• Hacia donde nos lleve el viento, Parte II



         Después de tres confusos días, Reyn decidió darle un nuevo repaso a esa nota misteriosa. Se fijó detenidamente en la coordenada más cercana y arrugó un poco la frente. Se podía intuir que sus formas y trazos dibujaban a un curioso animal. El chico al ver que le costaba descifrar el secreto, con sus manos empezó a mover el papel. Tal vez si se miraba desde diferentes perspectivas aquello que dormía oculto en él, despertaba al fin. Pero parecía un caso imposible de resolver. Una cosa tenía muy clara… Se trataba de un animal. Cansado de tanto comerse la cabeza, entendió que la salida más fiable sería la de relajarse y pensar con tranquilidad. Se acercó hasta su cama y se tumbó en ella. Patrulló con su mirada el techo de su habitación hasta que vio algo que le alertó. Detrás del mueble donde yacía el refugio de sus libros más antiguos, en la pared, una mancha negra latía con fuerza mostrando algún sentido a su inquietud. Reyn se levantó y fue hacia el rincón de su mueble como un rayo. Se llevó consigo el papel que marcaba las coordenadas y miró con atención el manchurrón. Parecían idénticos. Su corazón empezó a acelerársele locamente. No sabía aún si esa reacción era por la emoción del momento o porque intuía que había descubierto algo. Tenía la extraña sensación de que el destino le estaba llevando hacia esa chica misteriosa que nunca había visto, pero que al parecer, ella sí que le conocía. El joven intentó -sin desmoronar la montaña de libros que había en la estantería- llegar hasta la mancha con su mano. Al tocarla, sus dedos sintieron un escalofrío. El dibujo empezó a cambiar y se iluminó. La figura de un colibrí hermoso y llamativo surgió como si tuviera vida propia. Surtió a su pared blanca con su alegre volateo, dejando con la boca abierta a Reyn. De pronto, el sonido de un rayo se escuchó y -la electricidad que de él brotó- hizo que el chico cayera al suelo, junto con todos sus libros. Dolorido se agarró la mano y el sudor frío que recorría su cuerpo le advirtió de que estaba bastante nervioso. Miró a su estantería y la mancha había desaparecido, pero sobre la estantería un libro seguía en pie. Nada le había afectado, ni tan siquiera el golpe que recibió de su brazo. Reyn se puso en pie y se acercó con sumo cuidado hasta él. Citó en alto el título: “El Bosque”. Se quedó pensativo hasta que escuchó el cantar sublime del viento. Fue entonces cuando una idea quedó atrapada en su cabeza. Corrió ágil hasta su armario, se sacó ropa de campo, se vistió y abandonó con rapidez su casa.

