• La Promesa de las Estrellas, Parte III

    Me quedé pensativo durante un largo instante, mirando la tumba de mi esposa...

    Creo que fueron horas las que pasé aferrado a mi asiento del avión, mirando sin consuelo el asiento que una vez ocupó, Estre. No podía dejar de llorar. Lo intentaba, pero no podía. Hasta las nubes podían escuchar mis gritos que se refugiaban en una pregunta incómoda.
    -¡¿Por qué?! –me cuestionaba sin cesar, mirando al cielo y sin obtener una respuesta salvo la suave caricia del aire húmedo. Toqué con cierto cariño el asiento donde una vez reposó su cuerpo. La imaginé viva. Creo que era el espejismo de un recuerdo. Me tocaba sonriente mis mofletes hasta que sus labios se acercaron a los míos.
    -Dame una razón para que lo intente, cariño –dije abatido-. Es tan difícil sin ti…
    Ella me miró acompañándose de una transparente sonrisa de esperanza. Dulce, fresca, soñadora, espiritual, dibujando ese sabor dulce que no desaparece ni siquiera en este estado de pérdida de lucidez. Entonces, fue cuando me respondió con las palabras que nunca olvidé.
    - Si estás vivo, vive con todas las ganas. Nunca desees morir porque a tu lado, por mucho que cueste entenderlo, te acompañan aquellos que no pudieron vivir la suya y desean que vivas por ellos. Son esos seres que iluminan nuestro mundo, los que nos da cobijo en la oscuridad. Las estrellas que he aprendido a amar. Y por ellas y por ti, debes hacerle esta promesa a las estrellas.
    Mientras su imagen se difuminada porque así lo había decidido el destino, fue cuando me despedí para siempre de ella.
    -Te lo prometo…
    Una nueva lágrima amarga cayó de la comisura de mis ojos por mi moflete. Caminó hasta alcanzar mi cuello y fue los pocos segundos que tardó en desvanecerse por completo la figura del amor de mi vida. Agaché la mirada apenado y fue cuando descubrí a qué se refería. En el barro que se había formado por la mezcla de agua y tierra esparcida por el llanto de la lluvia, algo sobresalía al exterior. Me arrastré hasta ahí, manchando mis pantalones y mis manos. Metí mis dedos en el barro ocioso y saqué de él el cuaderno donde iba a escribir su aventura, Estre. Lo abrí y sólo podía leer su título: La Promesa de las Estrellas. Lo demás había desparecido. Me lo guardé, me armé de valor y me puse en pie. Miré a varias direcciones y a pesar de no saber a dónde dirigirme, me decidí a meterme en la selva. Tenía claro una cosa… Iba a sobrevivir y el mundo conocería la valía de una heroica estrella. Una estrella a la que le prometí que lo conseguiría.

     
  • 0 comentarios:

    Publicar un comentario

    Con la tecnología de Blogger.