• Corazón Scorpio, Parte VI



         Recuerdo que desde ese momento, mi vida cambió para siempre. Me convertí en una fugitiva... En una mutante. Nadé mar adentro hasta llegar al profundo océano. Estuve meses llorando, sin saber que realmente lloraba. Me sentía sola y desamparada. No podía hablar con nadie, más que nada, porque no había nadie a mi alrededor; sólo océano. Hasta que ocurrió algo que me cuesta olvidar. Un día, vagando por un arrecife de coral, desnutrida y contando los segundos que me quedaban de vida, vi un pez a lo lejos. Me acerqué con cautela, mis uñas se afilaron y se alargaron. Cuando estaba a pocos centímetros de él… Me miró. Quedé petrificada, podía escuchar sus pensamientos. No tenía miedo, aún sabiendo que mis intenciones no eran buenas. Se quedó inmóvil. Cerré los ojos y, fue el único momento en el que sentí como una lágrima caía sobre mi moflete, lo apresé. Abrí mi boca, lo acerqué a mis dientes –afilados y sedientos- pero no pude hacerlo, lo solté. Nadó sin mirar atrás hasta que perdí su rastro entre las sombras que se formaban por el oleaje. Caí rendida sobre la arena blanca, arrastrada con suavidad por la marea.
         No estoy segura de cuánto tiempo tardé en volver a despertar, pero seguía siendo de día… Y ocurrió lo inesperado. Una legión de peces me estaban observando. Abrí los ojos espantada. Era un ejército de nadadores con escamas y cuerpos coloridos. Agitaron sus aletas revoltosos formando un espectáculo de la naturaleza que antes sólo había visto en cutres documentales. De pronto, formaron una fila extensa y con sus bocas agarraron dos cuerdas, estas estaban amarradas a un barril metálico, bastante pesado. Cuando llegó a mí, pude ver que era comida humana. Tal vez de un barco hundido. Quedé sorprendida, abrumada, muy desconcertada. Se me acercó uno de los peces y le reconocí, era el mismo que quise comerme. Y fue cuando aprendí una de las mayores lecciones de mi vida, donde comprendí que todos nos equivocamos –hasta el que se refugia dentro de un corazón noble- todos cometemos errores. Lo importante es saber rectificar a tiempo y dejar paso a la empatía. Después de mi momento de reflexión, saqué las fuerzas que creí que ya no me quedaban, y abrí el barril. Eran chocolatinas y conservas de todo tipo, pero fue lo que me ayudó a resurgir de mis cenizas.
          Pasó un tiempo y decidí que el mar era un lugar solitario donde sólo es feliz aquel que vive sin ser visto. Fue mi refugio, sin embargo sabía que tenía que descubrir el por qué de mi transformación. Salí al exterior y miré al cielo. El sol me rozó con la suavidad de sus rayos haciéndome sonreír. La piel de mi cara empezó a cambiar e incluso comencé a asfixiarme. Habían desaparecido mis branquias y ya no recordaba lo que era respirar el aire. Después de unos minutos de angustia, lo conseguí. Nadé hasta la orilla de un puerto, lleno de enormes barcos de pesca y marineros. Cuando recobré mi aspecto de humana, me escondí entre la mercancía y vi que uno de los trabajadores soltó su chaqueta. Me acerqué con sigilo, la cogí y me envolví en ella. Pude salir de allí sin levantar muchas sospechas, el alboroto de las gaviotas y de las personas que miraban cómo descargaban el cargamento, hizo que pudiese correr al bosque. Llegué a una casa de campo, de piedra y hogareña. Unos ancianos preparaban la comida en la cocina. Cuando les miré, creo que solté una sonrisa. El señor agarraba a su mujer por la espalda con el mismo cariño que cuando dos jóvenes viven su primer romance, tan enamorados que piensas que sería una estupidez que algo así se acabase. Me miré y me pregunté por qué tuve que ser así… Una mutante. Me