• El Esclavo de los Secretos, Parte II

         El ser alzó su mano y chasqueó sus dedos, apareciendo por arte de magia y atado en la cintura del joven una daga maldita.
         Trískan sabía muy bien cuál era su deber. Corrió por el mismo camino que le vio huir y llegó al castillo de la realeza. Las entradas principales estaban custodiadas por numerosos guardias, así como muchos de sus anteriores pasadizos por los cuales se colaba para llegar hasta la habitación de la princesa. Pero se conocía muy bien el castillo y en lado más sombrío –donde la luz de las estrellas no llegaba– las piedras con las que se ha construido el castillo, deterioradas por el paso del tiempo, han salido al exterior y es de gran ayuda para llegar a las habitaciones donde duermen los reyes. El joven empezó a escalarlas, siendo su mayor confidente la silenciosa oscuridad. Llegó hasta la ventana que daba paso a la habitación real y vio que la reina le daba la espalda, mientras el rey le hablaba sobre la huída de un prisionero.
         -¿Cómo te has atrevido a hacer una barbaridad así, Cárom? Qué culpa tenía esa pobre gente de lo que el desgraciado de su hijo hizo. Además, Deremía es toda una señotira, ya no es una niña. Si ella decidió que su primer amor fuese así, es su decisión, no de nadie más –dijo entristecida la reina.
         -No tienes ni idea la vergüenza que supone eso para mí. Si se entera todo Perst seremos el hazme reír de la sociedad, y morirán más personas porque no lo voy a consentir –le gritó su marido y le dio la espalda.
         Ella se acercó y le tocó el hombro, haciendo que él se volviese.
         -Tú no eras así, Cárom. El poder te llevará a tu desgracia, a nuestra desgra… -no pudo terminar la frase. De repente, su piel se empalizó, sus venas se engrandecieron y por su boca soltó sangre.
         -¡Cariño, qué te ocurre! –exclamó asustado el rey.
         La reina cayó al suelo y fue cuando supo su causa. El joven al que le había arrebatado todo le había apuñalado por la espalda.
         -Qué… -fue lo último que dijo el rey, en cuestión de segundos Trískan había hundido su daga en su pecho, haciéndole caer al suelo y viendo cómo ambos se convertían en corteza.
    Sabía que no tenía mucho tiempo y aún le quedaba un asunto pendiente. Subió las escaleras que daban a torre y llegó a la habitación de la princesa. Se puso frente a su puerta, cerró los ojos y por ellos soltó una lágrima. La abrió y entró. Ahí estaba, durmiendo plácidamente y soñando con un mundo donde reinaban sus deseos, rodeada por cientos de papeles mojados causante de alguna llantina. Se acercó a ella con los labios temblorosos. Se arrodilló siendo incapaz de no llorar por lo que iba a ser.
         -¿Trískan? ¿Estás vivo? –preguntó sonriente y emocionada.
         Él la miró sin poder dejar de sollozar.
         -Lo siento, Deremía. Perdóname… -le susurró. Acercó sus labios a los de ella y los besó por última vez. Luego empuñó su daga en su abdomen y se largó. No podía ver como se convertía en árbol maldito, sonó las alarmas del reino gracias a que un guardia encontró los cuerpos sin vida de los reyes. Trískan logró escapar y se dirigió al bosque para que el ser cumpliese su deseo.
         Mientras se adentraba en el corazón del bosque, su piel empezó a cambiar y su cuerpo a endurecerse. El joven se asustó y gritó desesperado al no saber qué le estaba ocurriendo. Cayó a la hierba muerto de dolor y fue cuando apareció él.
         -¡No has cumplido el trato! –le gritó.
         -¡He hecho lo que me has pedido! ¡Qué me está ocurriendo!
         -¡No! Eres un inútil… Has dejado con vida al que será el nuevo heredero de Perst –expuso cabreado-. Y ahora pagarás por tu error.
         Los ojos de Trískan se abrieron y se convirtieron en corteza, siendo su último pensamiento el hecho de no saber que la reina había traído al mundo un nuevo heredero.

         -Y así es como termina la historia. ¿Te ha gustado, Gondolf? –dijo un muchacho solitario, iluminado por la luz de una hoguera y con la única compañía de un caballo marrón, rendido por el cansancio o por la historia que le estaba contando su dueño-. Bah, a ti no se te puede contar nada –se defendió él ante el sueño profundo de su amigo que relinchaba de vez en cuando. Escuchó unos pasos a su espalda y sacó su espada. Se encaminó por uno de los caminos que tenía más cerca hasta llegar a un lugar lleno de enredaderas y árboles. Miró a su alrededor y la paz que había se desvaneció al zumbido de una pequeña carcajada.

    http://www.hechosdesuenos.com/2016/05/el-esclavo-de-los-secretos-desenlace.html



  • 2 comentarios:

    1. ¡¡QUE BUENA Y EMOCIONANTE HISTORIA !! Este relato tiene mucho misterio

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      Respuestas
      1. Espero que lo disfrutes mucho, soñadora :)

        Un abrazo enorme y a soñar sin límites.

        ¡¡Muchas gracias por tus palabras!! :D

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