• Hacia donde nos lleve el viento, Parte III


         Había pasado más de una semana que no sabía nada de esa chica. El viento se la había llevado, tan rápido como a su silencio. El cuerpo de Reyn estaba envuelto en una loca desesperación al ver que los días pasaban sin otorgarle un momento de respiro. Se lo dijo bien claro, había contestado a su petición y si no la encontraba él también pertenecería al azar del viento. Un rayo de sol iluminó sus ojos ahogados en una angustia incómoda. Los pájaros de los árboles cercanos dieron la bienvenida a un amanecer que no quería despertar de su profundo sueño. Reyn había pasado toda la noche en lo alto de su tejado, pensando. Buscando la solución a su problema. De la comisura de sus ojos una lágrima cayó. No llegó a tocar el suelo porque inmediatamente el viento la elevó hasta dejarla frente a él. Empezó a levantarse un aire frío invernal y la lágrima comenzó a alejarse. Reyn bajó corriendo del tejado, salió a su jardín y cogió su bicicleta. Pedaleó sin descanso, atravesando todo tipo de obstáculos, hasta llegar a su destino. Derrapó en seco hasta parar por completo la velocidad de su bicicleta. En sus labios se dibujó la estela del misterio. El viento le había llevado hasta una casa en ruinas a la que nadie había susurrado que existía. Se sacó de su bolsillo el azulejo y el papel donde marcaban las coordenadas. Cayó en la cuenta de que tenía que ser este el lugar el que estaba buscando. Una casa… sin ninguna huella de su pasado.

         Reyn dejó a un lado su bicicleta para armarse de valor. Respiró profundamente y se aventuró en descubrir de qué trataba todo esto. Cuando atravesó la puerta, esta hizo un sonido chirriante que escandalizó al silencio. Su primera impresión fue fría, bastante fría. Un pasillo sin pintar y unas escaleras a lo lejos es lo que veían sus ojos. Caminó mirando hacia cualquier rincón que hablara acerca de ese lugar tan misterioso, pero nada encontró. Al llegar al primer escalón, un nuevo grito de vejez se esfumó al pisarlo. Se paró en seco para escuchar a su voz interior. Algo le decía que debía seguir adelante, que ahora no podía volver atrás. Subió hasta que terminó el recorrido. Una puerta sin nombre ni color estaba cerrada ante él. Nervioso cogió su manillar y la abrió. Esta vez ni se pronunció. Dio unos pasos para entrar y se quedó boquiabierto. Era, sin duda, la habitación de una adolescente. Reyn curioseó entre sus pósteres casi desgastados por el tiempo, ahí arrinconados sobre una de las paredes. Se acercó intrigado hasta un calendario donde la joven parecía apuntar su vida. Lo miró prestando toda su atención, pasando los diferentes meses del año. Llegó a septiembre y leyó hacia sus adentros aquello que le iba a dejar congelado en el tiempo: “Mi despedida de Reyn… Aunque siempre nos veremos allí hacia donde nos lleve el viento”. Sus manos comenzaron a temblar y su piel cambió a un color amarillento. La fecha del calendario era del año 1954. Un nuevo soplo de viento inesperado hizo que el calendario cayese al suelo. Solitario y escondido, como si estuviera esperando a ser encontrado, la forma de un azulejo buscaba dueño. Reyn sacó de su bolsillo la loseta y la encajó. Una aureola de luz desprendió de la nada, con un brillo tan cegador que tuvo que protegerse el rostro con su brazo. Unos segundos duró, luego al destaparse descubrió una nueva puerta. Se acercó y la abrió estremecido.
         -Guau… -dijo perplejo.
         Un patio adornado con cientos de maceteros donde colgaban flores coloridas era su nuevo descubrimiento. El olor del campo entró de pleno en sus pulmones. Cerró los ojos y por un instante 
     sintió que este momento ya lo había vivido. 
         -Me has encontrado –la chica apareció a su lado provocándole un nudo en la garganta al asustarle-. No tienes por qué tener miedo –le confesó sonriente.
         -¿Qué es este lugar? ¿Ha sido producto de la magia?
         La joven le miró y quiso contener una nueva sonrisa.
         -¿No dijiste que no creías en la magia?
        Reyn tragó saliva así como sus palabras.
        -Lo he visto –comentó él.
        Ella le miró sin apenas pestañear.
        -Tengo veinte años ¿Cómo es que me conocías en el año 1954? –se quedó pensativo-. No llego a entenderlo…


    http://www.hechosdesuenos.com/2015/10/hacia-donde-nos-lleve-el-viento-parte-iv.html



  • 4 comentarios:

    1. Espectacular soñador!!!! 👏👏👏👏👏👏👏

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      1. Pronto sabremos el final de esta historia, soñadora... Mientras, ¿Te dejas arrastrar allí donde te lleve el viento? :D

        ¡¡Un abrazo y feliz día, soñadora!! :)

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    2. :) ansiosa !! me envuelve en la magia este relato ,es muy bello !!monica beatriz salinas

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      1. Ya queda menos para el desenlace, soñadora ¡¡Muy atenta!! Te sorprenderás ;)

        ¡¡Un abrazo fortísimo y a seguir soñando!! :D

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