El Desastre




Rompamos este silencio,
dejemos atrás tanto desprecio,
no importa cuánto daño nos hayamos hecho,
aunque nos corrompa el pecho.

Nos miramos como salvajes,
sabemos que somos reales,
como tus labios sensuales,
que relevan mi peregrinaje.

Te acercas,
yo vuelo,
eres la dueña,
mi imaginación me apresa.

Recordé aquella noche,
la que ya conoces,
donde te perdí por mediocre,
por visitar otro escote.

Vuelvo y te miro,
mientras otro te hace reír,
mientras otro te hace sentir,
ese que no te va a mentir.

La soledad es una guerra,
igual que la cama de aquel hotel,
donde descubrí que no era un hombre,
sino un esclavo pobre.


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