena.

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      1. ¡¡Muchas gracias por tus palabras!! :) Para mí es un placer encontrarme con comentarios como el tuyo porque me alegra saber que mis soñadores/as disfrutáis con el blog y con todo su contenido.

        ¡¡No olvides que aquí tienes tu lugar para soñar todo lo que quieras!!

        Un abrazo muy fuerte y ¡¡A seguir soñando!!

        Saludos y feliz día :D

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    3. Respuestas
      1. ¡¡Muchas gracias, Laura!!

        Espero que lo hayas disfrutado mucho, soñadora :)

        Un abrazo y feliz día de ensueño :D

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    4. si el amar es una locura ? prefiero estar loca por amor ,que por cordura ,¡¡me he enamorado de las ilusiones soñador !! hermoso relato!!

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      1. ¡¡Muchas gracias, Monica!!

        Volverse loco/a por amor es la mejor cura que uno puede experimentar, por lo menos, siempre vivirás como en una nube difícil de bajar :)

        ¡¡Feliz día de sueños, soñadora!!

        Un fuerte abrazo :D

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      2. ¡¡ donde nunca querrás volver a la realidad !!,algún día podré experimentar esas sensaciones cuando llegue su momento soñador

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      3. Claro que sí, soñadora. En algún momento de nuestras vidas, todos sentimos cuando alcanzamos un sueño de que no estamos en la realidad hasta que descubrimos de que sí y, entonces, es cuando vemos que los sueños se cumplen :D

        Que tengas un gran día :)

        Un abrazo muy fuerte.

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