alejé y volteé la casa. Había unas enredaderas que llegaban a dos ventanas, las escalé hasta llegar a ellas. La que me quedaba a la derecha, la habitación estaba muy desordenada y me era imposible saber quién podía dormir en ella, así que me decanté por la de la izquierda. La abrí y me colé en el habitáculo. Desesperada, rebusqué en un armario que había en frente. Sonreí al ver una gran cantidad de ropa femenina en él. Me puse lo primero que encontré y hasta me calcé, cubriendo mis pies con unas bonitas botas negras. Salí por donde mismo entré y -fue justo cuando la chica que pasaba sus noches ahí- entró. Congelé mi respiración, sin apenas moverme. Si me escuchaba o me veía estaba perdida. Entonces, escuché como encendía el televisor. Lo tenía claro, era el momento de huir… Hasta que escuché mi nombre. Miré por la ventana y me asustó lo que vi. Por la televisión estaba saliendo la noticia de que llevaba más de cinco años en busca y captura. Dieron la información de cómo había huido y mostraron las imágenes que grabó aquel chico en la playa. Me puse la mano en la boca para calmar mis labios que temblaban de dolor. Mis ojos se humedecieron y por sus comisuras brotó alguna que otra lágrima. Así que quise bajar para esconderme en el bosque y reflexionar sobre qué hacer con mi vida, hasta que le oí decir que no era la única. Volví a mirar y fue cuando te vi.
         -Un momento… -interrumpió la historia, Sat-. ¿Cómo que me vistes?
         Lorem apartó la mirada y se secó las lágrimas que se habían formado por el recuerdo. Se giró, avanzó hasta un asiento y se dejó caer sobre él.
         -Sí, allí estaba tu foto. Otro mutante… Que había huido de las autoridades –le miró sonrojada-. A partir de ahí, todo cambió para mí. No me sentí sola e hice todo lo que tenía en mi mano para encontrarte. Al final, conseguí localizarte.
         Sat se quedó pensativo. Se acercó a ella y se puso de cuclillas.
         -No eres una mutante. Así es como esa gente llama a los que somos especiales, a los que tenemos un poder que ellos son incapaces de ver. Tienes mucho que dar… Estoy seguro –le miró y parecía que sus ojos guardaban las estrellas que el universo no quería, las más bonitas.
         De repente, en la entrada apareció Éskara.
         -¿Estáis preparados? –les preguntó.
         Lorem y Sat no separaron sus miradas durante unos segundos. Luego, el joven se puso en pie, se acercó a Éskara y afirmó con la cabeza.
         -Scorpio le espera. No tardes en llevarla, sabes que no es muy paciente –ojeó a Lorem y movió la cabeza de un lado a otro, volvió su mirada a Sat y se largó.
         -Ya ha llegado el momento… -dijo Lorem acercándose a él. Inhaló el aire y lo soltó.
         Sat le cogió la mano y ambos se miraron.
         -Tranquila. No permitiré que te pase nada malo.

    http://www.hechosdesuenos.com/2016/06/corazon-scorpio-desenlace.html
  • 2 comentarios:

    1. Me encantó Tómas !! Es difícil tomar decisiones si uno se siente solo en el mundo ,cuando estuvo acostumbrado a una vida anterior y el cambio aparece bruscamente y equivocarse es el instinto del ser humano ,lo bueno es reconocerlo y aprender la lección .Lorem tiene en su bondad tomar el camino correcto para su felicidad .Hermosa historia soñador ,espero ansiosa la continuacion ,se que habrá muchísimas cosas mas por pasar ,ya me lo estoy imaginando :)

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      Respuestas
      1. ¡¡Muchas gracias, soñadora!!

        ¿Y qué te imaginas? :)

        Lorem es una gran luchadora y tiene en su poder el hecho de que nada puede vencer a sus sueños.

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