Hacia donde nos lleve el viento, Parte I

 


     -¿Quieres que te cuente un secreto? –Preguntó con ojos iluminados y colmados de emoción.
     Un joven de pelo oscuro y mirada distraída dejó de escuchar la música que latía de sus cascos para alzar la vista. Se sorprendió al ver que una chica de sonrisa risueña que apenas conocía le estaba ofreciendo el abismo de un misterio que desconocía. Miró el reloj y vio que aún faltaba más de tres cuartos de hora para que llegase su autobús.
     -¿Te conozco? –dijo, frunciendo el ceño y algo nervioso.
     La joven engrandeció su sonrisa y se sentó a su lado. De su bolso sacó un pequeño papel cerrado.
     -Toma, esto es para ti –le dijo, entregándole el papel.
     El chico la miró y, a pesar de la desconfianza, lo cogió. Al abrirlo se quedó aún más perplejo.
     -¿Qué significa esto?
     -Lo que estás viendo son las coordenadas que te llevarán hasta ese secreto –le contestó misteriosa.
     -¿Cómo? –la miró antes de explotar en una carcajada y le dijo-. ¿A qué estás jugando?
     La muchacha entristeció su rostro y no supo qué contestar. Sus labios fueron embrujados por la tristeza y su mundo pareció haberse partido en dos.
     -¿Te sucede algo? –preguntó más serio, interpretando por su cara que tal vez se había pasado un poco.
     -Has contestado… -comentó ella mirándole fijamente.
     -¿Contestado? ¿A qué te refieres?
     -Si en quince días no me encuentras pertenecerás a él –le confesó dolida.
     -¿Pertenecer? ¿A quién? –el joven no era capaz de entender la situación. Estaba en una completa confusión y sentía que todo lo que estaba pasando era una auténtica alucinación-. Esto no puede ser verdad.
     -Lo es –respondió muy seria-. Reyn , por favor, encuéntrame –se levantó y le dio la espalda.
     El chico se quedó atónito, no entendía qué era lo que estaba sucediendo. Se acercó a ella muerto de curiosidad.
     -Pero… Si me has encontrado tú a mí.
     La muchacha se volvió con el llanto ilustrado en sus ojos. El viento empezó a soplar y, de repente, su cuerpo fue arrastrado como el polvo que vuela entre las dunas de un desierto.
     -¿Qué? –Reyn fue incapaz de mover ni un solo músculo de su cuerpo. Levantó su mano y se fijó en la última coordenada marcada sobre el papel. Leyó en alto esas palabras que la brisa enseguida arrastró: “Juntos… Hacia donde nos lleve el viento”.


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