         Tras una larga carrera en bici llegó al parque natural de “Hentawy”. Reyn recordó que el libro que había caído sobre sus manos, relataba las hazañas de un grupo de adolescente en este paraje natural. Durante muchos años, el parque ha estado cerrado debido a que en él han ocurrido ciertas situaciones extrañas. Según cuentan las malas lenguas, Hentawy está maldito y cualquier persona que se atreva a traspasar sus muros caerá bajo el manto oscuro de su maldición. Sin embargo, para Reyn estas historias no eran más que un puñado de patrañas. A veces le costaba creer cómo había personas que se creían cualquier cosa. Y ahí, justo delante de sus grandes verjas de acero, abrazadas por unas enredaderas vistosas y verdes, soportando el paso de los años… Ahí se encontraba él. Nunca pensó que un lugar tan bonito le iba a inquietar un poco. No sentía pánico, simplemente temía a su entusiasta curiosidad. Apostando por sus presentimientos, se armó de valor y trepó la reja que daba la entrada al parque. Cuando la traspasó, sintió el fresco aroma de la incertidumbre. Realmente no sabía qué era lo que estaba haciendo en un lugar como este. Sin mirar atrás, avanzó. Cogió el papel y sintió que estaba haciendo lo correcto. Ahora podía ver con más claridad que lo que estaba dibujado era un pequeño pájaro revoltoso. Sin parar sus pasos, se adentró en un camino sumido por la frondosa vegetación y bajo un enigma arrastrado por sus huellas. El sendero le llevó hasta una fuente sin una gota de vida. El aire comenzó a soplar y el frío sorprendió a Reyn. Unas pequeñas gotas de agua era el aviso de una pequeña tormenta. Las nubes se juntaron en el cielo bravo rompiendo a llorar. El joven quiso buscar cobijo bajo un árbol. Se metió bajo la sombra del más cercano hasta que lo escuchó. Ese aleteo le era muy familiar. Se arrimó asustado a la corteza del enorme árbol cuando frente a sus ojos se le apareció un colibrí de ojos verdes con un plumaje casi sobrenatural. Su cuerpo se bañaba de tonalidades de azules y naranjas. Se mostraba alterado y parecía que quería contarle algo. Reyn no sabía qué paso tenía que dar hasta que el destino decidió darlo por él. El colibrí voló con la misma rapidez que el viento. El joven salió tras él, no podía permitirse perderle el rastro. Empapado y deshecho por el cansancio llegó hasta una arboleda abierta al cielo lluvioso. El pájaro se paró justo en el centro de lo que parecía un círculo casi perfecto. El sonido de un rayo se hizo presente y con su furia polvoreó el cielo de las plumas del indefenso animal. Reyn conmocionado se echó las manos a la boca. Había sentido muchas veces miedo, pero nunca sin saber por qué lo sentía. Caminó con paso lento hasta las plumas del colibrí. Se alegró de que a –a pesar de todo- no había perdido aún ese color que le llenaba de vida. Bajó la vista, y vio lo que nunca se esperaría. El mismo símbolo que dibujaba la forma de un ave en el papel estaba ahí mismo, delante de sus ojos. Sobre la tierra húmeda. El joven se arrodilló y con sus manos excavó hasta que llegó a un objeto que sonó con dureza al chocar sus dedos con él. Lo sacó y el agua de la lluvia se encargó de limpiarlo. Reyn había descubierto un cofre, pero sin candados que oculte sus secretos. No pudo resistirse a saber de qué se trataba todo esto, así que lo abrió. Metió su mano dentro y sacó un trozo de azulejo que vestía unas líneas azules con un fondo blanco. Reyn no pudo resignarse a una frustración.
         -Pero… ¿Qué significa esto?
         Miró el papel mojado por la lluvia y se extrañó aún más cuando vio la siguiente coordenada. La figura de una casa parecía ser el próximo objetivo. Reyn optó por guardarse la pieza encontrada bajo su protección y volvió tras sus pasos. Palpitando de frío puso rumbo hacia su hogar para emprender una nueva búsqueda. Mientras corría a la máxima velocidad que le permitía los pedales de su bicicleta. Un espejismo hizo que parase en seco. Frunció el ceño, perdiendo la mirada entre los árboles y entonces creyó que se le paraba el corazón. Sentada sobre una roca plateada y reluciendo su bonita sonrisa, la chica que le metió en esta aventura casi inimaginable, le miraba contenta por haber dado el primer paso para encontrarla. El joven se acercó hasta ella y en un primer momento sintió algo de recelo.
         -Tengo que hacerte una pregunta –le dijo él. Se puso a su lado y la observó dudoso-. ¿Estas… muerta?
         La chica soltó una carcajada.
         -¿Qué te hace pensar una cosa así?
         -No eres real. Desapareces y por alguna razón sabías que no iba a poder estar tranquilo si no te encuentraba. Pero resulta que siempre eres tú la que me encuentras a mí. Apareces pidiéndome que te busque sin saber por qué tengo que hacerlo. Es lo que suelen hacer las personas que no están… vivas –le explicó.
         -¿Crees en la magia, Reyn?
         -Algo.
         -¿Crees en la brujería?
         El joven tragó saliva y abrió mucho los ojos.
         -¿Eres una bruja?
         La chica volvió a sonreír quedándose casi sin palabras. De pronto, su cara cambió y su mirada se ahogó en un susto.
         -Oh, ya viene –dijo.
         -¿Quién viene? ¿Quién viene?
         La miró justo cuando el viento volvió a soplar, arrastrándola una vez más.
         -¡No! – Reyn saltó sobre ella intentando impedir que, de nuevo, se esfumara de sus manos.


    http://www.hechosdesuenos.com/2015/10/hacia-donde-nos-lleve-el-viento-parte.html


  • 8 comentarios:

    1. Excelente!!! Necesito saber más pronto!

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      1. Esta semana se descubrirán muchos más misterios de esta historia, Patricia :)

        Recuerda... Ve allí donde te lleve el viento, soñadora ;)

        ¡¡Un abrazo fuerte y feliz día!!

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    2. Respuestas
      1. Me alegra saber que lo has disfrutado mucho, Norma :)

        ¡¡Que tengas un feliz día, soñadora!! Pronto... Más misterio con una nueva parte del relato :D

        Un abrazo fuerte y ¡¡A soñar!!

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    3. Intrigada es poco!! Espero tercera parte pronto!
      Un saludo!

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      1. Y más intriga aún queda, María :)

        Me encanta ver que este nuevo relato está llenando de sueños y magia los corazones de los más soñadores/as :D

        ¡¡Feliz día, soñadora!! Un abrazo fuerte.

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    4. Pobre Reyn se le escapa en todo momento me imagino cómo se siente ,yo me sentiría igual

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      1. Sí, Reyn tendrá aún que encontrar el por qué su amada se esfuma como ceniza arrastrada por el viento :)

        ¡¡Espero que disfrutes con este relato que enamorará a todos tus sueños, soñadora!!

        Feliz día y un abrazo fuerte :D

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