• El Esclavo de los Secretos, Parte I

         Fue una noche horrible. Cinco caballeros oscuros, con espadas y cabalgando sin aliento, perseguían al joven Trískan en su desesperada huida. Había robado cinco panes y dos pequeños sacos de arroz para darle de comer a sus padres enfermos, pero eso era castigado en el tenebroso reino de Perst. Trískan sabía que había cometido el mayor de los delitos, por eso mismo huía muerto de miedo al bosque que rodeaba la pequeña civilización. Había escuchado muchas leyendas sobre él… Fábulas acerca de ese lugar de apariencia tranquila, pero que absorbía una enorme especulación acerca de qué sucedía a aquellos que se atrevían a entrar en él. El joven no lo pensó dos veces, y al verse acorralado por los furiosos guardianes oscuros, corrió lo más rápido que pudo hasta ser absorbido por la niebla que vestía el bosque. Los caballos de los caballeros sin corazones se detuvieron, relinchando y con el alma encogida en un grito. Ninguno quiso entrar y miraban sonrientes cómo sus manos por un día no iban a estar bañadas de sangre, el bosque se iba a encargar de terminar el trabajo que el rey les había encomendado. 

         Trískan corrió y corrió lo más rápido que pudo, sin a penas darse cuenta de que ya los jinetes de las sombras se habían quedado atrás, hasta que chocó con un enorme árbol grisáceo. Cayó al suelo de la misma forma con la que cae una pluma arrastrada por el aire, sin peso y sin nada que perder. El golpe tan fuerte que recibió en la cabeza hizo que empezara a ver borroso hasta que el mundo se redujo en una durmiente oscuridad. Cuando despertó no sabía muy bien cuánto tiempo había pasado desde que se dio el golpe. Se tocó la frente y vio en sus dedos un poco de sangre seca. Se había dado un buen porrazo, fue lo que pensó. Se levantó, caminó -resguardando uno de sus brazos junto al calor del otro- por el bosque. No había senderos que marcasen un camino ni mucha visibilidad por la espesa niebla, aún así no tuvo temor en avanzar. Sabía que en algún lugar estaba él. Según había escuchado, un ser habitaba en la profundidad del bosque y, si le encontrabas, te cumplía un deseo. Pero para poder hacerlo realidad, primero debías entregarle tu mayor y oscuro secreto. Ese que cada uno de nosotros guardamos y callamos eternamente, refugiándolo bajo la humilde protección de nuestro inconsciente. Después de un largo viaje entre niebla y árboles, Trískan se sintió agotado. Se acercó a una piedra grande decorada por enredaderas y, en ella, se tumbó. Miró al cielo con ojos tristes, aunque con una sonrisa al ver la luz de la luna. Intentó imaginar que volaba hacia ella, pero un ruido le desvío de su diminuta ilusión. Se incorporó y miró a todos los lados posibles. Nada, ni si quiera una sombra se apreciaba entre el baño de niebla del bosque, hasta que escuchó un pequeño carcajeo. El joven se puso en pie y se alejó de la enorme piedra, con los brazos empuñándolos en defensa. Esa extraña voz se iba notando más y más cercana, sin embargo nadie se mostraba para ponerle cara a esa espeluznante carcajada, hasta que sobre su nuca sintió la tenebrosa respiración de lo que parecía un ser sin alma. Asustado y con el corazón en un puño, Trískan se sobresaltó, y se dio la vuelta. 
         -Eres… -balbuceó. 
         Un hombre con la misma piel con la que estaba hecha la corteza de los árboles y con ojos grises le estaba mirando, liberándose por la comisura de sus labios una fina carcajada. 
         -He escuchado historias sobre ti. Eres una leyenda viva en la historia de los ciudadanos de Perst. Todos ansiamos encontrarte… Y no puedo creer que lo haya hecho yo. Necesito que me cumplas mi mayor deseo, estoy tan emocionado… -el dedo del ser misterioso selló los labios del joven, parando su efusividad. 
         -Si tu deseo quieres que te cumpla, primero debes entregarme tu más oscuro secreto, así como hacerme un favor –dijo. 
         Trískan se quedó pensativo. No obstante, al final tuvo más valor lo que tanto ansiaba que aquello que guardaba en lo profundo de su corazón. 
         -Los caballeros del rey no me perseguían por robar pan y arroz. Una de las muchas noches que me suelo colar en su castillo, tuve la mala suerte de que me encontró en la habitación de su hija, su heredera, fundiendo nuestro amor oculto bajo la luz de una vela. Fueron varios días en los que ella intentó que la furia de su padre no cayera sobre mí, pero no hubo remedio. Hoy entraron en mi casa, mataron a mis padres y luego quisieron matarme a mí. Tuve la suerte o la desgracia de huir… -contó Trískan con los ojos bañados en lágrimas saladas. 
         -Y me imagino que tu deseo, aquello que tanto te haría feliz y por lo que estarías dispuesto, incluso, a morir… Es que tus padres volviesen a vivir. ¿Me equivoco? –comentó el ser engrandeciendo en su rostro una sonrisa. 
         -Es mi único deseo –expuso con la mirada cargada de una bonita ilusión. 
         -Pues, si quieres que eso ocurra, tendrás primero que hacer algo por mí. Si quieres que tus padres vuelvan a vivir, tendrás que matar al rey y a su familia. 
         -Pero… ¿Qué culpa tiene su familia? –preguntó sorprendido y algo nervioso al ser. 
         -¡Sus vidas por la vida de tus padres! –exclamó. 
         Trískan se quedó sin palabras y no sabía qué hacer. Era una situación difícil, aunque al final no tuvo otra elección. 
         -Acepto –dijo al fin.

    http://www.hechosdesuenos.com/2016/05/el-esclavo-de-los-secretos-parte-ii.html


  • 1 comentario:

    1. ¡¡Muy lindo comienzo soñador !! Un cuento con muchos secretos ,uno siempre guarda un gran secreto en su vida

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