Experimento de emociones

¿Por qué nos emocionamos? Aunque a algunos les parezca extraño todos estamos hechos de emociones. Unas cuantas de ellas son tan buenas que parece que podemos casi rozar la felicidad. Mientras que otras, son de unos calibres tan horrendos, que ni nos paramos a pensar por qué han sucedido. Sean cuales sean las que nos invadan, es generoso estar formado de todas ellas. Porque aunque parezcan simples, son las únicas que expresan lo que verdaderamente sentimos en cada momento. Si os fijáis en la Historia, hasta los  grandes protagonistas se han bañado junto a ellas y estoy seguro de que todos se han sentido más vivos cada día, gracias a que existen. Sin sentir emociones no sabríamos lo que es llorar, ni reír ni mucho menos soñar. Son tan enormemente elocuentes que si te descuidas te puedes quedar atrapado en ellas. Aunque, a veces, es el mejor experimento al que te pueden apropiar. 

Existen ocasiones en las que las emociones te pueden llevar por el mejor de los caminos. Aquellos que te ayudan a subsistir, a sentirte importante o simplemente aquellos que te incita a perderte entre la más infinita de las imaginaciones. Total, toda emoción es un dulce sueño del cual muy pocos nos gustaría despertar. Es aquella que nos ayuda a expresarnos, sin importar lo demás, sino sólo lo que en realidad queremos. Es innata e imparcial. Jamás se molesta en si puede caer bien o mal, simplemente si lo que está saliendo es lo que realmente nos interesa y lo que nos hace felices. 

A pesar de todo, creo en la emoción de que aquello que se puede soñar se puede alcanzar. Hay que recordar que aunque una situación sea llorada, siempre existe el apoyo de una sonrisa. El que cree que algo puede conseguirse estará más cerca de tenerlo entre sus manos. Por lo tanto, emociónate cuando des el primer paso porque -por lo menos- has cumplido tu primer objetivo. 

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