• Corazón Scorpio, Parte II



    Caminaron hasta las profundidades del bosque que dormía. El silencio de los pájaros y el piar incómodo de un búho exprimía esa extraña sensación de lo rápido que pasa el tiempo. Mientras andaban, esquivando las plantas espinosas que intentaban atraparte entre sus garras afiladas, Loret no podía dejar de observar al joven. Achicó sus ojos buscando una explicación de lo que ocultaba y por su cuello pudo ver que salía el dibujo de una pinza –de lo que podía ser un animal marino o fantasioso- sin percatarse que estaba tan atenta a eso que escondía que chocó con él. La miró serio, soltando una media sonrisa. Se había parado por alguna razón, una de esas tantas que desconocía. El misterio le absorbía por momentos, sin saber de qué forma huir de un destino que le daba miedo. Loret miró a su alrededor. Todo estaba en una auténtica calma y lo único que escuchaba era la respiración de los árboles. El joven se puso a unos metros de uno de ellos, uno que se vestía de ramas viejas y piel escarchada. Hacia mucho frío, sin embargo era incapaz de sentirse en pleno invierno. Sólo con mirarle a los ojos hacia que se transportase a una bonita cabaña, absorbiendo el aire fresco de la primavera. Arrugó el ceño al verle arrodillarse ante el árbol anciano. Con sus manos empezó a excavar la tierra húmeda, impidiéndole buscar una elucidación lógica a lo que estaba viendo. De pronto, sacó con sus manos una cuerda, bañada en barro y muerta de frío. La agarró con tal fuerza que las venas de sus manos y de sus brazos se engrandecieron fluyendo por ellas una vertiente de sangre fresca, apasionada. La tierra empezó a temblar y a desquebrajarse. Un hilo de terror llegó hasta los pies de Lorem, inmóvil sin casi poder respirar. Sus ojos abiertos, sin a penas pestañear, delataban su asombro. Parecía que el mundo se estaba derrumbando bajo sus pies. No quiso mirar cómo la absorbía y se encogió de hombros… Entonces fue cuando todo paró. Abrió despacio los ojos, se llevó la mano a la boca ante su nuevo descubrimiento. Unas escaleras de corte antiguo, creadas por una civilización antigua, estaban ahí ante sus botas de piel. No eran muchos los escalones que la vestían y unas antorchas gigantes daban luz y cobijo a un túnel oscuro, casi sin vida. El joven se puso a su lado, le sonrió y bajó veloz las escaleras. Ella, a pesar de no creerse que algo así podía ser cierto, decidió ir tras él. Al calor de la luz de una de las antorchas emprendieron el único camino que se mostraba ante ellos. Sobre las piedras que envolvían lo que parecía un pasadizo interminable, habían pintado a seres inimaginables así como una simbología propia de la mano de algún Dios. Lorem era incapaz de entender qué era lo que estaba sucediendo y qué le quería mostrar. Mientras intentaba –sumida entre sus pensamientos- recolocar todo el acontecimiento vivido, se volvió a chocar contra él. Esta vez, al alzar la vista, no le miró. Un magnetismo más fuerte y caótico llamó su atención. Un símbolo, una figura atrajo y bloqueó por completo su intuición natural acerca de su mundo. Un enorme escorpión, de sangre fría pero, a la vez, ardiente y sediento le miraba. Tatuado en una pared lisa y de un tamaño monumental, parecía que escuchaba su voz. Esa que nunca deja de murmurar entre el silencio de su respiración. Loret se acerco al mural sorprendida. El chico se puso a su lado, una vez más.
    -Tócale –dijo.
    Ella levantó su mano, y muy despacio la llevó hasta una de las patas del gran escorpión. No sucedió nada, pero pudo sentir su magnetismo. Por un momento se quedó hechizada y percibió lo mucho que le podía costar separarse de él si caía en su magia. Miró al joven y vio que se encontraba pensativo.
    -¿Qué sucede? –le preguntó.
    -Es extraño… Creí que tenías un alma como la mía –se llevó la mano a su pelo claro y se lo sacudió, intentando poner en orden a sus pensamientos-. Deberías ser como yo. No lo entiendo –comentó confuso.
    -¿A qué te refieres? ¿Cómo tú…? –quiso que le diera una explicación más contundente.
    El joven levantó su mano y tocó al escorpión. De pronto, la pared se partió en dos y se abrió como si de una puerta se tratase.
    Lorem abrió sus labios tanto como sus ojos al ver lo que tenía delante.
    -¿Puedes verles? –el muchacho no estaba seguro de lo que estaba haciendo, pero necesitaba saberlo.
    -Sí…
    -Bienvenida a la civilización Scorpio –citó, clavando su mirada en ella.

    http://www.hechosdesuenos.com/2016/01/corazon-scorpio-parte-iii.html
         
  • 5 comentarios:

    1. Me tiene atrapada esta historia, me gusta mucho

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    2. ¡¡Guau!!me hizo soñar despierta cada palabra , un relato que te va envolviendo mas y mas ¡¡me encanta la segunda parte ,pero quiero saber mucho más ,todavía falta el verdadero secreto de el porque no se puede enamorar de Lorem :(

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    3. Guauuu, está muy bueno, guapo soñador...

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