• El Esclavo de los Secretos, Desenlace

        Las hojas de los enormes árboles se estremecieron por un escalofrío. Parecía que el mundo se había paralizado por un instante.
        ––¿Hay alguien ahí? ––preguntó el chico cerrando levemente los ojos. Entonces, escuchó esa espeluznante carcajada. Se volteó para mirar tras de sí y cayó al suelo impresionado. Un hombre de piel escamosa, ojos envenenados y vestido como cual mendigo estaba a su espalda mirándole, abanicando en su rostro una malévola sonrisa.
        ––¿A qué has venido, muchacho?
        El joven le observó con desconfianza.
        ––¿Sabes quién soy?
        ––Creo que sí. Hay muchas leyendas que hablan de ti… ––contestó nervioso. Era capaz de escuchar los latidos de su corazón y le asustaba lo rápido que le iba.
        ––Pero las leyendas no son ciertas y, créeme, esto es muy real ––comentó agachándose y acercando su cara a la de él––. Esta vez contesta a mi pregunta porque no volveré a formularla… ¿A qué has venido?
        ––He llegado aquí por casualidad ––dijo estremecido.
         El ser movió la cabeza de un lado a otro.
         ––Pensaba que serías más inteligente… ––comentó revelando una salivosa ironía.
         Mientras seguía hablando y deliberando acerca de quién era el intruso que había llegado hasta sus dominios. El joven con delicadeza para no ser visto, agarró con fuerza su espada.
         ––Eres igual de insensato que tu familia ––expuso con la furia dibujada en el chasqueo de sus dientes. Abalanzó con fuerza sus manos sobre el cuello del muchacho y lo apretó. Este comenzó a convertirse en corteza y supo que tenía que hacer algo para librarse de tal lunático, porque sino perecería convertido en árbol. Con un álamo de superación, levantó su brazo, clavándole la espada en su costado. Sin embargo, de su herida no caída ni una sola gota de sangre. Formuló su escandalosa carcajada mirándole con la misma ira con la que mira un asesino. El joven sabía que le quedaba muy poco tiempo y ya no tenía ninguna carta más con la que jugar. Pero, de pronto, el relinchar de un caballo se escuchó. Gondolf había escuchado el lamento de su dueño y fue en su salvación. Se abalanzó sobre el ser y le empujó, despojando del pescuezo del chico sus manos endemoniadas. El muchacho tuvo la oportunidad perfecta para escapar, silbó a su fiel compañero para huir, sin embargo, cuando este quiso llegar a su dueño su cuerpo se convirtió en corteza y por sus patas nacieron raíces. Tras su lomo el poderoso ser sonreía sin piedad. El joven asustado comenzó a correr por el mismo sendero que lo trajo hasta ahí. Llegó hasta la hoguera que le dio refugio aunque quebró su esperaza de burlar a su depredador. Había conseguido cogerle por la espalda y lo lanzó cerca de las llamas. Su cara de maniaco hablaba por sí sola… Se podía distinguir la victoria en el arco que formaban sus cejas. El chico se arrastró hacia atrás, huyendo despavorido hasta quemarse con las brasas de los troncos que ardían sin cesar.
         ––¡Ah! –gritó por la fuerza de una de las llamas.
         ––Dime, ¿qué se siente al saber que tu reino ahora será mío?
         Él le miró con rabia para contestarle lo que nunca esperó escuchar.
         ––Dime, ¿qué se siente cuando el rencor, la avaricia y el egoísmo te arrastra hasta su infierno?
         El ser le miró extrañado y fue en ese momento cuando su cuerpo se incendió. El muchacho había enterrado en su cuerpo uno de los troncos en llamas. El ser ardió bajo gritos de sufrimiento hasta que al cabo unos largos minutos se desvaneció convertido en cenizas.

         El bosque comenzó a rugir y muchos árboles se empezaron a transformar en las personas que eran antes. Todos se acercaron a su héroe festejando en aplausos su hazaña. Uno de los salvados se puso frente al joven y balbuceó unas palabras.
         ––¿Quién… Quién… Eres?
         Él le miró y puso sus manos sobre sus hombros.
         ––Soy el heredero de Perst –respondió con una sonrisa.
         Al escuchar esas palabras, unas lágrimas de angustia bañaron sus ojos y se arrodilló, cayendo sobre la tierra húmeda.
          ––Por favor, mátame… -le suplicó.
         El heredero se sorprendió por su actitud y hasta se quedó desconcertado.
         ––¿Qué? ¿Por qué iba a hacer una cosa así?
         Él le miró y con labios salivosos al borde de un ataque de angustia le confesó su pecado.
          ––Fui yo quién maté a tu familia… ––sus ojos reflejaban una tristeza inhumana––. Me engañó, hizo que matara a la persona que amaba. Me cegó la venganza.
          El joven se puso de cuclillas y le volvió a tocar los hombros con sus manos. Este le miró atónito.
          ––No voy a hacerte daño. No soy nadie para juzgarte… Mi padre destruyó vidas enteras por su conducta dictatorial. Era una persona buena y con gran corazón, pero fue absorbido por el poder. Se convirtió en un monstruo. Nunca he sabido lo que es tener una familia, algo que sí has tenido tú aunque te la hayan arrebatado. A pesar de todo me crié con una humilde campesina y he llevado a la gloria a mi civilización ––le contó, haciendo una pausa para seguir con su alegato––. Pero, ¿sabes qué he aprendido? Que la venganza no sirve de nada y que nadie tiene el derecho de cortar tu libertad. Ven, coge mi mano, levántate ––dijo poniéndose en pie y acercándole su mano.
          Le cogió la mano y se impulsó con la ayuda del heredero. Se puso en pie y alguna estrella que dormía apagada en sus ojos se despertó.
          ––Venid… ––dijo en alto el heredero para que todos los presentes le escucharan––. Perst os espera.
          Desde ese momento todo cambio en Perst. La civilización vivió en paz eterna y nadie más volvió a tener miedo. En los libros de historia no se escribió nunca este acontecimiento porque el heredero prefirió guardar este secreto.



  • 2 comentarios:

    1. Siempre tus relatos ,tocan el alma y dan una enseñanza de la vida ,el tener rencor te lleva a la venganza y eso no es bueno porque daña tu corazón ,y guardar un malo secreto te hace esclavo de ti mismo ¡¡Me encanto el enlace !!

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      Respuestas
      1. ¡¡Muchas gracias a ti por tus comentarios, soñadora!!

        Como bien dices, vengarse no sirve para nada pues sólo nos destruye, incluso todo nuestros alrededor. Nunca hay que convertirse en aquel que no tiene corazón.

        ¡¡Un abrazo enorme y a soñar sin límites!!

        Feliz día :D

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